Hay que aceptar que perdimos
 
Por Manuel Sandoval Cruz

555-DOM-GALERÍA1.jpg

‹‹Pero escabrosa no ha sido mi pluma, 

sino la conducta de sus protagonistas››. 


Sergio Ramírez, Castigo Divino.

‹‹Si me preguntan –escribe Ramírez Mercado (1942) en ‘Algo nuevo va nacer’- de cuándo se arruinó el proyecto de nación en Nicaragua, yo diría que desde el principio mismo de la república››. En este artículo histórico y a ratos con pinceles literarios, una simbiosis inherente que ha fortalecido por su participación en la política y su profunda entrega a la literatura, el doctor Ramirez Mercado hace un recorrido desde la fundación de la república hasta la situación actual de Nicaragua. Una síntesis del autoritarismo, del caudillismo, de asonadas y revoluciones, de dictaduras y breves estadios de paz. 

 

Nicaragua enfrenta hoy una nueva dictadura en la figura de Daniel Ortega, a quien Sergio Ramírez describe como ‹‹el que poseía menos condiciones de caudillo››. Pero, ¿a qué se debe que una persona del nivel de Sergio Ramírez se haya equivocado con la imagen de Daniel Ortega? El escritor da la respuesta en el siguiente párrafo de su artículo: ‹‹Sus grandes lentes de marco grueso, los bigotes de guías largas, la barba siempre incipiente que nunca cuajaba…, a pesar del uniforme verde olivo, el aire de un muchacho hosco, de sonrisa difícil, sometido por la timidez…››. De modo que, inocente o creyente de lo que hemos llamado presunción de inocencia en el Derecho Penal, cualquiera de los que pensaban que Daniel Ortega simbolizaba un punto de equilibrio entre las tendencias del FSLN, terminó siendo el quiebre de un partido que no nació para ‹‹asumir su papel de partido de oposición dentro del sistema democrático porque no había sido diseñado para eso››. (Ramírez Mercado, 2018 ). 

 

Es, precisamente, que bajo esa tesis es que exponemos el hecho de que ‹‹Hay que aceptar que perdimos››. Una frase de la ‹‹la noche de las elecciones [1990] ››, cuando comenzaron a llegar los primeros resultados de las mismas que despojaron del poder al FSLN, después de asumirlo en 1979 por ‹‹unos muchachos inexpertos que improvisaban la organización del nuevo estado››. Esto último que escribe el ex vicepresidente Ramirez Mercado merece una comparación justa cuando la escritora Gioconda Belli refirió que los ataques a La Prensa durante la Revolución Popular Sandinista (1979-1990) eran porque sabían poco de la democracia. El FSLN no era el partido de las élites intelectuales, era más de analfabetos, guerrilleros, gente de los barrios, de las montañas, periferia; era la Nicaragua real que las clases allegadas al Somocismo desconocían. 

 

La vivencia de una nueva dictadura al mando de Daniel Ortega Saavedra, quien ‹‹no tenía dotes oratorios›› y que ‹‹aburría a la gente en las plazas con sus largas tiradas históricas››, junto a Rosario Murillo que se ha dedicado, entre otras cosas, a sembrar ‹‹las estructuras metálicas de los árboles de la vida… formando un bosque inmenso y extraño, los arabescos de sus follajes amarillo huevo, azul cobalto, rojo fucsia, verde esmeralda, violeta genciana, rosa mexicano y rosa persa››. (Ramírez Mercado, Ya nadie llora por mí , 2018). Ambos, Daniel quién regresó al poder por la vía electoral en 2006 y en la sucesivas elecciones designado por el Poder Electoral que controla, y Rosario Murillo designada vicepresidente por una sentencia de la Corte Suprema de Justicia para el cargo que hoy ostenta, han teñido un país con la sangre de inocentes que ejercían sus legítimos derechos y libertades. 

 

El escenario electoral hecho a la medida de Ortega podría responderse en las siguientes interrogantes de los ‹‹Cuatro indicadores clave de comportamiento autoritario›› que Steven Levitsy y Daniel Ziblatt plantean en su obra Cómo mueren las democracias (2018): 

 

1. Rechazo (o débil aceptación de las reglas democráticas del juego): 

 

A la pregunta ¿Rechazan la Constitución o expresan su voluntad de no acatarla?, se posee demasiada evidencia de parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

 

En primer lugar vale la pena rescatar el hecho de que el Decreto 03-2010 es sintomático de la primera tesis, en tanto en dicho decreto Ortega prorrogó periodos a funcionarios públicos, no estando facultado para ello por la Constitución, por lo que a juicio del abogado Juan Barberena Gutiérrez y mi persona, este hecho trae como consecuencia la ruptura del Orden Constitucional en Nicaragua. 

 

En ese mismo año (2010) una sentencia  de la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el artículo 147 de la Constitución, permitiendo a Ortega la relección vista para muchos populistas como un ‹‹derecho››. Para extinguir el Estado de Derecho, la Asamblea Nacional realizó reformas a la Constitución en 2014 para ‹‹legalizar›› lo ilegal y constitucionalizó el régimen de Daniel Ortega.  

 

A ello, podemos sumarle que durante las protestas de 2018 el aparato represor del Estado violentó toda serie de derechos y libertades tutelados en el Título IV de la Constitución Política de Nicaragua, cuyas violaciones sistemáticas fueron tipificadas de acuerdo al Derecho Internacional como crímenes de lesa humanidad. 

 

2. Negación de la legitimidad de los adversarios políticos. 

 

Lo más evidente de esta segunda tesis cuando Ortega ordenó la destitución ilegal de dieciséis diputados propietarios y doce suplentes en el año 2011, pertenecientes al partido Liberal Independiente. Pero ello no ha sido lo único que precede a la negación del adversario. En 2008 despojaron de la personería jurídica al Movimiento Renovador Sandinista (hoy Unión Democrática Renovadora, Unamos), también las dos ocasiones: 2008 y 2016 en que anularon el partido ALN y PLI de Eduardo Montealegre. 

 

A juicio del periodista Carlos Fernando Chamorro estos comportamientos de Ortega en donde ‹‹anulados los derechos políticos democráticos y sin oposición, no existe ningún vestigio de pluralismo como manda la Constitución››. Ya anteriormente habíamos citado ejemplos concretos de la nula importancia a la Constitución que demuestra Ortega-Murillo.

 

Tales prácticas no son caso perdido. Recientemente, este año, la cancelación de la personería jurídica al Partido Restauración Democrática (PRD) y al Partido Conservador (PC), la inhibición de facto a las aspiraciones presidenciales de Cristiana Chamorro y la medida cautelar de 90 días de prisión al también aspirante presidencial Arturo Cruz, son la más clara evidencia de la negación de la legitimidad de los adversarios políticos, reflejo del montaje estatal de un evidente fraude electoral en las próximas elecciones de este año. 

 

3. Tolerancia o fomento de la violencia. 

 

Esta tercera tesis que los autores plantean tiene una serie de preguntas:

 

3.1 ¿Tienen lazos con bandas armadas, con fuerzas paramilitares? 

Sergio Ramirez dirá que ‹‹la Nicaragua de paramilitares encapuchados y jóvenes asesinados por francotiradores o secuestrados de sus casas, nunca la hubiéramos imaginado cuando luchábamos por la utopía de la revolución hace cuarenta años››. Así, también, lo reflejan los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a través de los testimonios y pruebas que las víctimas han ofrecido. 

 

A esta pregunta cabe cuestionar el papel del Ejército de Nicaragua en su deber constitucional de no permitir terceros armados, quienes actuando de hecho y con permisividad del Estado cometieron toda clase de crímenes en la denominada Operación Limpieza que ejecutaron contra la población civil desarmada con apoyo de la Policía y con armas de alto nivel asociadas al inventario de las fuerzas armadas. 

 

Las denominadas caravanas de la muerte con paramilitares encapuchados que portaban la bandera del FSLN fue la máxima expresión del terrorismo estatal que desmontó una protesta altamente cívica donde ‹‹los desarmados han puesto la abrumadora mayoría de los muertos››. 

 

4. Predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación. 

 

El 13 de diciembre de 2019, Guillermo Rothschuh Villanueva planteaba en su artículo ‹‹La censura y el derecho a saber›› planteó que el silenciamiento de los medios era la modalidad más severa para censurar y vetar el derecho de la ciudadanía a saber. Una tesis ampliamente estudiada y explicada por su autor en artículos de opinión y obra escrita. Idea fundamentada en el hecho de que el Estado de Nicaragua se lanzó con la confiscación de medios de comunicación como 100% Noticias, Esta Semana, Confidencial, Esta Noche en un asalto a la prensa independiente cuyas referencias Rothschuh Villanueva las equipara a las censuras a la prensa del general Anastasio Somoza García, y en los sucesivos sus hijos  con el fin de –según el autor citado- ‹‹domesticar al periodismo nicaragüense››. 

 

Pero la toma manu militari de facto del orteguismo no es lo único que ha atentado contra los medios de comunicación, cabe citar  para fundamentar esta tesis: el asesinato del periodista Ángel Gahona, la detención arbitraria de periodistas como Lucía Pineda y Miguel Mora, las amenazas de muerte, robos, intimidaciones, agresión física y verbal a los periodistas que valientemente documentan las violaciones sistemáticas a los derechos humanos que ejecuta la dictadura, así como la citatoria a Fabio Gadea, María Lili Delgado, Álvaro Navarro y una lista extensa de periodistas que han puesto la dignidad de su trabajo ante el interrogatorio de la Fiscalía, sin ninguna prueba objetiva de vinculación a un presunto delito inexistente en la figura de Cristiana Chamorro y de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro. 

 

Esta praxis liberticida acompaña a la negación de los derechos de asociación y reunión pacífica, a no permitir ningún acto de protesta y las futuras inhibiciones de precandidatos presidenciales o de cualquier ciudadano nicaragüense  que pretenda aspiran a un cargo de elección popular, pues el aparato de inhabilitaciones (el Poder Judicial) está listo para prefabricar procesos, pruebas y testigos al margen de la legalidad del debido proceso con el fin de eliminar toda competencia al orteguismo y aumentar el número de presos políticos en el país. 

 

Frente a la poca voluntad que muestra Daniel Ortega y Rosario Murillo y la falta de unidad en la oposición nicaragüense, el pueblo continuará sufriendo el acoso, el exilio, la cárcel, el asesinato selectivo, la pobreza y la salida sin fin de un sistema que niega la posibilidad de un cambio real en el que sea posible que los procesos de justicia, verdad, memoria y no repetición garanticen la refundación –o fundación- de la que puede ser República de Nicaragua. 

 

En ese sentido, la ausencia de contundencia del multilateralismo (OEA, ONU, UE) y la poca presión interna de la autodenominada oposición del país hacen que cuestionemos las próximas elecciones cuando no existe una mínima oportunidad para participar conforme lo demanda la Constitución, la Ley Electoral y los estándares internacionales. Por ello es plausible destacar que la anticipada ilegitimidad de la que se refirió al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) debe ser el punto de partida para responder la pregunta que hoy la oposición debe formularse: ¿Qué hacer? 

 

Si bien la obra de Levitsky y Ziblatt plantea que ‹‹hay que defender la Constitución, y esa defensa no solo deben realizarla los partidos políticos y la ciudadanía organizada, sino que también debe hacerse mediante normas democráticas››. (Levitsky & Ziblatt, 2018 ), lo cierto que la tarea titánica por Nicaragua es un camino que aún no ha iniciado, pues desmontar un sistema de siglos, un sistema de caudillos, de dictaduras y dinastías exigirá la mayor madurez política de los actores activos y pasivos del proceso. Sin embargo, dicho proyecto de nación en una sociedad como la nuestra, no solo exige de una alianza que fortalezca la democracia y sus instituciones, depende a ‹‹aprender a cooperar al margen de la polarización subyacente››. 

 

Independiente de los resultados del próximo 7 de noviembre, la dictadura o la oposición deberán rememorar aquella conversación que Daniel Ortega y Sergio Ramírez sostuvieron: 

 

-Vamos a perder el poder –me dijo-; ya lo estamos perdiendo y no nos damos cuenta. 

 

Era como si por primera vez pudiera recapacitar sobre las consecuencias de la derrota electoral. Pero creo que aquel solo fue un momento de duda, dentro de su determinación obsesiva por conservar un poder que en el fondo, y de acuerdo con un antiguo esquema, no consideraba en verdad perdido. (Ramírez Mercado, Adiós Muchachos , 2018 ). 

 

Finalmente, no queda más que pensar en la urgente necesidad de acciones que como pueblo opositor podamos realizar, sin exponer la vida ni la libertad, pero es necesario que la articulación del pueblo se dé independiente de las brechas de los liderazgos de la clase política tradicional y aliada de la dictadura. Es un deber moral que el espíritu de abril del 2018 continúe intacto y genuino, ello pasa por hacer vida los versos de Ernesto Cardenal que dicen: 

 

Cuando has ganado la votación, y el grupo te felicita,

pensá en los que murieron. […]

Vos lo representás a ellos. 

Ellos delegaron en vos, 

los que murieron. 

 

(Pérez López, 2019). 

Manuel-Sandoval-Cruz.png

Manuel Sandoval Cruz (Nicaragua, 1995). Articulista y reseñista. Sus artículos de opinión han sido publicados en La Prensa, Confidencial, Revista Abril, Revista Cultura Libre (Nicaragua), El Pulso (Honduras), La Nación (Costa Rica), Ágrafos (Estados Unidos), Havana Times en español (Cuba) y República Económica (Argentina). Sus reseñas literarias han sido publicadas en Revista Temas Nicaragüenses, Revista Abril, Casasola editores y La Zebra (El Salvador) sobre las obras: Rubén Darío: una Modernidad confrontada; Un Mundo Maravilloso, Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia y el poemario La suma de los daños. Ha sido expositor en foros políticos, académicos, literarios y con enfoque en derechos humanos en Nicaragua, Costa Rica, Panamá, y ha colaborado en entrevistas con miembros de organizaciones liberales y conservadoras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, España y Perú.