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Cataluña: Europa en una encrucijada

Por Pablo Gato

En mi opinión, es tan insensato proclamar la independencia catalana de España como ignorar que es necesario implementar ciertos cambios políticos en mi país para que las instituciones españolas reflejen mejor la España actual.

Hay muchas razones legales para estar en contra de la independencia catalana. Sin embargo, el motivo más poderoso para oponerse es que no representa la realidad social de Cataluña. Sería algo antinatural y una situación que, en otras partes del mundo, podría desembocar incluso en un conflicto civil.

Sólo hace falta ver la tensión social que se ha provocado con esa declaración simbólica e inefectiva de independencia para poder deducir qué ocurriría si hubiera una posibilidad real de separación de España.

Jamás se tendría que haber llegado a este punto. Los líderes de ambos bandos tendrían que haber encontrado formas para evitar lo que sucedió. No estuvieron a la altura. Dicho esto, cuando los independentistas decidieron actuar de forma unilateral, el gobierno no tuvo más remedio que defender la constitución.

La constitución, como todas, puede y debe ser mejorada. Sin embargo, ha sido y es el marco principal que ha permitido a España pasar de una dictadura a una democracia sin derramamiento de sangre y llegar a unos niveles de prosperidad y libertad como jamás ha experimentado mi país.

Violar esa constitución no es sólo vulnerar los derechos del resto de los habitantes del estado español, sino tirar por la ventana todos esos logros históricos alcanzados con tanto sacrificio y tesón.

Los secesionistas que se quejaban de supuesta falta de libertad paradójicamente, trataron de imponer su opinión de forma anti democrática sobre el resto de la nación. Como era de esperar, tanto Europa como el resto del mundo dieron la espalda a la aventura secesionista.

Yo me crié en Barcelona y pienso que Cataluña es una nación. Tiene todos los elementos que definen a una nación: lenguaje, historia, instituciones y una cultura única que se refleja en muchos campos, desde la literatura hasta la arquitectura pasando por la música o el deporte. No obstante, el factor más importante es sentirse una nación y querer serlo. Ese es el caso de Cataluña.

Sin embargo, esa nación sólo se entiende dentro del conjunto de pueblos y naciones que es España. España sin Cataluña no es España y Cataluña sin España no es Cataluña. La independencia no sólo haría añicos los conceptos más elementales de la democracia, sino que destruiría Cataluña y podría herir de muerte a España y a Europa.

La democracia es el sistema político más difícil que existe. Es lento, frustrante e imperfecto, pero aún no se ha inventado una alternativa mejor. En una democracia, es el pueblo el que decide. España es una democracia desde 1978 y todo se puede conseguir si se consigue el suficiente apoyo.

Hace mucho tiempo que los independentistas catalanes tienen representación política incluso en el parlamento nacional de Madrid. La democracia española garantiza a una persona que pueda ser independentista si así lo desea y que defienda sus ideas al más alto nivel. Lo que no permite es violar la constitución democrática del país.

Cataluña debe ser respectada y escuchada, así como Cataluña debe respetar al resto de España y escucharla. Es la hora de que los políticos actúen como estadistas.

España ha dado muchas lecciones de democracia. Primero, pasando de una dictadura a una democracia pacíficamente. Segundo, neutralizando un intento de golpe de Estado militar en 1981. Tercero, logrando que desaparezca un grupo terrorista, ETA. Y ahora, en cuarto lugar, demostrando que, a pesar de circunstancias tan difíciles, ha triunfado la democracia y la ley. Una ley representada en la constitución, que fue votada por la inmensa mayoría de españoles y catalanes.

El siguiente paso es que impere la responsabilidad. Ser generosos, tener liderazgo y solucionar con sentido común y justicia los problemas de fondo que han generado esta situación. Ya es hora de dejar de lado este laberinto sin fin para centrarse en las muchas necesidades del pueblo catalán y español en general.

Cataluña y España tienen un potencial ilimitado y es necesario dejar atrás esta crisis para que, especialmente las nuevas generaciones, puedan alcanzar sus sueños. De lo contrario, sus hijos estarán condenados a encarar exactamente la misma situación en veinte o treinta años.

España es un microcosmos de Europa. Los nacionalismos como el catalán están presentes en todos los países de la Unión Europea. Es esencial que España demuestre que este desafío puede ser superado con éxito porque, de lo contrario, toda Europa podría contagiarse del mismo resfriado y eso podría no sólo empantanar el proceso de unión en Europa sino incluso destruirlo.

El futuro de Europa se juega ahora en Cataluña y España y estoy seguro que mi país volverá a demostrar al mundo que superará con éxito este examen de democracia. Por Cataluña, por España y por Europa.

​¿Qué tiene que ver la crisis catalana con la Europa que se encuentra en una encrucijada?  Todo.

Las recientes elecciones catalanas han dejado de nuevo empantanada políticamente a Cataluña. El triunfo histórico de Inés Arrimadas no ha sido suficiente para cambiar la dinámica de las últimas décadas en Cataluña.

Arrimadas representa a un partido constitucionalista llamado Ciudadanos. Es decir, partidario de que se respete la constitución española y, por lo tanto, contrario a la independencia catalana. Sin embargo, al ser un régimen parlamentario, el bloque de partidos independentistas suma más escaños en el parlamento catalán.

Pablo Gato, (Sao Paulo, Brasil, 1961) periodista, empresario y escritor. Ha trabajado para Univisión, Telemundo, CNN y CBS-Telenoticias. Su empresa, Gato Communications, imparte seminarios de comunicación efectiva a profesionales, empresas, gobiernos e instituciones. Ha publicado dos novelas El plan Hatuey, (2004) con la editorial Verbigracia y Unidad 120050 (2014). Objetivo: independencia con la editorial Gregal.