POESÍA  

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Tiberio (fragmento)

Por Roberto Cambronero Gómez

33. Tiberio + pescador

 

SUETONIO

Pero su odio no era solo contra las mujeres. 

TIBERIO ve, se pasea como viendo el mar, se escuchan olas, va entrando el PESCADOR, trae un pescado enorme. TIBERIO no lo nota, se acerca como agradecido de ver a su emperador. Sale CRIADO y SUETONIO.  

PESCADOR

Recojo frutos de mar como las doncellas olivos con sus canastas— 

TIBERIO

(se sobresalta) Los trabajos del mundo son detestables y más aparecer cerca de un emperador—

PESCADOR 

Lo siento, lo vi todo en la orilla todo espuma melancólica—

TIBERIO

¿Consolarme?—

PESCADOR

No me atrevería señor, vea nada más este barbo pesado como un bebé de meses—

TIBERIO

Pesado como la rabia—

PESCADOR

Pero más fácil de descamar, emperador— 

TIBERIO

El otro día mi palanquín se estremeció: un centurión cohorte se enredó en cardos—

PESCADOR

Pobre hombre—

TIBERIO

Lo dejé medio muerto a golpes—

PESCADOR

No me asusta, no me suena diferente a cualquier militar— 

TIBERIO

Un poeta no alabó suficiente a Agamenón y lo decapité—

PESCADOR

Yo no sé de letras— 

TIBERIO

¿Sabe que por ley las vírgenes no pueden ser colgadas?—

PESCADOR

No sé de leyes tampoco, pero tengo tres hijas doncellas—

TIBERIO

Yo envío a los verdugos a que las violen y puedan hacer su trabajo—

PESCADOR 

Así baja la tasa de desempleo, si no tuvieran a quien colgar—

TIBERIO

A mis invitados les hago beber de más y luego no pueden orinar—

PESCADOR 

Mi emperador castiga a los viciosos—

TIBERIO

Un pretoriano se robó un pavorreal y lo mandé a ejecutar—

PESCADOR

Estas escamas de amarillo pálido no son nada a las plumas, sin embargo—

TIBERIO

Esas espinas me atragantan. ¿Es incapaz de odiarme por mi crueldad? Muy bien, entonces le hablaré de mis debilidades. Antes expulsé a los astrólogos, ahora no doy un paso sin consultarlos. Le tengo miedo a los truenos.—

PESCADOR

Son alaridos espantosos como si el cielo estuviera sufriendo—

TIBERIO

Escribí en secreto una lírica titulada Lamento por la muerte de Lucio César. Una vez dije la palabra griega monopolio en el senado y me abrumé, pedí de rodillas perdón por usar extranjerismos en ese recinto— 

PESCADOR

Me agrada que ponga a los griegos en su lugar, no les debemos nada—  

TIBERIO

¿Es incapaz de odiarme?—

PESCADOR

(cándido) Sí—

TIBERIO

Entonces mis esclavos le frotaran este pescado en el rostro—

PESCADOR

Solo puedo autofelicitarme, emperador Tiberio, de no haber traído la langosta que arrastraron mis artes—

TIBERIO

¿Una langosta?—

PESCADOR

Sí, roja como manzana y toda llena de agujas— 

TIBERIO

Hágala traer—

PESCADOR

(emocionado) Para contemplarla—

TIBERIO

No, para arañarle el rostro con ella— 

Entra el CENTURION, se lo lleva y el PESCADOR ni se resiste. 

34. Tiberio como abuelo 

TIBERIO

También, nadie lo ha mencionado, soy abuelo. Tuve por lo menos, (cuenta, haciendo memoria) por lo menos cuatro nietos. Cuatro espinas en la zarpa de este viejo león gris. (se ríe, como si fuera una pequeña picardía) Los declaré enemigos públicos. Uno se llamaba Nerón, y no, no es ese Nerón, es otro. Lo mandé a una isla. ¿Cuál era? ¿Cuántas islas tengo, por dios? Ah, la isla Poncia. Se colgó, (hace la mímica, divertido) de un arbusto. Supongo que era un arbusto alto o él era de poca estatura, un enano. No sé. Druso, que se llamaba como mi hijo, terminó sus días en un túnel debajo del palacio. Devorado por el minotauro del olvido. (agrio) En eso se parece un poco a su abuelo. Sí. El minotauro del olvido. (vuelve a divertiste) Dicen que se alimentaba de la lana de su camastro. (mímica de morder) ¡Ja! Como una cabra de corral. Después está Calígula, que sobrevivió. (sombrío) Calígula tuvo peor destino: se convirtió en Calígula. 

Se escucha un bullicio, las luces se bajan. Entra el CORO DE LAS MOIRAS, traen a LIVIA DRUSILA con su gallo en brazos. Está moribunda, pero camina. 

 

35. Tiberio obsequia a su madre y ella muere (año 29 d.C.)

TIBERIO

¡Ah! Se me olvidada mi madre. (hace como que ve su reloj) Sí, el es el 29 d.C. Justo cuando muere. Les voy a decir lo que escribió Suetonio al respecto. No necesito el legajo. Lo tengo grabado como inscripción de ceniza y hierro. Escribe: En los tres años aún que vivió Livia, luego de su marcha de Roma, solamente la vio una vez y durante algunas horas. Después no se dignó a ir a verla, ni aun cuando estuvo enferma, y después de su muerte se hizo esperar muchos días para los funerales, a los que había prometido ir, de suerte que el cuerpo estaba ya corrompido e infecto cuando lo colocaron en la pira. No quiso que se le decretaran los honores divinos (…) declaró nulo su testamento.

LIVIA DRUSILA

(moribunda) Mientras dormía como abrazada un peluche de plata,  Tiberio capturó un pavorreal del jardín babilónico. Vino a Roma solo con ese propósito. (TIBERIO ríe recordando su fechoría) Desperté con la criatura en mis brazos y supe que mi hijo había matado una sangre que era más Tiberio que Tiberio. (esto pone serio a TIBERIO)

CORO DE MOIRAS

(cortando el hilo)

Livia drusila, tristísima mujer, cerró los ojos, 

centenaria, augusta, diosa de los cereales y no los volvió a abrir. Había supervivido a la mayoría de sus familiares. 

TIBERIO

(amargo) Su estatua en el Louvre no tiene pupilas. Nada de nada. 

LIVIA DRUSILA, como haciendo caso a este hecho, sale tapándose los ojos, dejando al gallo en el suelo. TIBERIO lo quiere agarrar, pero el CORO DE MOIRAS, encabritado, se lo impide y se lo llevan. 

 

36. Tiberio + incensiario + flautista 

 

Una luz apacible, TIBERIO se sienta.

 Aves, proyección de mariposas, y entra el INCENSIARIO con un cirio y el FLAUTISTA, en procesión. Tocan una melodía mientras el incienso se extiende por el escenario. TIBERIO se muestra impaciente.  

TIBERIO

Templo como terraza. A los lados crecen parras dulces que los jilgueros picotean. Yo los envidio, porque toman lo que quieren sin remordimiento. Uno picotea al otro por la uva más suculenta y no hay lágrimas. (mira al FLAUTISTA, que se explayó, tocando en una especie de éxtasis) Un flautista bucólico, en horcajas sobre el arquitrabe, (canta) la re do. Igual que los vinos, en mayo son dolorosos, ay, monjes, (mira con tedio hacia donde debe estar ocurriendo el ritual religioso) un polo febo un torso de celofán, una minerva vieja como el jade. Rezan despacio como decapitados y cuando pasa el de los inciensos, la resina se me hace escalpelo, me abre profundo en lo interno. (lo mira con un deseo, una carencia) El ritual es para mi lo que una misa dominical para un obrero cansado. Se me hace un espectáculo de maniquíes. (lo señala) Ese flautista debe ser el hermano mayor del de los inciesos. (inquieto, se remueve) Acaba el sacrificio de sangre, de un cordero, (de repente cambia, luces rojizas, lascivo) ¡dos corderillos de pierna fuerte! Soy un hambriento y aquí tengo un combo de menú 2x1. Dos corderos de pierna fuerte en mi altar. (los persigue como un sátiro mitológico, desaparecen los tres del escenario pero regresa TIBERIO, satisfecho) Ya bebí su juventud. (gritos espantosos de los jóvenes, cuatro golpes) Les hice romper ambas piernas, como se rompe una campana en verbena. (las luces rojas se encienda aún más, TIBERIO se nota asustado, asustado de sí mismo) Las parras se enrojecieron: ¡epigeas furiosas! Hasta asemejarse a rosales nocturnos.  

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Roberto Cambronero Gómez nace en 1995 en San José, Costa Rica. Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de Costa Rica. Escribe una columna de opinión en la Revista Viceversa (Nueva York). Es autor de la obra de teatro El insólito rapto de Doña Inés (Editorial Universidad Nacional) con la cuál ganó el Certamen UNA Palabra 2015. Recibió el accésit en el premio Luis Ferrero Acosta 2021 en narrativa breve.