Sentido «dramático» de la filosofía española: La vida es sueño en tres jornadas filosóficas

Por Juan David García Bacca

Jornada primera

        Filosofía en plan de Reina, Dueña y Señora (Basilio). Hombre, en condición de Esclavo  (Segismundo). La filosofía se pone en plan Reina, Dueña y Señora cuando adopta el modelo científico. Y Basilio degenera en Muy Señor mío, en Tirano, porque pretende guiarse en la educación del Hombre por Tales y por Euclides, por la filosofía natural y por la geometría. Rey significa Basilio en griego; veamos cómo desciende a la categoría de Tirano, que será ver cómo la filosofía se trueca en Reina, dueña y Señora de los destinos del Hombre.

Basilio.

Ya sabéis que yo en el mundo\

por mi ciencia he merecido

el sobrenombre de docto.

Ya sabéis que son las ciencias

que más curso y más estimo

MATEMÁTICAS sutiles

por quien al TIEMPO le quito

por quien a fama le rompo

la jurisdicción y oficio

de enseñar más cada día;

pues cuando en mis tablas miro 

presentes las novedades

de los venideros siglos

le gano al Tiempo las gracias

de contar con lo que yo he dicho. 

    

Las matemáticas, en cuanto ciencia, pudieran caracterizarse por ser un sistema deductivo formal, museo de moldes en que, vaciando cualesquiera objetos, propia y aun metafóricamente cuantitativos, salen todos configurados en forma de teorema que solo deja ver los rasgos de igual, mayor, menor, sumable, restable, multiplicable, divisible, potenciable, radicable, infinitesimable, diferenciable, integrable, coordinable o funcionable. En resumen: orden compatible con homogeneidad.

Y es Basilio:

   Sabio Tales…

Docto Euclides

   Que entre signos…

Que entre estrellas

   Hoy gobiernas…

Hoy resides…

      Y sus caminos…

Y sus huellas…     

      

       Describes…  

Tasas y mides.

        Describir, tasar y medir es el plan de toda ciencia matemática pura y aplicada.

Comienza Euclides su geometría dándonos en Definiciones la descripción exacta de los elementos geométricos –punto, línea, superficie– de las figuras típicas –línea recta, plano, circunferencia–; en Nociones Comunes, ciertos principios de sentido común intelectual; y en Postulados, lo que convenía pedir para el conjunto de Nociones y Definiciones formara sistema, un cuerpo cerrado de doctrina.

Empero para la Vida fuera inofensiva la geometría y la ciencia de estilo geométrico si el hombre de ciencia no se empeña “en ganarle al Tiempo las gracias”, en quitar al Tiempo su irremplazable oficio en la vida del hombre.

En los tiempos de Calderón hacía  ya tiempo de matemáticas en Europa. Hasta no muchos años atrás, la filosofía natural, no digamos la psicología, contaban con el tiempo real, con el tiempo fundado en la numeración del movimiento, un tiempo-reloj que decía en números lo que el Movimiento real le iba dictando en potencia y acto, en paso de potencia a acto, y lo traducía deprisa o despacio según la potencia real tuviera más o menos ganas y pujos de pasar al acto. Lo más que hizo la filosofía antigua, y la física en ella fundada, fue elegir un reloj natural que diese las horas sin prisas, con la regularidad real y viviente del curso del Dios Sol.

En aquella sazón no se había aún metido el Hombre a quitarle sus gracias al tiempo, que son las de dejar que él a su paso y medida descubra las cosas; todavía le era dable al Hombre aguardar el futuro con esa impaciencia sabrosa que trae consigo un futuro con  porvenir.

«La jurisdicción u oficio» del tiempo, que es «de enseñar más cada día», se mantenía incólume y respetada por la filosofía medieval y antigua: «a cada día le basta su malicia»,  advirtió, humano, el Evangelio por boca de Nuestro Señor Jesucristo. El mundo real, dejado así a su paso, se mostraba cual retablo de maravillas, cual exposición siempre renovada de novedades. Pero, no se sabe por qué disposición siempre de los Hados, le entraron a la vida occidental, no a la española, unas irrefrenables ganas de tener…

[…] presentes las novedades

De los venideros siglos;

y con ello, y una vez satisfecho ese antojo de crío nacido a otra vida del Renacimiento, se encontró el hombre con que el Mundo se había quedado sin alicientes, sin porvenir. ¿Para qué esperar a ver con los ojos de la carne lo que ya se ha previsto con los del espíritu, una vez calculada matemáticamente su aparición?

Mas quien no se consuela es porque no quiere; y el hombre, al notar que por el cálculo podía predecir el futuro, hacer natural y no milagroso el oficio de profeta, se sintió semidiós. Porque hasta aquellos días, la definición de eternidad que los teólogos reverentemente daban exigía tener una vista tota simul, mandamás física, se pudo predecir el futuro y calcular parecidamente cuándo pasaron las cosas que no se vieron pasar, sucedió que el hombre pudo tener de vez, en  presencia del espíritu matemático.

[…] cuando en mis tablas miro,

lo pasado y lo futuro en el presente.

Con la física matemática se dio a la ciencia un aspecto de eternidad, de victoria sobre el tiempo real. Y se lo di el Hombre, y el hombre se sintió Dios, o cuando menos diosecillo. Y le entró aquella soberbia que hacía decir a Basilio, y el hombre se sintió Dios, o cuando menos diosecillo. Y le entró aquella soberbia que hacía decir a Basilio,

[…] Ya sabéis que yo en el mundo

Por mi ciencia he merecido

El sobrenombre de docto.

Y se creía que todos aun los escultores,

[…] Me aclaman el gran Basilio.

Pero, ¿qué inconveniente hay en que el hombre se sienta Dios, y crea que es de alguna manera eterno, pues, por las matemáticas, hace dar al reloj del tiempo, que antes andaba a paso de ganso, todas las horas futuras en la hora presente. 

Es que, para decirlo con una frase, monopolio de la lengua castellana, «no hay ya materialmente tiempo para nada». El hombre no tiene ya materialmente tiempo para crecer, desarrollarse, madurar, envejecer; no hay materialmente tiempo para vivir.

De ese tiempo matemático con futuro y sin porvenir, con un pasado no irreparablemente pasado, saldrá el tiempo formal kantiano que, como él mismo dice, es «Un tiempo que no se pasa», verläuft sich nicht. Tal tiempo lo pone todo en conserva. ¿Qué sabor tuviera nuestra vida, sus  placeres y sus dolores, si desde el primer momento del uso de razón nos dieran en película toda la vida?

Cuando un español dice que no tiene materialmente tiempo para algo, es que tiene el tiempo lleno de realidad; y las realidades reales de verdad se excluyen unas a otras, precisamente porque cada una es lo que es. Precisamente porque uno tiene el momento presente materialmente lleno de realidad, por esto tienen que quedarse esperando otras realidades; y nos aguardan en porvenir, en un futuro que ellas rellenarán, que impregnarán y calarán hasta lo más hondo, tanto que al tiempo no le quede materialmente lugar para nada más.

El tiempo real, español, no es forma a priori, vacía, pantalla neutral, encerado escolar del que todo se puede borrar porque nada se escribe definitivamente y con ninguna fórmula compromete su realidad. El tiempo real, nuestro tiempo, nos compromete; el futuro es porvenir; lo pasado, irremediable; el presente, materialmente lleno, empreñado de realidad.

 

No tuvo Basilio materialmente tiempo para dejar que su hijo Segismundo madurase a la vida; estaba convencido por su matematicismo que el futuro era sólo futuro, que el futuro no era ni tenía porvenir alguno; y quitándole al tiempo su jurisdicción y oficio, adelantándose a los sucesos, creyendo a pie juntillas lo que sus tablas astronómicas decían,

 

Determiné de encerrar

La fiera que había nacido

Por ver si el sabio tenía

En las estrellas dominio.

 

Ya sabía Basilio que él, el Sabio, el gran Basilio, le había ganado las gracias al tiempo. No había por qué esperar. Y no esperó.

El galileano Basilio afim1a con Galileo que . . .

 

[ . .. ] en papel de diamante

En cuadernos de zafiro

Escribe con líneas de oro

En caracteres distintos

En cielo nuestros sucesos.

 

La naturaleza está escrita, decía Galileo, con caracteres matemáticos; ni el árbol es árbol, ni la estrella es estrella, ni la luz es luz, ni el peso es peso; todo ello, aunque visiblemente no lo parezca, son tan signos y símbolos, caracteres y figuras aritméticas y geométricas como las que sobre un encerado dibujamos. Esos caracteres distintos de que Basilio dice:

 

Esos leo tan veloz

Que con mi espíritu sigo

Sus rápidos movimientos

Por rumbos y por caminos,

 

son caracteres matemáticos, euclídeos, matemáticas sutiles, vencedoras pírricas del tiempo, porque el hombre que con ellas vence al tiempo se mata a sí mismo; no tiene ya materialmente tiempo para vivir. Y lo peor es que no deja tampoco materialmente tiempo para que otros vivan.

         El kantiano Basilio puede aplicarse aquello que él decía sin dirección personal:

 

Que a quien le daña el saber

Homicida es de sí mismo.

Y, ¿qué mayor daño puede sucederle al hombre matemático, al  filósofo maternatizado, que ni tenga ni deje tener materialmente tiempo para vivir? No se puede ni siquiera comenzar a filosofar genuinamente en español si no se da tiempo al tiempo, si se sostiene esa doctrina kantiana de que el tiempo es form a priori, pura, inmaterial.

Ya puede el Cielo agotar los prodigios para hacer que de un filósofo apriorista, de un sabio Tales y docto Euclides, nazca un hijo, un hombre; le sucederá lo que a Basilio el grande:

 

En Clorilene mi esposa

Tuve un infelice hijo

En cuyo parto los cielos

Se agotaron de prodigios.

 

Y se agotaron en vano, porque el padre no dio tiempo, no dejó que Segismundo llegase a nacer ni aun oficialmente:

 

Publicóse que el infante

Nació muerto...

 

Al tiempo formal, al calculable y previsible, con futuro y sin porvenir, encargó Basilio el euclídeo y galileano darle informes sobre la vida de Segismundo; y, ¿qué iba a decirle sino...

 

[ ... ] pronosticarles daños

En fatales vaticinios?

 

Porque, ¿qué respuesta puede dar la vida a quien le pregunta fuera de todo tiempo? Fatídico vaticinio es para una vida comunicarle que no va a tener materialmente tiempo para nada, que se le han quitado las gracias al tiempo, que están ya...

 

[ . .. ] presentes las novedades

De los venideros siglos?

 

En la filosofía medieval, y aun en la griega, las matemáticas no pasaban de ser . . .

 

[...] de sus márgenes comento

Y de sus hojas registro.                                                    

 

Glosa marginal y números numerantes de las hojas reales, que eran la potencia y el acto, el paso de potencia a acto o movimiento cual constitutivo de la Vida. En total: que lo matemático se reducía a viñetas del libro de la Vida.

Mas por estos mismos tiempos de Calderón circulaban por España unas doctrinas teológicas que también intentaban quitarle las gracias al tiempo.

Érase que era –y  comienzo así porque parece cuento– un teólogo sutil y atrevido que descubrió algo más nuevo y difícil de descubrir que un nuevo mundo físico. Descubrió que en Dios había una ciencia de la que ninguno de los anteriores teólogos ni Padres de la Iglesia hizo jamás mención. Y le dio un lindo nombre: ciencia media; ahora denominaríamos a este intento de Malina, así se llama el Señor, « experimento intelectual». Imaginó que entre la ciencia llamada por los teólogos clásicos de simple inteligencia y la de simple visión había en Dios otra que entre las dos caía y hacía como de término medio entre las dos como extremos.

Por la ciencia de simple inteligencia Dios conoce los posibles; entre ellos, a todos los hombres en particular en cuanto posibles, sus posibles acciones, las posibles circunstancias en que tendrán que vivir y obrar. Por la ciencia de visión Dios está viendo desde toda la eternidad lo que en cada punto del tiempo o duración finita se encuentre. Nos está viendo a nosotros, a los que en estos momentos somos reales; y este espectáculo no comenzó para Dios, como para nosotros, hace tantos años cuantos tengamos de edad, sino desde siempre. Nuestra presencia en el Tiempo tiene data y calendario; nuestra presencia en la Eternidad de Dios no tiene fecha. Por la ciencia de visión Dios conoce lo real.

        Pues bien: nadie creyó jamás que entre real y posible hubiese un término medio y, de consiguiente, ningún teólogo se preocupó de si Dios tendría una nueva manera de conocer lo que hubiese entre real y posible.

Pero Molina no inventó las cosas por solas ganas de sutilezas. Se lo pedía el problema de concordar la gracia divina, la infalibilidad y eficacia de la gracia, con la libertad del hombre. La omnipotencia de Dios, con la espontaneidad del hombre.

E imaginó que Dios colocó en su mente a cada uno de los hombres en todas las circunstancias posibles –externas e internas, por ejemplo, a san Pedro no sólo en aquella de infeliz memoria: « canto de gallo, a medianoche, al amor de la lumbre y en compañía de criados y criadas en Jerusalén...»–, sin otros ambientes y compañías favorables que evidentemente fue posible tuviera Pedro aquella noche memorable; y entre las circunstancias, como fundamental, por parte de Dios, se contaba la gracia, que evidentemente también es posible que Dios otorgue al hombre. Y Dios se daba el espectáculo, o los infinitos espectáculos, de anotar qué hacía el hombre en esas circunstancias, de las cuales una sola puede ser real, de entre las infinitas de infinitas que son posibles.

        A ese conjunto de acciones nuestras y de comportamientos nuestros que tuvieron lugar en circunstancias que sólo existieron en la mente divina, dada a esos jueguecitos con posibles, y que nunca serán reales, se denominó futuribles. Y en este grupo entran las cosas más inverosímiles. ¿Qué habría sido de mí si en tal día, tal hora y segundo, en vez de dirigir mis pasos por tal calle y comprar tal billete de lotería, hubiera pasado por tal otra en que se halla tal otro puesto de la Suerte y comprado tal número, el número que salió en el sorteo? ¿Qué hubiese sido mi vida con el premio gordo de tres millones de pesos? Y si nosotros podemos damos a imaginar qué estilo ele vida, de ideas políticas, de planes sociales y domésticos hubiésemos abrigado en esotras circunstancias posibles, que no han sido ni serán ya reales, ¿qué será ponerse Dios a pensar, «antes de que existamos», en qué hubiéramos hecho en tales y cuales circunstancias que no serán reales jamás?

¿Tiene sentido hablar de acciones y circunstancias, de cooperación de la gracia con acciones y circunstancias de un hombre que por hipótesis no existe? ¿Y qué sentido puede tener hablar de comportamientos humanos, con consecuencias nada menos que sobrenaturales para predestinación, salvación o condenación, que jamás serán reales? ¿Con qué derecho semejante suplantación de mi Yo real, el único real en realidad de verdad, por un Yo posible, por infinitos Yos posibles?

Pero, en fin, allá Malina con sus teorías; lo que en este momento interesa es notar que para Malina no hay en rigor futuro con porvenir, sino una especie de fi1turo deshumanizado, semimatemático, con nombre de futurible. Con el hombre y las infinitas circunstancias en que puede posiblemente hallarse, hace Dios una especie de cálculo de combinaciones; --de saber un poco más de matemáticas se espanta Molina del número sin número de combinaciones posibles para tales casos y cae en cuenta de que no bastan todos los números enteros y racionales para contarlas, y que es preciso introducir el transfinito más elevado de los que inventó Cantor, y ante las antinomias de la teoría de los conjuntos tal vez se hubiera convencido de que la ciencia media, si es un absurdo vital, no lo es menor en el orden matemático puro.

 

Dios se pone en plan del Docto Euclides.

 

De entre todas infinitas o transfinitas combinaciones para cada uno de nosotros, sólo una será real; y piensa el muy bendito que la realización de la posibilidad, en nada alterará la posibilidad; que si, vgr. san Pedro renegó de Cristo en las circunstancias que lo hizo realmente, este pecado pudo comete se y se cometió igual, con el mismo valor de injuria infinita a Dios y de deslealtad a Cristo real, cuando en la mente divina, con ideal experimento se cometió lo cual equivale a decir que entre real y posible no hay distinción , que la realidad en nada altera la posibilidad. Lo real consiste y se compendia simplemente en poner de cuerpo presente lo posible.

Dicho con términos de futuro y presente: lo que pasa en el futuro es lo mismo que lo que en el presente aparece. Ese desplazamiento de futuro a presente no afecta intrínsecamente al ser. Experimento hecho en futuro vale para el presente. En resumidas cuentas: no hay que dar tiempo al tiempo, porque el tiempo nada hace...

Molina es otro Basilio que le gana las gracias al tiempo; Y se las gana en la mente divina nada menos. Y así cuando el hombre real peque o se santifique, nada nuevo sucederá que ya no hubiera pasado desde toda la eternidad, en que Dios nos puso en todas las circunstancias posibles, habidas y por haber, nos dejó a nuestras anchas; allí hicimos y deshicimos sin restricción, porque hicimos lo que quisimos en todas las circunstancias imaginables -¡qué lástima que lo hicimos sin consciencia, sin darnos cuenta!; o ¿es que puede uno tener conciencia siendo nada más que posible? No tenemos, pues, derecho a quejarnos si Dios nos pone en el mundo real en una de aquellas circunstancias, y repetimos la lección aprendida y dada ya desde la eternidad. ¿Qué menos le puede quedar a Dios que elegir una de esas circunstancias y hacer que repitamos la lección Y el espectáculo que espontáneamente le dimos ya cuando éramos futuribles? Y digo repetir: porque si lo real cambiara lo posible,  de nada le sirvieran a Dios, y menos a Molina, todas las ciencias medias, el conocimiento de todos los futuribles. Por esto he dicho que toda la teoría de la ciencia media se asienta sobre un supuesto implícito, y gravísimo: que el futuro es simple futuro, sin porvenir; que el presente es repetición de lo futuro; que ser de presente y en presente no tiene porvenir.

Basilio es partidario de la ciencia media. Hace en su mente el experimento de colocar a su futuro hijo Segismundo en circunstancias posibles – ¿qué hará si llega a ser Rey de Polonia, con ese carácter que me predicen las estrellas interpretadas matemáticamente? –, y supone que en tales circunstancias posibles Segismundo, posible aún, se decidiría de tal o cual manera; da por firme lo que en posibilidad tuvo que hacer Segismundo y condena al Segismundo real a repetir la lección que él mismo dio en la mente paternal al padre Basilio: Docto Euclides. No de otra manera el matemático demuestra en su mente un teorema, y después lo da a la imprenta, seguro de que las letras de molde no van a alterar ni el valor ni el contenido de la demostración.

Basilio es Molina. Y Calderón de la Barca, con sentido teológico profundo, con sentido para el tiempo, da tiempo al tiempo; sostiene que el hombre posible no tiene materialmente tiempo ni para vivir en un futuro aséptico como es lo futurible; que en la ciencia de simple inteligencia, por la que Dios conoce lo posible, nada se decide ni puede decidirse de lo real; sólo por ciencia de visión puede Dios conocer lo real.

Y el hombre real se encargará en todo el Drama de enseñar a Basilio, el Molina y el Euclides, que a la realidad no se la suplanta con posibilidades; que el hombre tiene porvenir y que el porvenir es imprevisible en el simple futuro.

Y como toda ciencia de estilo matemático –sea propiamente y circunscritamente matemáticas, o ciencia construida según plan matemático– supone y tiene que suponer que lo real no altera lo posible, que circunferencia hecha rueda posee iguales propiedades que circunferencia pensada y presente in mente, que presente, pasado y futuro no son cosas que afecten a los teoremas y definiciones, el Basilio molinista y euclidiano que por ellos se guía se creerá con derecho a hacer experimentos ideales, en circunstancias forjadas en su mente, y según su resultado pretenderá imponer a la realidad lo que en ellos haya descubierto.

Y lo grave es que no dejará nada a la espontaneidad de lo real, pues está convencido que lo real no puede alterar la posibilidad, que lo presente en nada afecta al futuro.

Molina intentó con su teoría de la ciencia media, y el concurso simultáneo que de ella se sigue para las relaciones entre Dios y las acciones creadas, salvaguardar la libertad; pero el resultado fue el contrario exactamente. Ejemplo, bien al alcance de la mano: Basilio, haciendo en su mente un experimento ideal, calculando matemáticamente la conducta de su hijo, mejor las conductas posibles de Segismundo; y viendo que, colocado en ciertas circunstancias se seguía, como teorema matemático, que sería...

 

El hombre más atrevido

El príncipe más cruel

Y el monarca más impío

Por quien su reino vendría

A ser parcial y diviso, etc.;

 

        y reafirmándose en esta su previsión matemática dice, para justificar su resolución:

 

¿Quién no da crédito al daño

Y más al daño que ha visto

En su estudio...?

 

        Y la resolución es:

 

Determiné de encenñar

La fiera que había nacido.

 

        Que tal es el efecto de todo idealismo, apriorismo y matematicismo: encerrar y esclavizar al Hombre real.

De la ciencia media de Molina a la frase de Spinoza: Ordo et conexio idearum est ordo et connexio rerum , «que el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas» hay sólo un paso lógico; y todo el idealismo moderno, Kant inclusive, se creerá con derechos a fijar las condiciones de posibilidad de la experiencia por un examen a priori de las facultades interiores del hombre; y, con sospechosa coincidencia, convendrán todos en que el tiempo es forma pura, a priori; querrán ganarle las gracias al tiempo, y lo que conseguirá el Hombre real, el de carne y hueso, el viviente, será ser esclavo.

Y esclavo en una circunstancia que se le habrá creado de intento y según plan.

Basilio, con la mejor buena fe y deseos paternales, vio con una especie de ciencia media que Segismundo sería una calamidad para su propio padre si se lo ponía en la circunstancia: príncipe heredero; y el mismo cálculo a priori le indicó que en la circunstancia: «torre, entre peñas y riscos» donde viva «Mísero, pobre y cautivo» sería bueno, al menos negativamente, pues no haría los males que en la otra circunstancia cometiera. Y, benévolo y paternal, determinó ponerle en la circunstancia menos pecaminosa. Y, ¡qué racionalmente discreto plan de trato le impone!:

 

Éste (Clotaldo) le ha enseñado ciencias,

Éste en la ley le ha instruido

Católica, siendo sólo

De sus miserias testigo.

 

Ciencia y ley católica. Nada de Amor de Dios, de la libertad de los hijos de Dios. Y eso de ciencias ya sabemos cuáles son: ciencias de estilo matemático –Tales y Euclides.

        Empero el galileano, molinista y kantiano Basilio no las tiene todas consigo.

        Y sutiles remordimientos turban la paz de su conciencia científica:

 

Que si a mi sangre le quito

El derecho que le dieron

Hermano fuero y divino,

No es cristiana caridad;

Pues ninguna ley ha d icho

Que por preservar yo a otro

De tirano y atrevido

Pueda yo serlo.

 

        Remordimientos religiosos y morales. Pero se añade el científico:

 

 [...] cuánto yerro ha sido

Dar crédito fácilmente

A los sucesos previstos;

Pues aunque su inclinación

Le dicte sus principios

Quizá no le vencerán;

Porque el Hado más esquivo,

La inclinación más violenta,

El planeta más impío

Sólo el albedrío inclinan

No fuerzan el albedrío.

 

Que, en efecto, el albedrío es la piedra de toque y el escollo en que naufraga todo idealismo y apriorismo.

 

Pero un idealista no renuncia tan fácilmente a su plan de regular lo real por lo posible.

Por una coincidencia extraña, este drama entre Idealismo y Apriorismo por una parte y realidad del Hombre por otra, pasa en Polonia, relativamente cerca de Koenisberg, el Monterrey de Prusia, donde reinará esotro rey del idealismo y apriorismo que es Kant.

Y Basilio, como Kant, se prefija un plan (Entwurf) de experimentación (Erfahrung), no un programa de observación (Beobachtung). Que eso de colocarse ante la Naturaleza como simple observador, dice Kant en el prólogo de la Crítica de la Razón pura, es dejarse guiar, corno con riendas y ronzal, por la realidad; y la dignidad de la Razón exige acercarse a la Realidad con un cuestionario, como Juez calificado, para que ella en calidad de discípula responda a lo que interese al Hombre interior. La naturaleza no puede decirnos nada, fuera de las horas de visita y según el programa ele visita que se le haya prefijado.

Y con plan de experimentación se propone Basilio el kantiano acallar los escrúpulos religiosos, morales y científicos de su conciencia.

Y el plan es sencillo, claro y distinto, cartesiano:

 

Y así entre una y otra causa,

Previne un remedio tal

Que os suspenda los sentidos;

Yo he de poner mañana,

Sin que él sepa que es mi hijo

Y Rey vuestro, a Segismundo,

(Que aqueste su nombre ha siclo),

En mi dosel, en mi silla,

Y en fin, en el lugar mío.

 

Y en este plan de experimentación, en el que Segismundo no tendrá materialmente tiempo ni para reponerse del comprensible susto, en que no se dará tiempo al tiempo, ni un solo detalle, ele los previsibles racionalmente, escapan a la inteligencia kantiana de Basilio, el grande: el Tales y el Euclides. En la Jornada segunda se verá cuál fue el plan de ciencia media y apriorismo que guió el experimento de Basilio.

Que bajo el imperio de tal Razón absoluta, guiada por ciencia media, apriorismo y matematicismo, el Hombre real se sienta Esclavo, no será dificil conjeturado. Segismundo lo experimentó en sus carnes.

          «¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! », comienza diciendo su letanía de desdichas.

Y, como Segismundo no es ni Euclides ni Tales, ni Kant ni Molina ni Descartes, en su investigación de las causas se queda en el plano estrictamente humano y natural. Y desde él se le hace incomprensible su estado, pues en rigor no tiene más explicación que la innaturalidad de la     Razón y la violencia de la ciencia media erigida en Juez de lo real.

 

Pues el delito mayor

Del hombre es haber nacido.

 

¿Por qué el delito mayor del hombre es haber nacido? Claro está que, recordando la instrucción religiosa que en la Fe católica recibió Segismundo, pudiera sostenerse que el pecado original, raíz remota de todos los pecados y males, hace del nacimiento el delito mayor; no probaría tanto la razón de que, para la sociedad, todo hombre que nace viene a casa llena ya, perturba derechos adquiridos, intentará suplantar a los que actualmente disfrutan de los bienes y honores, y otras razones egoístas que la sociedad, y los que la componen, pudieran aducir. Pero el motivo fundamental por el que nacer es el mayor delito estriba en que quien en verdad nace plantea al apriorismo, en especial, a la pura razón, inmensos e insolubles problemas: ¿La realidad es algo más que la posibilidad, el individuo transforma la esencia, el porvenir del recién nacido vencerá sobre el futuro?

Segismundo no sabía, por entonces, que estuviese siendo víctima de un experimento kantiano; plan que, si no explicaba perfectamente el estado en que se veía, cuando menos amenguaba considerablemente la extrañeza. Lo sabrá en la lomada segunda. Y será de ver su reacción humana, bien humana, ante el desconcierto de la Razón de Basilio, el Tales y el Euclides.

Esclavo, sin saberlo aún, de un experimento de la Razón pura, no puede comprender cómo...

 

 [ ... ] teniendo yo más alma

Tengo menos libertad que las aves.

 

Por suerte para las aves en general no suelen nacer en palomares o anidaderos artificiales construidos según planes de una Razón técnica. Al menos así sucedía a las aves que ante los ojos de Segismundo desfilaban. Que para ellas valía la verdad:

 

Nace el ave, y con las galas

Que le dan belleza suma

Apenas es flor de pluma

O ramillete con alas

Cuando las etéreas aulas

Corta con velocidad

Negándose a la piedad

Del nido que deja en calma.

 

Bien al contrario hablara una de esas aves de nuestros días sometidas al plan a priori y kantiano de la avicultura. Pero nos basta con la tragedia humana de Segismundo para no armar otra con la de las aves. Quédese ésta para las sociedades protectoras de animales.

 

El nacimiento del bruto, tal como lo veía Segismundo, tampoco parecía plantear problemas de delito. Su salvaje libertad, atrevimiento y crueldad, desatadas y espontáneas, hacían rugir a Segismundo de rabia metafísica:

 

¿Y yo con mejor instinto,

Tengo menos libertad?

 

        La libertad de los peces que, apenas nacen,

 

[...] cuando a todas partes giran

midiendo la inmensidad

de tanta capacidad

como les da el centro frío,

 

        sacaba fuera de sí a Segismundo y exclamaba con tema de loco:

 

Y yo con más albedrío

¿Tengo menos libertad?

Comparárase con los peces en los acuarios y con los solícitamente cuidados según las normas de la piscicultura, otra invención de la Razón pura, y no lamentara solo y a solas su desdicha, el ser materia de experimento racional.

         Y, descendiendo a órdenes de nacimientos metafóricos, decía, con el corazón en pedazos:

 

Nace el arroyo, culebra

Que entre flores se desata.

Y apenas, sierpe de plata,

Entre las flores se quiebra

Cuando músico celebra

De las flores la piedad

Que le da la majestad

Del campo abierto a su huida.

 

No le dieran tanta envidia los ríos y arroyos actuales que, apenas nacidos, ya están los ingenieros calculando para otros más avaros señores cuánto será su caudal en verano y todo tiempo, por qué alturas se despeña, a fin de emplear su energía de caída en turbinas y demás máquinas infernales... Pero, en fin, los arroyos que a la vista de Segismundo pasaban tenían campo abierto a su huida, y le forzaban a exclamar:

 

Y teniendo yo más vida

¿Tengo menos libertad?

 

Y terminaba con aquella tremebunda cuestión que debiera hacer temblar de remordimiento a todos los que, de una manera u otra, se creen con derechos sobre un hombre:

 

¿Qué ley, justicia o razón

Negar a los hombres sabe

Privilegio tan suave

Excepción tan principal

Que Dios le ha dado a un cristal,

A un pez, a un bruto, y a un ave?

 

        La única persona que reacciona como Dios manda es Rosaura, que en acabando de oír semejantes lamentaciones, exclama:

 

Temor y piedad de mí

Sus razones han causado.

 

Segismundo ha acertado plenamente en la apreciación que debe hacerse a todo apriorismo, kantismo, cartesianismo, matematicismo y demás tipos ele tiranía racional, de educación según planes, en que el hombre real, el que nace, vive y muere, tenga que servir de campo de experimento: todo ello es un atentado contra la libertad.

Porque derechos reales a la libertad los tenemos por poseer alma, instinto, albedrío y vida, por ser el hombre ser superior a minerales, aves, peces y brutos.

E inversamente: cuando se priva al hombre de su libertad con esos terroríficos experimentos guiados por un plan de la Razón pura se lo degrada y aparea con animales y tierras.

Y todavía andan por el mundo que habitamos, y en todos los órdenes, Basilios que intentan, y desgraciadamente lo consiguen, crear acuarios, invernaderos, seminarios, escuelas, reformatorios, internados... en los que se somete impunemente, para bien del Reino, a experimentos guiados por la Razón, vestida y disfrazada de mil sutiles maneras, a los hombre, apenas nacen; y con una cobardía profunda, con un miedo que se les trasparece hasta por los códigos, inventan cual el Basilio de Calderón leyes, justicia, razones para saber, con grandísima ciencia, negar a los hombres la libertad,

 

[...] privilegio tan suave

excepción tan principal

que Dios le ha dado a un cristal,

a un pez, a un bruto y a un ave.

 

Y para que ninguno pueda contemplar y tratarse con los rebeldes gloriosos, con los hombres, que llegan a notar la violencia moral y aun física que se les hace con tales experimentos kantianos, aunque quien los hace haya a veces condenado el kantismo, ponen Clotaldos, enmascaraditos, y decreto del Rey...

 

[...] que manda que no ose nadie

Examinar el prodigio

Que entre estos peñascos yace.

 

         Y castigo para los atrevidos, el...

 

[...] de dos balas, cuyo fuego

será escándalo del aire.

 

         ¿Nada más del aire, Calderón bendito?

         No se puede filosofar en español sin que, si el español es bien nacido, termine gritando como Segismundo:

 

[ .. . ] Ah cielos,

Qué bien hacéis en quitarme

La libertad!, porque fuera

Contra vosotros gigante.

© Herederos de Juan David García Bacca, 2003

© Anthropos Editorial, 2003

Juan David García Bacca (Pamplona, 1901 - Quito, 1992) Filósofo español nacionalizado venezolano. Nacido en España, García Bacca fue el primero de los cuatro hijos del matrimonio formado por Juan Isidro García Barrancos, maestro de profesión, y Martina Bacca Benavides. Tras cursar estudios primarios y secundarios con los claretianos en Alagón (Zaragoza), entró en el Seminario Claretiano de Solsona, donde estudió filosofía y teología e ingresó en la orden. De 1928 a 1932 amplió estudios en Munich, Friburgo y París, orientándose hacia la física y la matemática. En este último año inició su larga carrera como docente universitario enseñando lógica formal en la Universidad de Barcelona (España). Con apenas poco más de treinta años, se convertía así en el primer español en enseñar esta disciplina con rango académico. En 1936, año del estallido de la contienda civil, ganó la cátedra de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela, siendo para esa fecha el catedrático más joven de España. Su abandono de España data de 1938. Huido primero a Francia, pasó a América del Sur y se instaló en Quito, en cuya universidad dio clases hasta 1942. Fue en la capital de Ecuador donde conoció a Fanny Palacios, con quien se casó tras ahorcar los hábitos. De esta unión nacieron tres hijos: Francisco, Anita y Cristina. De 1942 a 1946 fijó su residencia en Ciudad de México y dio clases en la Universidad Nacional Autónoma de México, invitado por el también filósofo exiliado español José Gaos. A finales de 1946 aceptó una invitación de la Universidad Central de Venezuela, y desde este año hasta comienzos de los ochenta vivió en Caracas. En 1952 adquirió la nacionalidad venezolana. A su llegada a Venezuela, la Universidad atravesaba un período de refundación de sus disciplinas y marco académico. En este proceso participó activamente, y la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras (hoy Facultad de Humanidades y Educación) le debe mucho. En una primera etapa, hasta 1962, ejerció en paralelo la docencia en el Instituto Pedagógico de Caracas. Fue decano de la Facultad de Humanidades y Educación (1959-1960), titular de la cátedra de Filosofía Antigua y fundador y director del Instituto de Filosofía. Obtuvo su retiro en 1971. Miembro del Colegio de México, la Sociedad Matemática Española, el Instituto Internacional de Filosofía de París y la Academia Platónica de Grecia, desarrolló como filósofo y pedagogo una obra inscrita en dos vertientes: la logística y la metafísica. En lo que respecta a la primera, la obra de García Bacca fue innovadora y original, ya que fue el primer filósofo de habla hispana en elevar a la dignidad de las grandes metodologías filosóficas criticismo, fenomenología, existencialismo, epistemología el marco teórico y conceptual de la lógica formal.En 1934 publicó Introducción a la logística, y casi simultáneamente el tratado Assaigs moderns per la fonamentació de les matemàtiques. García Bacca, que no abandonó nunca del todo el marco filosófico y conceptual en el que se había formado, la escolástica, hizo sin embargo el esfuerzo de interpretar las enseñanzas de Aristóteles. La segunda vertiente de su pensamiento, la más original y arriesgada, mezcla las tres raíces de su filosofía Platón, la ontología aristotélica y la lógica para dar un conjunto de obras que, desde Metafísica natural estabilizada y problemática metafísica espontánea (1963), se orienta hacia una filosofía de la "transformación" más que de la "interpretación". La nueva metafísica elaborada por este filósofo problematiza su propia condición y no se contenta con especular sobre el mundo, sino que integra el pensamiento técnico y científico, de la economía a la física cuántica y el principio de indeterminación, para trazar el posible mapa del sentido del hombre en un mundo mucho más complejo y tecnificado. García Bacca fue además un historiador de la filosofía, sensible a la dimensión literaria de esta disciplina, y simétricamente abordó asuntos de historia y crítica literaria desde un punto de vista filosófico. Por último, fue un traductor que renovó la lectura de los filósofos antiguos, de los presocráticos a Platón, de quien dejó una versión íntegra de las obras completas que constituye la primera traducción íntegra del corpus platónico lograda por un filósofo de lengua española, empresa ésta sólo comparable al esfuerzo de traducción de los diálogos realizado por el filósofo alemán Friedrich Schleiermacher a comienzos del siglo XIX.

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