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ARS poética

Por Joaquín Prada

ARS POÉTICA

 

Franja de niebla para encontrar las palabras.

Detrás de la espina: la ternura de la sangre.

Inútil el cadáver sin sus larvas,
sin el blanco ritual que celebra la rosa.

Al pronunciar la rosa
todo su aroma desaparece,
al preguntar por el color del silencio
todos los ruidos encuentran una lengua para morder.

Yo no quiero deletrear la cruz
para que sientan los clavos;

si digo la manzana
espero que se vean mordiendo a la serpiente.

 

 

 

 

LA CAÍDA

 

A partir de la pieza ''Historias Cotidianas''

del salvadoreño Victor Hugo Rivas

 

Cuerpo sobre el cuerpo:

muerte de la mariposa y nacimiento de la oruga.

 

No es la carne

cosa distinta a la condena del espíritu

cuando reydama completo es la crucifixión de los años

y el pecado

rostro imposible de ignorar frente a todos los rostros.

 

Tengo entre las manos

cuanta sequía decidió heredarme el vacío:

aquel reloj congelado en el mismo ángulo del invierno,

las edades que se instalaron en mis huesos

para recordarme el absurdo crucigrama que transita entre los nervios.

 

Siento

la ligera contemplación de los hijos que no tendré,

la herencia capturada en pequeños basureros,

la sonrisa que avanza entre la desnudez de mis venas,

el odio gestado desde la mirada que nos acecha

bajo cada máscara que nos hemos inventado.

 

Este cuerpo es la lluvia que ha de caer en la hierba,

sobre aquella lágrima diminuta en la piel del cementerio.

 

Y el resto de mis músculos:

aquellos ojos ciegos que observan

el tibio cadáver que hierve en el llanto de esta página.

 

Nunca seré distinto

al frío beso de quien me ama,

a la caída perpetua de lo que se mantiene inmóvil,

al inútil astrolabio que observa a través de mi cuerpo:

la masturbación de las horas

bajo aquella simulación de la ternura.

 

 

 

MISIVA NECESARIA PARA UN LECTOR INCONFORME

 

 

Simio primitivo entre neones:
oxidado espíritu de las rosas.

 

Nada de lo que digo es sólo imagen
y nadie debería razonar el dolor.

 

Es instinto lo que nos lleva 
hacia el cristalino rostro de la verdad.

 

Yo no espero que al morder la llama 
entiendas de dónde es que viene el fuego.

 

Yo no quiero que al escuchar la tierra
preguntes quiénes son los muertos.

 

Simio primitivo entre neones:
obvio lector del texto obvio.

 

Si te escribo la corona de espinas
es para que me llores  contemplando tu costado.

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA

 

Abrazar la idea que tenemos de la sombra 
es rendir culto al fracaso.
Gabriela Santander

 

Todo amor reconoce la mentira.
Luisa Gullar

 

 

Rueda la colmena a través de mi cuerpo. El amor es lo que existe más allá de cualquier aguijón. De cara a la tierra: desconozco los misterios de la miel. Mi voz no pertenece al predecible canto de sudores y tampoco mastica ventanas recubiertas por la nieve, por eso, ha comprendido que el odio es inútil para alimentar la memoria.

Acariciar los fantasmas es levantar una celda contra los ríos, inútil todo, es marcar un calendario con los abrazos que vinieron de otros puertos. La imagen que beso: es la imagen que me ha besado. De nada sirve reinventar el tamaño del antiguo puño: la boca que viene ama por adelantado la deformidad de la quijada.

 

 

 

  

BREVE HISTORIA DE LAS MANZANAS

 

1

No me ames pelícano
yo no merezco tu costado,
y no mereces nunca mi vinagre
ni mucho menos el terror que tengo hacia la vida.

No quiero clavar mi amor en lo intangible
y tampoco necesitar coronas de espinas para no sentirme solo.

No necesito de tus clavos para reconocerme en la tristeza,
ni lamer lágrimas prehistóricas para aprender el sabor
que le inventaron a la muerte.

 

2

La manzana que tengo entre las manos me pertenece,
son mías las escamas,
míos los dientes en el cuero rojo del árbol,
mío este lamento reptil por todos los ombligos que ya me desconocen,
mío el tacto enfermo,
la manera de romper carne ajena.

«La verdadera enfermedad es la quietud»
dijo alguien y yo le creo
«el aliento siempre tímido que no alcanza el grito».

El único grito importante que hice nacer fue en un quirófano
y ya no quiero recordarlo. Yo sólo recuerdo mis manzanas,
yo recuerdo la primera mentira que escribí con mis ojos,
la primera moneda que desaparecí entre juguetes,
el primer beso que repartí a quienes engañé
sobre mi primer beso.

No estoy acostumbrado al olvido.

Soy un hombre de una sóla máscara recubierta por espejos
y veo a través de ella:
la mano de Caín sobre la sangre de Abel
la mirada de los corderos sobre la roja deformación de los cuerpos,
sobre la piedra, sobre el oscuro cuchillo,
sobre el rito permanente del plomo,
sobre la ofrenda que rechazaste, amargo pelícano,
para fundar un imperio que negarías tantas veces.

La manzana que tengo en el rostro me pertenece
y soy un cuerpo rígido de espaldas al mar,
un pañuelo capaz de provocar el llanto,
un árbol cuya miseria fundaron viejos gusanos,

pero mías son las ramas, mío el perdón,
mío enteramente el ahogo entre tanta sabia.

No quiero viejo pelícano que cargues con mi cruz,
que engordes tristemente con mi rabia;

si algo hay de filo en mi navaja
es porque siempre he buscado enfrentarme con las piedras

Joaquín Prada: (Santiago de Chile, 1983). Antropólogo, poeta, editor y artista plástico. Miembro de La Hora del Diablo Ediciones. Organizador de la Feria del Libro de Talca. Autor de City Spoon (Babel Ediciones, México 2009), así mismo del libro Poema para leer a las afueras de una casa vacía (Valparaíso Ediciones, España 2017) y de la antología latinoamericana de poesía contemporánea Una lengua para todas las lenguas (Amargord Ediciones, México 2018), en 2019 obtiene el Premio internacional de poesía Antonio Gamoneda, en su primera edición con el poemario La piel del escorpión.