Retrato de quien espera un pájaro


Antología personal 

Por Gustavo Campos

Habitaciones sordas (2005)

 

Para el amor no hay

 

Para ti no hay asilo, estás demasiado muerto.

E. Montale

 

Para el amor no hay mar, está demasiado muerto.

Para él no hay niebla.

Corazón y pasos. Orillas en la noche.

Labios y huellas.

Para él no hay cementerio ni epitafio.

 

Siempre jugó a las metáforas.

Confesó poemas,

se abrigó de sombra.

Despertó azar, desesperó azar.

Para el amor no hay pájaros.

 

Para el amor no hay una lluvia con atardecer;

cenizas, viento,

cielo, tampoco tierra,

ni una mirada abandonada

desde la densa errabunda alba.

 

Es demasiado tarde, los labios los escupe el árbol.

Demasiado tarde, azul regazo, hojas responsables.

Mi latitud de cieno evita rayos.

 

Un movimiento muerto la enternece

 

Sus cenizas se reúnen aún después del fuego.

Los lugares muertos son la vida que jamás se agota.

 

Definitivo,

sus labios respetan la muerte.

 

En coma mis labios buscan su sombra.

 

Desde el hospicio (2008)

 

Habla la poesía

Me alimento de poetas
que fracasaron en su vida,
de aquellos que prefieren un verso
a los labios de la mujer que aman.

De los que construyeron a la orilla del mar la fe,
como de la soledad su tumba. De aquellos a los que no dije:
las esperanzas son un laberinto disfrazado de atajo.

De a quienes les soplé una órbita de tristezas
y quedaron atrapados
en el centro del misterio, como dentro de un remolino.
De esos me alimento.

Soy bestia: lanzo pecados.
Derribé gigantes en la era de David.
Convertí en monstruos los molinos
y las piedras en pan.

Soy el sol que entra en los humanos,
y después, cuando ha recorrido su cielo,
les deja un monstruo por ocaso.

Escojo, al azar, poetas
y los convierto en tristes o exultantes.

Me alimento de poetas
porque ellos creyeron que me hacían cuando sólo fueron mi reflejo.

 

 

Atados a sus lágrimas

 

El patio del hospicio es como un banco.

Jacobo Fijman

 

Ellos murieron vagabundos, creyendo que los enfermos no

amaban.

En el lugar más alto todos son amigos de la muerte.

Rechazaron las estrellas, esos cadáveres altos, luminosos.

Dormían

con la sangre a mano

atados a sus lágrimas: la locura los abandonó.

Ahora podrán cortarse en pedacitos, arrancarse labios,

ensuciarse manos,

morderse como si cada uno fuera una manzana

y es amor, no matanza.

 

 

Retrato de quien espera un pájaro

 

Seguid vuestro camino

como yo sigo el mío.

Jacques Prévert

 

Nunca me conmovió el dolor de un desconocido.

Egoístamente

hice mis retratos de hombre atribulado;

había algo bello en desanimarme,

en ignorar,

¿pero qué es el bien?

¿cuál el egoísmo?

Nunca me conmovió el dolor de un desconocido.

Vi sueños borrándose en las calles, como pavimento cubierto

de tendidos cuerpos fríos y

destruidas cajas.

Caminé sin inmutarme, borracho,

pensando en mis fracasos,

esperando que uno de ellos reclamara mis entrañas,

mi sangre,

y se fuera sonriendo, amargo, como yo,

a esperar un pájaro, una llaga,

un llanto.

 

Balada a los pobres

 

Siempre tuve cuidado de no tropezar con un herido sollozante,

o que un marginal –cuánto me gusta este adjetivo- me pidiera ayuda.

Pero yo jamás lo ayudaría

o escribiría algo así como una balada a los pobres…

En un ángulo de la vida lo más importante es ignorarnos

y no debe culpársenos ni llamársenos insensibles.

 

¿Habrá otra oportunidad para el brillo de unos ojos?

 

La última vez que les hablé

sería la última;

y no lo fue.

Fue devorado el cadáver de la alegría

por aves rapaces.

 

Esperé otra oportunidad,

una última vez para hablarles,

y como león seguí el rastro de sus pasos.

Fue herida el alba.

Y camino al manicomio, una tarde,

cuando el corazón de un sauce es un rayo,

hablamos por última muerte,

por instinto, frustración,

el lenguaje de la noche

en los jardines cerrados

donde nadie dejará la muerte.

Pregunto: ¿habrá otra oportunidad,

una última, para el brillo de unos ojos?

 

Quimera en el hospicio

 

Amigos, recordadme, y no sólo entre risas,

pues viví entre vosotros y un día me quisisteis.

Attila József

 

Desde el aroma del café huelo la esperanza.

Nunca sale, amigos.

 

Algún día volveré: almuerzo espaguetis con ustedes

y el jazz vence el miedo a que alguien rompa más los vidrios

que me hirieron, que dejé escondidos al pie del árbol.

 

Algún día, si sobrevivo a este ocaso,

podré estar sobre una silla, como aquellos zapatos,

dejando a las pláticas reanudar nuestro afecto.

 

Después de la taza de café

me queda la ventana; veo hombres acorralados,

algunos por nostalgias, otros por demencia,

arbustos y jardines acorralados

por jardineros de sombras, mientras exijo

una granita que sí me traiga los recuerdos y rostros

y no una esperanza.

 

 

Infierno blanco

 

Mi rostro es un bosque lejano

a él llegan pájaros…

y a través de la ventana de una torre

miro

por la sed

la misma sed de alba

como quien va en río o naciendo como árbol

como quien viene con rostro de hojas de un bosque lejano

río va y río viene pronunciándose

en alucinaciones como único descanso o simplemente

fruto del horror de ser buscado

descubriendo el camino

de un día o de una noche

de cuervos zorzales…

cualquier espejo árbol agua o pájaro

 

 

Envenenada también

 

Con todo ese veneno en el cuerpo.

Cesare Pavese

 

Con todo ese veneno en el cuerpo

no me dirán que me falta invernar aliento.

 

El león humedecerá mi corazón

y su náusea, como la de la naturaleza, lo despreciará.

 

La sangre, silenciosa desesperada,

gritará, la locura irá sedándola.

Un abismo desdichado, el mundo interno.

 

Bajo la lluvia, la sed de la sombra pudre el alba.

Las esperanzas acostumbran llegar tarde.

 

La muerte lamentará, envenenada también,

los versos que no escribiré y en los que ella no será la amada.

 

 

Extranjera

 

 

A una muchacha que supo todo Dante de memoria

W. B. Yeats

 

Una muchacha que supo todo Dante de memoria

camina del parque al cementerio

y va atenta por las calles,

con su cuello alto mira a todos lados.

 

Con eterna dulzura y destellos de ironía

llegó al alba,

con cuánta entrega no amó esta tierra.

 

La había esperado, tan angustioso, que

creí llegar a ella como el galés por los bares del Greenwich Village,

pero ella

llegó armoniosa

y cruzó las piernas en el más simbolista glamour de todo tiempo

y entregó una sonrisa a mi sombrío rostro.

 

Por ella voy de una página a otra, de verso en verso.

Peleamos para sobrevivir en epístolas electrónicas.

La poesía no me salvó, sino su admiración por la poesía.

 

Sigue caminando en los más tristes veranos,

en inviernos que juegan a treparla;

con el delicado arco de sus pies de mármol camina la desesperanza.

 

Por más libre que fuera el adiós, no quiso alejarse.

 

A ella le está permitido,

no a la poesía, seguir en la memoria de los hombres.

 

Cómo no amar sus momentos de alegre dulzura y de histérica.

 

La tristeza será dibujarla con el miedo, con la frialdad de la melancolía,

gritarla con el caos por pregunta

y la crueldad por respuesta.

 

Antes que un gallo desgarre la madrugada

la tendré en mis lágrimas.

 

 

Amarte lejos, mejor no amarte

 

Entrará el mar lentamente en tus venas,

droga, ave rapaz, suicidio lento…

Alfonso Costafreda

 

Dejo al humilde cuervo atardecer no tan lejos del árbol.

Dejo que mi miedo sondee insomne el ahogo

y se sacie hasta doler su sombra.

 

Los días son troncos a la puesta del sol.

 

 

 

Bajo el árbol de Madeleine (2008)

 

su voz es el comienzo de nuestra historia

y Madeleine creció en mí como un rostro

hoy faltan quince años bajo un árbol sin retoño

 

un día vendrás

y será el comienzo de nuestra herencia

 

oh, Madeleine, no te reprocho a ti sino a Ofelia

disculpa si añoro el recuerdo de mis tristes miserias

 

un día vendrás

¿y qué será de las tristezas viejas?

 

un día vendrás

¡y no serás tan importante!

 

vendrás

y tu máscara compensará la ausencia

 

y si vienes cubre mi rostro

y si vienes crece en mí como un árbol sin retoño

 

 

Paisajes fracturados

 

Me asignaron ser el último heredero de la peste y respiré en lo más hondo,

en lo más hondo

de un sol caído. Suspiré la brisa en la miseria y me llamaron monstruo.

Monstruo porque donde hubo rostros imaginé el mío. Monstruo porque de mis suspiros cenizas recibieron. Jamás me interesó hablar de pobres.

Siempre oscurecí los nombres y me enternecieron los locos. Me eligieron yerro y pecado.

Fui capaz de corromper al hombre.

La corrupción del hombre borra la huella del fracaso.

Monstruo porque dejé la amapola en la piedra, la piedra en la sombra, su sombra en la luz.

Fui mi umbral de ruina y mis sobras la tierra

y mis lenguas la vida.

Monstruo al fin y al cabo porque ninguna estructura pudo acreditarme; porque jamás supliqué a la sombra no derramarse

en los párpados rojos

de un pueblo que sabía la hora exacta de su muerte. No dejé a un pueblo mirar por mis ojos.

La esperanza castiga los sueños opresores. Soñar es un obstáculo, no un principio.

Y destruí, porque ese era mi comienzo. Mi destino. Devolver

la belleza a la belleza despojándola de su silueta estilizada de pústulas y úlceras

de mármol de carne saludable.  Y la escuché gritar. Después gemir. La violación es un acto

de absoluta sinceridad.

El pensamiento es mi verdugo.

Grité un poema y nació la ciudad. Un valle de zorzales y ángeles zanates.

Me juzgaron despectivos…

…y me aislé.

Una variedad de voces fluyó y este acto fue su inicial argumento contra mí.

Hoy mis ojos sin vida miran sin regreso. Monstruo. ¿Para quién? Monstruo sin mayor explicación.

El implacable verdugo degolló el sentido.

Ningún silencio pudo. Ningún grito. Ningún cuerno pudo asemejársele.

La conciencia es un destino inevitable.

¿Quién en este mundo soplará el cuerno de la catástrofe?

¿El hombre? Pero sí él debe desaparecer sin llegar a alzarse. Aparecer dentro de la imagen.

Debe volver en otros ecos.

Ha sido el pensamiento… He sido. Me obligaron…

La confesión es invención del hombre. Y ese camino debe ser borrado.

Una vida ajena es un viaje anticipado. Algunos lo entendieron,

pero un hombre repitió las frases que debían olvidarse.

Las mismas de ataño. Y dijo, solemne, apocalíptico, angustiado, trágico:

Me asignaron ser el último heredero de la peste y respiré en lo más hondo,

en lo más hondo

de una orquídea, cuerno de luz y sangre…sol de un valle!

 

 

La caída de los cuerpos

 

eso se llama

eso no se llama

excremento

debíamos morir contigo

nacer en ti

en un movimiento secreto

y saber que debíamos morir por más de un siglo

entre las llamas

y saber que murieron en una hora

escondidos entre el fatal guiño del destino

excremento

debíamos nacer en una hora

y algunos se quedaron por más de un siglo

en movimiento secreto

y en adelante los misterios

del nombramiento

y de la caída de los cuerpos

cara al nacimiento

 

 

Puente nocturno

 

hundirme hundirme deshacer mis rasgos

Tomás Segovia

 

Al ver un águila ves una porción de genio.

W. Blake

 

cuando la tempestad no abre los sellos

y los brazos del sitio se mantienen cerrados

errar es el único sitio el río su único camino

que engaña a alguien ajeno ya ajeno

sumido en la oscuridad en las horas

un árbol de calamidad condena los ojos

alimenta las visiones y deshace los recuerdos

cuando se ha dicho amor

sólo para expulsarlo de las bocas

y dejarlo en soplo en palabras en lágrimas

a merced del tiempo de nada

esperando que caiga el árbol de una hoja

y roer la coherencia desde las garras del águila

muriendo a pesar de las voces

que surgen como el humo en la razón

y el relámpago es un puente que transitar de noche

la indiferencia es como un rostro y el mañana las piedras de tropiezo

la raza de diálogo de monstruos

fijará sus ojos alegremente solos

como Artaud antes que él

la demencia roe con sus dientes de acrimonia la esperanza

al hombre mismo a la palabra

hay que escucharlo de la misma manera

como hay que ver un rayo

y en la espera se deshacen los propios rasgos como se borra una huella

 

Caía una hoja

 

caía una hoja

y como una tormenta

no tenías por qué errar sola

antes ya habían errado otras

 

entiendo pero la razón es una hoja

que encubre rostros y el perro

lejos lejos

 

se acaban las palabras

en el pensamiento se esfumaron

la expresión sobrevive

y ya oscuro

lejos lejos

otras palabras

errando en el sentido

como el ladrido de un perro

como el fruto de un árbol

 

 

Ejercicios futuros para un fracasado

 

El verdadero enemigo del tiempo es el lenguaje.

Karl Kraus

 

por amor

bebí hasta fallarme

por ese amor cabizbajo e instrumento del rechazo…

por la vida

bebí hasta fallarme

por esa vida debajo de los huesos…

por experiencia y ejercicio aprendí a fallarme

por tormento

por amor a ellos y a sus voces

por amor a aquél que vendrá preguntando

por amor a quien vendrá sin vida

con un lenguaje enemigo del tiempo

a él dejo este ejercicio

¿querrá continuarlo?

 

Bajo el árbol de Madeleine

 

Habrá una grandísima peste…

Éxodo, 9,3.

 

en el décimo árbol sin hojas ya ni savia

que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra

L. M. Panero

 

bajo el árbol

habitaron

como grandísima peste

a los quince días Madeleine acercó su cuerpo

su cuerpo sin fuego

y dejó caer las piedras

y sació el misterio

de la vieja inocencia

a las quince piedras

bajo el cuarto árbol

 

Del comienzo de los hombres (2009)

 

 

Del comienzo de los hombres

 

en los jardines crecen muchos árboles,

algunos hermosos

I. I. B.

 

En los jardines crecen muchos árboles, dije,

y los hombres comenzaron a creer y

decidieron conocerse;

en los jardines no todos son árboles, dije,

y los poetas comenzaron a creerse importantes;

en los jardines no todos son poetas, dije,

y escondieron las semillas y ramas y raíces

que otros hombres descubrieron;

no todos los poetas pescan peces vivos y sirenas,

algunos pescan resfriados y otros enfermedades venéreas,

otros hablan de Mairena y Molina y reconocen

la poesía como diálogo.

Hay árboles que nacen en bosques salvajes

y otros que con ser un árbol son bosques salvajes,

y estos se reconocen, como Bulnes;

otros crecen en las calles

y evaden la vida sólo cuando es demasiado sofocante;

en los cementerios crecen muchos árboles,

algunos nacen para abajo y se liberan de pasados,

dialogan con Pound, Eliot y Panero, o con el viejo Vallejo,

otros son hermosos, tan hermosos con su sombra

que sosiega y enternece y brillan oscuros en las noches.

 

 

A mí me dijeron

 

a mí me dijeron que podía hacerlo

que sería grande

que escribiría verdaderos versos

versos de calidad innegable

versos arrancados del ser humano

y que saldría volando

que podía hacerlo

y me iniciaron

alcé vuelo y tropecé en las ramas

el sol me devolvió de una vida ensoñada

me usaron

se rieron

y decidí convertirme en un pequeñodioscobrasalarios

y me dijeron que podía hacerlo

que sería un gran obrero

pero que debía esforzarme

que olvidara a Baudelaire y lo que pensaba Bataille

que todo lo que se piensa es en balde

y no es nada

sólo sueños

hacé las de Rimbaud

y tampoco pude enraizar mis pies al ras del suelo

y decidí escribir y abandonar las frases ornadas

y el espejo de esas frases

me aburrieron los versos familiares

y esa tendencia tonta de integrarse a un canon

y pensé

a la poesía ya no le hace falta reinventarla

sus máscaras han sido agotadas

y abandoné los grandes edificios

y las sombras y pensé en Girondo

unos ingenuos vieron a la poesía como puta

e hicieron chillar las frases

el poeta debe abandonarse

inventar su historia

dejar las brumas gallos ríos y laderas descansando

para el tratado de flora y fauna

no hacerse el mártir

ni hacerse el erudito geólogo y teólogo

no hablar de mares ni de cosas diversas

no hablar de flores y aquello que se le parezca

dejar de torcerle el cuello al cisne al cuervo al gallo

y a la amada dejarla plena por fin sexuada

nada de versos románticos ni de llantos y alboradas

la poesía si es así es accesoria innecesaria

es nada cuando sólo está hecha de palabras

es nada cuando sólo es un tratado de gramática

es nada incluso cuando te la dan deshilachada

el desencanto es también tendencia herrumbrada

hablar de patrias y de amor a la patria

no hay que fingir tampoco ser el Papa

la poesía sólo sacia por segundos

de un libro de poemas sólo se recuerda un verso o una palabra

incurro en todos los defectos de esta fábrica mal remunerada

pero ya no importa

no tengo chamba

y celebro mi hambre

que vivan mis pequeñas alas de gigante

 

De tigres y otros signos

 

pero yo conozco un tigre que se resignó a rugir frente al mar

su gesto vencido de olas relamidas

desaparecía ante las piedras como el signo en la carencia

un hombre era el tigre y su ahogo el mar

he visto cómo cabalgan los hombres hechos de un trazo

los he visto en un vano intento subir la escalinata de sombras

y borrar egoístas su único rasgo

¿dónde está su fuerza, en la fatiga?

hombres que escalan el vacío se desarman

los he vito poner el pie sobre la oruga y transformarse

los he visto en la misma situación de un hombre que se masturba después del acto

sobre una hamaca o dentro de un cuadro abrazarse

crecerse

subir una colina hasta desintegrarse

el destino del hombre es desaparecer sin llegar a alzarse

en ambas direcciones divergirse

pero aparece un dedo dentro de la imagen

antes de disolverse aparece

le ha faltado el presente en su vida

no había llegado siquiera a conocerse

se ha fallado a sí mismo

a veces piensa que es hora de reponerse

hombres se retuercen en la imagen

dan señal desagradable

pero yo conozco un hombre azotado por el mar

y ese hombre azotado ante el rugido imperecedero

se decía a sí mismo:

para estar enamorado

sé lo que es estar vacío

 

 

 

Tras el reflejo de los cristales

camino solo 
para encontrar mi compañía en el reflejo

de los cristales
de los centros comerciales
duermo solo
sobre un viejo colchón
donde el amor no triunfa
sino el frío acero
de los resortes

que rompen

la ropa

como el interés de una mujer
al acercarse a un hombre
que no recobra

la ilusión de conquistar la vida
río solo
y busco un acto que dibuje mi sonrisa
y sigo solo
caminando adonde el mundo no abatió pesares
ocultando mis labios en los labios
de un verano arraigado
que me hace evitar las calles
los amigos
los saludos
el apretón de manos previo a un abrazo
y sigo solo
caminando en este valle
cuando el trabajo

con su sol de la mañana

olfatea cínico mis pasos
sigo caminando
caminando solo
del parque al colectivo
siempre por las tardes
caminando solo
del bus al parque
arraigándome a las calles
suplicándoles me guarden
y bebo solo
lo hago en las cantinas y en los bares
en un car wash de la zona viva
o en un viejo lugar del barrio Medina
y renuevan el brillo de mis ojos

nueva prisión donde mi pupila es admitida
y a veces hallo a un amigo
y me acompaña
le brindo mi ternura
mi ternura de amigo
y la cerveza su ternura que me convirtió en ruinas
y quedo solo
como árbol sin savia que camina
a la espera de un río
como en la espera de mí mismo
a la espera de un río que cruce esta avenida
que converge conmigo mismo
y sigo solo
solo
enemigo de mis actos
enemigo de mí mismo
y camino adonde muere el grito
adonde besé mujeres
y el amor es mito
allí busqué el origen de la sonrisa
y busqué un lugar
y al buscar ese lugar
busqué la amistad
y por buscar la amistad perdí a mis amigos
adonde busqué el amor
el amor que debía encontrarse tras los vidrios
de una vitrina
o tras el envase de una Salva Vida
allí encontré el amor perdido
allí recobré la raíz de la sonrisa
allí me vestí de alegría

de dulzura
allí por fin fracasó la tristeza
y cayó como águila muerta
la moneda devaluada de mis miserias
allí el tiempo restauró mi espíritu
y una canción abrió mi corazón de nuevo
allí encontré el puente perdido
y abracé la añoranza
y crucé las avenidas
y me vi a mí mismo
tras los cristales de los grandes edificios
repelerme como una imagen
pero caminando solo
solo
acompañado y protegido
por el reflejo de mí mismo
tomado de la mano de la última esperanza
en busca de mí mismo
o de mi colchón
que es menos digno de los grandes amores
de los amores arrancados de los cines y los libros
del amor que busco en los grandes ojos
donde dos grandes ojos son el mundo
y en los cuales creo sólo cuando estoy en ellos

 

Consejos a poetas de cómo construir sus casas

 

Escribo para mí, no para nadie, dijo un poeta,

y le lanzaron la primera piedra y con ella construyó su casa.

 

La poesía es una puta musa endulza egos, dijeron unos,

y otros replicaron: pero ya no vive Celestina en nuestro tiempo,

y les lanzaron muchas piedras y construyeron un imperio.

 

La poesía ya no está para esas mierdas, dijo un poeta,

y le lanzaron una piedra y con ella construyó su casa.

 

Otro movimiento poético dictó su manifiesto:

A como dé lugar quieren revivir a la poesía.

Otros prefieren vivir con su cadáver.

A los poetas les da asco comer ancas de rana

y vomitan al oír de un tal Santiago.

Les lanzaron muchas piedras y construyeron un imperio.

 

Otros rieron y dijeron: renovaremos la poesía, leímos a Barthes y a Panero,

comimos los bigotes de Dalí para el talento, y también ancas de rana.

Les lanzaron tantas piedras, que después de haber sanado, construyeron un imperio.

 

Otros dijeron: la poesía ha muerto,

y dejando el rezo bebieron yuscarán y no ajenjo.

Ya saben la historia, sí, construyeron un bar en lugar de imperio.

 

Pero cuando yo les dije: la poesía no está para esas mierdas,

nadie lanzó mi piedra; insistí y grité a los afamados cuatro vientos:

a la santa poesía de Calcuta no le gustan esas mierdas,

y no me lanzaron ni una piedra célebre,

por tercera y última vez grité:

a la poesía y a los lectores ya no les gustan esas mierdas,

nadie lanzó mi piedra y sin piedras, camarada casa, no te construiré.

 

Los poetas no miran atrás, están hechos de sal, dijo un poeta,

y le lanzaron una piedra que robé para construir mi casa.

 

 

Hace un año sería el mejor año


todo cuanto ambicionas

debes olvidarlo

la codicia vuelve al hombre insensato

y el dinero no sirve sino para endeudarse

todo cuanto amas

debes olvidarlo

del amor no te aferres

sé feliz cuando puedas

el amor perdido desconsuela

y vuelve al hombre desgraciado

todo cuanto desees

debes olvidarlo

las ilusiones son las únicas que tienen aniversarios

y los deseos tienen como fin ser truncados

y cuando más esperes algo

una idea rodará cuesta abajo

todo cuanto ansíes

debes olvidarlo

abre los ojos, desesperado ábrelos

y vuelve a cerrarlos tan pronto

la sangre cubra tus brazos

a la noche la desuella la ruindad de la mañana

y a un hombre lo sana un mejor año

todo cuanto recuerdes

olvídalo

si amaste o no amaste o amaste demasiado

si odiaste o no odiaste y estás destrozado

olvida todo, no sea que un día llegues

a la ciudad con un zapato en la mano

vacía tu alma, sin sueños, y pensando

hace un año sería el mejor año

 

Vivimos otros tiempos (2012)

 

 

Q28

Atado a este lugar.

Atado a mi destino.

¿Viajar? Viajaré.

Pero mi corazón estará aquí.

Atado a lo que creo.

Atado a mis raíces.

Atado a lo que amé.

 

10

Camina rápido y no te detengas frente a hombres.

Camina rápido bajo un sueño de escarchas.

Camina rápido, entretanto, esquiva las garras.

Camina. Camina. Camina. Y cánsate.

Revive. Y salta. Salta. Salta.

Corre. Salta. Camina. Corre. Desorienta a quien llevas de espaldas.

Que no sea una sombra la que te espere cuando hayas llegado.

Y no llegues tarde. 

Pero tampoco llegues temprano. 

Conserva el instante. Ábrelo.

Obsérvalo.

Esquivo sigue tu paso.

Si un hombre se encorva en el espejo,

lánzate del tejado.

Desciende rápido y no te detengas. Desciende.

Olvida el suelo.           Las raíces. Olvida.

Cae.

Y si encuentras a Dante, vengándose,

salta, emerge,

vuelve rápido a tus pasos.

Vuelve como si vinieras volando.

Como si por fin se extendieran tus alas de albatros. 

Y sigue creando.

 

Q11

Refunfuñando escribía.

Refunfuñando.

Había hallado a la mujer

que le había dado el nombre

sangrando.

Y no quería escribir sobre esto

No quería recordar sus ojos de tristeza en la batalla

como una gruta al mar extenso como la sangre

derramada en casa.

Y lloraba.

Llorando escribía.

Imaginó las cenizas de un pájaro

volando en las entrañas del hollín

y levantó y extendió sus manos

esperando que un pájaro se posara,

como un recuerdo

y escribió…

cuando olió las cenizas

del último sahumerio.

¿qué necesitaba?

¿Un último peldaño?

Sólo hizo un último ademán.

 

Contemplación

 

Cada poema que escribí fue un desborde,

una bestia huyendo de su jaula.

Cada poema era incontenible.

Flechas al azar de inspiración prolongada.

Por ese entonces no poseía una estrategia bien definida.

No sabía de técnicas.

Ni zurcir al menos mis harapos.

Seguí el consejo sabio de observar telarañas y visitar apiarios.

Tenía la convicción de vivir en otro tiempo

en donde lo que crece rápido, rápido muere,

y debido a ello,

el muro de contención debía ser derribado.

No podía esperar tanto.

Si quería miel,

no debía esperar a que la colmena

produjera lo que podría comprar en un supermercado.

Ganaba tiempo, me decía.

Mientras se avecinaba la inundación de una ciudad en desgracia.

a las arañas terminé por incinerarlas.

Cada poema fue un desborde.

Los muros de contención desaparecían.

No podían frenar mi actitud. La contemplación aburría.

Ganaba tiempo, me decía.

¿Pero para qué ganaba tiempo?

¿Por qué me desanimaba lo que mis ojos veían?

¿Por qué caminé a través de la gente sin detenerme?

¿Por qué golpeé sus hombros?

Pocas veces vi un contorno que me gustara.

Pocas veces me detuve frente a él.

Pocas veces contemplé. Pocas veces.

Ganaba tiempo, me decía.

Ganaba tiempo.

Debía evitar que el destino cayera como hacha

y partiera mi vida en muchas circunstancias.

Era imposible pensar que un albatros

moviera sus alas como colibrí o cigarra.

Así que escribí.

Escribí contra el tiempo. 

Abriendo jaulas.

 

En el Gym

Me senté frente a la gran máquina

y jalé de la polea:

me contraje,

y contraje el pensamiento;

en un esfuerzo perdí

la nostalgia, como una dignidad,

y, lentamente,

me desvanecí

junto a las imágenes

de este día

por olvidarlo todo.

 

Q4

No vuelques todo el lenguaje

en un poema inacabable,

luego quedarás sin las palabras necesarias.

 

Lo que empeñes,

que sea por tu carne.

 

Cambié de sitio

 

Cambié de ciudad,

pero el reflejo fue el mismo.

 

A cambio di los libros

que no cupieron en mi viaje.

 

Busqué la paz.

Y me dije,

Tú, que no sabes,

¿podrás?

 

Cuando quise abandonarme

junto al polvo,

ya no lo merecía…

 

A otros les habrá sido fácil.

A otros.

 

Cuando sonrío

¿Aún percibo mi sonrisa de niño?

 

A otros les habrá sido fácil.

Siempre a otros.

 

Y te llamo.

Pero ni cuando eres

pájaro herido

vuelves.

 

Y busco.

Incansablemente busco.

 

Adonde vaya ofrezco un hermoso sol.

 

Y tengo sed.

Busco en qué creer.

 

Pero esas migas de luz ¿Quién, de mí, las saca?

 

Adonde vaya un hermoso sol.

Adonde vaya un hermoso y único sol.

 

4

Nadie quiere ser

testigo de su tiempo

en una época

donde los signos

se descubren y oscurecen

como un sol saliendo por las tardes.

 

​Actualidad

 

¿Y para qué poesía,

si hay violencia?

 

Decaído, apuesto

la esperanza

de quienes creyeron en mí.

 

Me marcho.

 

Guardo en mí una ciudad vieja,

aunque mis sueños

se hundan como semilla

en la tierra árida.

 

¿Podré despedirme

de quienes amo?

 

¿Podrá mi estrella rota

brotar de una nueva ostra?

 

¿Podré, acaso,

reflejar su brillo

en los ojos de quien espera algo?

 

Me marcho.

 

Una estrella amarilla

es mi gigante hormiga.

 

Con rencor y recelo

guardo el amor

contra quienes no lo agradecieron.

 

 

Había una habitación sorda en mi memoria,

pertenecía al olvido

y a la caverna de la noche;

luego de tocar las diez puertas

cerradas en mi torre,

mi corazón, el azul abierto abriéndose

como horizonte negro,

nació de nuevo;

comenzó a latir,

como quien vuelve de lo inerte,

bombeó la sangre a todo frío extremo

de mi cuerpo:

la alegría se volvió el envés de mis sueños,

esa alegría fría que nutrió en mí

desencanto y sufrimiento

había vuelto a mi pupila de niño,

adonde el brillo no es azar sino dicha e inocencia;

el amor confesó, una a una,

las metáforas que abrigaron, sombra a sombra,

mi ahogada primavera, cuando los últimos zorzales,

los que cantaban a la vida,

iban hundiéndose en mis escritos de arena;

por aquél entonces no dejaba a la aurora mi desdicha,

la guardaba para mí,

la atesoraba para mí,

la sufría y la tendía como una máscara en mi rostro,

y cuando escribí,

cuando entendí que al escribir podía ausentarme

de mi helada sombra

y de la sombra que en mí dejaban

mis ancestros y mis padres,

lo hice para que mi destino

me guiara y abrazara en uno de sus muchos brazos,

y recordé aquellos que despuntaron luces

y eran frágiles como la luz imperecedera del recuerdo,

esa llama que nacía como zarza ardiente

cuando en mí no hacía buen tiempo;

en 2102, habiendo destruido todos los cerrojos

y habiendo dispersado cada llave y cada acceso

a la agonía, a la agonía de estar vivo,

dejo a mi corazón fluir río arriba y río abajo

y río al este y al oeste fluyendo río y manantial,

fluyendo hacia la vida, luz,

fluyéndome de paz,

y me devuelvo desde adentro,

desde aquella habitación oscura y sorda,

desde ese hospicio aquejado de puertas,

me devuelvo y vuelvo hacia la vida. 

 

15

¿Hubo amigos? Cientos. Todos murieron.

Cada rostro de un amigo era el rostro de todos.

Cada muerte de un amigo era la muerte de todos.

 

 

Y no temas si las palabras no son las adecuadas.

Los escritores no cultivan el amor, sino el egocentrismo.

Se disgustarán contigo y su mirada será pesada,

mas no sufras si critican y confunden sencillez con ligereza.

Yo estaré contigo. Te defenderé de ellos.

Responderé por ti y crearé la muralla necesaria

para que nadie dé contigo.

Tríptico del iris de Narciso (2014)

 

 

 

¿Arte poética?

 

 

Aquí comienzo y aquí termino,

y encadeno el tiempo,

atando gusto y duda,

y me digo que jamás habrá poema que satisfaga el gusto,

lo pienso, y lo repienso,

sin la ilusión de renombrarlo nuevamente todo.

 

El asombro muere.

Los niños y las madres mueren en mi párpado.

 

 

El asombro es como un párpado que combate al enemigo.

Y no me asombra el genocidio diario.

Y no me asombra la naturaleza misma del diálogo.

 

En la médula de la palabra desconozco,

y una forzosa sombra oculta los versos de mis ojos.

Que un pájaro alado vuele en el aire o en el agua o en la nada,

y la mañana adore a ese pájaro símbolo de algo en el espacio...

mientras el aire suspire y se detenga,

mientras capte el vuelo ante la circunstancia,

no importará que una mujer de manos torpes

y tez cansada

vomite sangre sobre la acera

de una calle escheriana;

¡por Dios que no podría en mil vidas ser poeta!

Artaud, Michaux, József, Celan,

no me dieron las herramientas ni la llave

para ser un verdadero poeta de Latinoamérica.

 

Si no leo, es porque me arrepiento de leerlo.

Y cuando escribo, dudo de su trascendencia.

 

Crear es discurso opuesto.

 

De igual manera, me negaron herramientas.

La llave quedó oculta en mi otra casa.

Y mi casa es el cansancio, tu destino humano.

 

Cuando eliges ser espía,

eliges, también, ser lacayo.

Si es Dios quien te elige,

aprenderás de tu infinito desengaño.

 

El trabajo ahoga el hombre.

¡Tripalium!

¡Tripaliere!

(El latín es sectario.)

 

La miseria es el moderno engranaje de la ciudad urbana.

¿Pero cuándo comenzó su ritmo?

¿Cuándo ofreció algo más que balas?

 

Cuando esta ciudad te sentenció, tenía labios sonrojados

y un papel en movimiento

y el humo violeta

que nace cuando

una familia ha sido despojada.

Pero todavía respirabas...

Y si te escondes como una palabra

en la intimidad del pensamiento,

no es don, sino pereza;

y la ciudad y el banco y el árbol que antes te inspiraban,

serán arrebatados.

 

¿Las has conocido en la intimidad del pensamiento?

Sendas ajenas a nuestras voluntades.

Construyen una historia, y otra historia, y una sombra,

y se destruyen y se cortan y recortan con sus tenazas de mantis

religiosas,

y las oigo, como una sombra que cae recortada su corteza,

y las oigo cuando ya no quiero oír nada,

son el aguijón de una abeja echando su veneno en mi cabeza,

y las persuado de que salgan, huyan, corran,

y se adentran, me entrañan, me atormentan,

un pensamiento se renueva,

se retuerce, truecan,

nuevas sendas, nuevas tramas, nueva nada,

donde yo comienzo, concluyen,

cuando comienzo a pronunciarlas,

otro pensamiento nace solo para denigrarlas,

se hurtan sus harapos como cualquier ser humano,

y en mi mente termina el mundo,

la vida como la conocemos no entra más,

todo lo que veo y disfruto,

cada sabor y cada textura desaparece en la palabra,

el vino, el helado y la manzana

mueren sin haberse trasmitido,

la sensación queda estática,

y la alegría y el abrazo

son como la sombra de un árbol

o como la brisa fresca de la montaña,

que mueren donde muero yo,

junto a la percepción muere la sensación

y muero yo como un Keats sudaca.

 

La agonía no es mayor sino terrible

para quien no es capaz de trasmitirle

al mundo

lo que otros poetas miran y descubren.

 

Sin embargo,

pese a mi torpeza,

una pesadilla se anuda en mi mente,

una pesadilla bicéfala:

mi fe se deshace como pan en la taza de café;

desconozco cuál es la segunda cabeza.

 

Mi espíritu y el verso son sendos témpanos.

La poesía es un iceberg que oculta el talento

bajo el cieno de Latinoamérica.

 

Y es como si sintiera náuseas por mí mismo,

como si por mis venas no corriera sangre,

como si no existiera mi mirada,

cual objeto limitado por mis percepciones.

 

Que admire a la poesía, la envidio.

Que admire a los poetas, los desprecio.

Que ame al hombre, me apena.

 

Un hombre que relata su poca inteligencia

y se estruja en su yo

es un necio obstinado en dejar que el agua corra

antes que su obra abra la bóveda de las interpretaciones.

 

Si me aceptara tal cual soy,

y prefiriera decir ya basta,

si dijera por fin lo que otros callan

diría:

si he sido amable y afectuoso

se debió a un trastorno;

nunca he dado amor, aunque haya sido mi mayor proyecto,

si lo he recibido, lo he incubado, masticado y escupido,

devolviéndolo al deseo de tener amor,

el amor no es más importante que el deseo del amor.

 

Como Wallace limpio la luz de la luna como si fuera lodo.

 

Un zancudo me distrae y olvido el apego del hombre a su fe.

Los poetas son como zancudos: enferman.

 

Tantos versos por destruir en mi cabeza.

Tanta pasión insana en los libros.

 

Vean el mundo y saboréenlo como yo lo muestro.

 

Ay, Poetas, debían arruinarlo,

anidarse en sus memorias y traumas,

disfrazarse de espejo,

saltar el muro,

coleccionar rastrillos y barrer las hojas muertas,

y ya muertas darles vida nuevamente

para recomenzar el ciclo.

 

El ritmo es una flor ennegrecida.

Un cuerpo tendido en una cama.

 

Ustedes que hicieron el cuerpo

e hicieron la nada,

que reinaron la historia de la sangre

con algunas palabras,

¿qué es la poesía sino la muerte de algo o alguien?

 

Antes que termine mi tiempo,

aquí comienzo,

aquí,

con una palabra que se destruye cuando pienso...

 

 

SIGLO XXI

 

No soy más poeta, sino un hombre.

Seguid mi construcción entonces.

 […]

Escarabajo azul.

Las lágrimas son libres.

Y la sonrisa es tuya como un campo libre.

Y el amor es tuyo en este valle de muerte.

Escarabajo azul.

La poesía muere cuando muere alguien. 

Las avenidas van y vienen.

En el tiempo convergen las calles.

A cien metros la cantina. A diez metros la muerte.

Escarabajo azul.

Es cierto, la poesía cuando no muere tiene guantes forenses.

El moderno edificio ¿Sabes dónde se esconde? 

Diríase que en una ciudad se protege el misterio.

Como el tiempo que está sin tiempo.

Escarabajo azul. Escarabajo.

Las pestañas crujen como robles.

Escarabajo azul. Escarabajo.

Deja que los hombres conversen.

Un lirio desciende.

Y es mecido por su madre en el viento.

Bajo el sol yacen los cuerpos.

Bajo el sol se hunden.

Aquí sólo la noche florece.

¡Ah! ¡Las nuevas calles…!

Es preciso recordar que donde

un hombre muere,

estuvo la mano de otro hombre… 

Las pestañas crujen como robles.

Un lirio es mecido por su madre en las afueras del valle.

Escarabajo azul. Escarabajo negro.

Una montaña nos vigila con sus árboles.

La noche se hunde en los bordes de la muerte.

Se hunde en lo profundo del instante. 

Escarabajo azul. Escarabajo negro. Gris es el nombre.

Recordemos el abrazo sólo cuando es preciso recordarlo.

¿Nos bastan nuestros ojos para creer en el milagro?

¿Nos bastan para cargar un hombre?

Los lirios descienden en el valle.

Descienden. Escarabajo azul. Y más escarabajos.

Cruel es la poesía y cruel la cruz. 

Las lágrimas son libres.

Pero tu sonrisa no.

Ya no es tuya como un campo libre.

La pérdida es la otra sombra que envuelve al hombre.

Como robles crujen.

Se rompen como robles. Se rompen las pestañas.

La ternura es un lago limpio y el viento ha sangrado.  

Pero el tiempo tiene la otra mano de la muerte.

El sol muere y las hojas mueren al morir un pájaro.

El hombre es ausencia.

La corbata guía al hombre al automóvil y el timón lo guía hasta su casa.

Su casa es como la muerte.

Una gota se abalanza. Ya viene. Ya viene. Descansa.

Los escombros corren calle abajo.

Calle abajo está la muerte.

Las mujeres mueren a manos de un borracho.

La avaricia se cuece en la humedad.

Escarabajo azul. Escarabajo negro.

El edificio es más grande que la sombra, pero más débil.

Viene para abajo. Ya viene.

La sombra asola la música que se mezcla en las calles.

La madre camina con sus pies de mármol la desesperanza.

Y los lirios descienden. Caen.

Y el niño es mecido como un edificio que se cae.

Catástrofe. Azul escarabajo.

Es cierto, la poesía muere cuando muere alguien. 

Pero por lo menos deja que los hombres conversen en las calles.

Sic. […]

Amo, creo y espero;

y poesía, no destrucción, necesita el hombre.

 

 

si hallé la paz

mi tiempo no fue en vano

 

¿cuán fuerte fue mi corazón,

si resistió

los embates del destino

y amó y construyó un hogar

pese a demandas, yerros y tropiezos?

 

si hallé amor

mi tiempo no fue en vano

 

si hice amor

creé amor

si dije amor

creé amor

 

si mi fe no mermó y se aferró

adolorida

a mis demandas

y me resistí a creer que el destino propio

se construye en perjuicio

de mis semejantes

mi tiempo no fue en vano

y no lo fue

 

 

hay un parque inexplorado por los versos

y un poeta

presto a encontrar el instante

en el que la gente

espera un sueldo

y se percibe desolada

en esta época 

que he desperdiciado

obsesionado en la palabra

en los versos sobre versos

a lo Hölderlin o Eliot

ha habido gente que no ha podido

regresar a casa

que lleva polvo y miedo en los bolsillos

que se ocultan de sí mismos

como en bolsas plásticas un muerto

ha habido tanto que ver y observar y escribir

que he desperdiciado cada instante

en la envidia o el subtexto

ha habido tanto que ver y observar y escribir

tantas familias poco trabajo y ningún sustento

una tienda de zapatos donde una joven

ruega convertir al transeúnte en cliente

una tienda de tristezas una tienda de esperanzas

un merendero de madera y olor a grasa

con la gente exacta para comprar una baleada

la comida más barata

tanto que ver y observar y escribir

mientras yo desperdicio mi tiempo

al negarme sujeto y testigo de una época

que sólo vivo en mí

 

 

 

El secreto de mis ojos (2014)

 

 

1

hacía viento

y las estrellas en la noche perecían

pero oí su voz

y vi el camino

de plata degastado

frente a mí

 

la he visto detenerse

-me dije-

frente a las calles 

y volar como mariposa sobre el agua

 

de sus sandalias mojadas perdoné

el agua que corría

sobre las estrellas atrapadas

 

en sus tobillos

también había un camino

el mayor comienzo

una pequeña constelación romana

 

pero yo sabía que al hallarla

las estrellas atrapadas

borrarían

en lo más alto del cielo

las dos castañas

que invoqué

por aquellos años

que nunca transcurrieron

 

busqué

y te busqué en los libros

que se abrían y cerraban

como un cuerpo

 

te busqué en todas las mujeres

virtuosas y rameras

bajo el relámpago

 

un camino degastado

como una vieja y usada cama

 

pero hacía viento

y cada vez más viejas

las hojas se apuñalaban en la tierra

 

2

pero yo te habría construido el mismo muro

y te habría elegido y confinado

a errar del otro lado

yo lo habría construido

como un canto

altísimo

como este amor

te lo habría construido

de un alto telón de lluvias

de nuestra vida

diluida en el aire ciego

como el universo

te lo habría construido

o con tu propia indiferencia

 

3

y supe por vos que eras capaz de gestar la vida

en las pupilas de cualquier extraño

y te vi rejuvenecer los cielos

como si los días felices hubiesen vuelto

 

 

4       

porque sonríes siempre te amo tanto

porque sonríes siempre el cielo es joven y los días felices vuelven

y si viene el día, si por fin viene,

y los dos soles del este resplandecen en tus ojos 

diles que no volverás

y si oyen tu voz como yo la oigo

diles que la voz que oigo no es la tuya

tuya como este día que acaba

en donde los ángeles pierden sus plumas

y los cisnes su brillo

y si aún sonríes

y vuelvo a verte

deja que te ame

y que anhele un cielo joven

y tu voz en mi memoria

 

13

fuiste el primer verso antes que Madeleine

antes que cayera la colilla del cigarro bajo el décimo árbol

y extinguieran la poesía los poetas del planeta

fuiste el primer verso antes que pudieras dármelo

fuiste el primer verso en mi cabeza

la forma y la apariencia que escondí en palabras

antes de que comenzara la tormenta y emigrara un pájaro

fuiste el primer verso, mi necesidad primera de expresarme,

mi necesidad primera de buscarte y hallarte

los ojos castos que logré esconder de Madeleine

la pureza que escondí de la carroña

el amor que había desprestigiado

por vos inventé un lenguaje y un estado de ánimo

para burlar a Madeleine

y creyera que yo era un hombre desdichado

para burlar a la poesía y creyera que era un poeta nato

para engañar a los amigos que acabaría en un psiquiátrico

fuiste mi mejor pretexto para esperarte

antes que las piedras, flores, árboles y lagos,

fuiste antes porque al esconderte solo yo podía hallarte

porque al no amarte, nadie podría amarte

porque al no amarte nadie, vos podrías, quizás

volver al lado que nos fue destinado

como le ocurriera a Malina en Los inacabados

cuando fue Marissa en un relato apenas bosquejado

 

16

trátala como a una mujer atardecente;

y en sus muslos

sé Aretino el lujurioso

y disfrázate de Bécquer, 

a sus latidos dale un nombre,

y a su cuerpo hazlo tuyo

como has hecho tuyo el mundo;

agradece a Dios por su cuello de mujer

-o a Renoir, que es el otro-,

y por sus senos redondos y calientes,

deja que pase el río

y que el amor se esfume cuando el jadeo llegue

 

17

he ansiado verte

salir invicta

de un verano sometido a nosotros

he ansiado vencer la arena y las calles y cada rostro

que encuentre repetido

en otros rostros

al avanzar hasta nosotros

 

22

labios que jamás besarían estos labios

solo he perdido un nombre

y de haber perdido tanto

tantas cosas

dignas del recuerdo

diría que solo he perdido

si he perdido tu nombre

 

23

pero yo también tuve derecho a esos labios

y sin embargo besaste a los más fuertes

yo también tuve derecho a tus manos

a tu cuerpo blanco

de Vigée- Lebrun

entre mis manos

tuve derecho a cada rizo

a pronunciar tu nombre

y sin embargo besaste a los más blancos

a esos que no fueron jamás ceniza

ni escombros

ni charco

y pregunté

a los hombres más sabios

que encontré detrás de las colinas

¿por qué tu aroma parisino

y semblante de garza

buscó, siempre, lo más alto?

 

25

y fuiste todas las mujeres

como un libro es todos los libros;

y sobre el pavimento cálido,

sobre la arena,

sobre cada superficie

de cada continente,

te construí para habitarte.

 

26 

Se tensa desde sus entrañas,

sus vellos se adhieren al aire,

tiemblan como el oro;

a la puesta del sol su cuerpo se abre,

abre y cierra la única puerta

donde, tendida en cama, se convierte en Casiopea.

 

27

cada mujer que besé era una ola devuelta de tus labios

y me obstiné en besarlas a todas

como si de verdad besara, y me sintiera amado, 

y besé a todas las mujeres,

virtuosas y rameras,

pagano ante la debilidad,

en ellas el sabor de tus labios se había diluido,

a gotas besé tus labios, a micras los besé,

con cada mujer besada sentí más cerca tu presencia,

iba muy rápido, y amaba,

besaba a todas,

a las bocas pájaros que volaban,

a las bocas peces que me hundían,

a las bocas desamparadas,

y a las bocas agrias,

besé a madres milenarias,

y besé a tu ascendencia y descendencia,

a la mujer del este,

a la mujer del sur, tan cálida

como la del norte,

a la mujer oeste la besé cabalgando rápido

entre las llanuras del pasado,

pero también la besé en los prados

y en auto por las calles,

el futuro había llegado,

de beso en beso, había llegado,

las besé a todas,

y hubo bocas perezosas que

besé de día y de noche,

bajo el agua,

en la orquídea y en los campos bifurcados,

besé a las que parecían relámpagos,

a las que, eternas,

me mostraron una dosis de tus labios,

las besé,

y no sólo besé sus bocas,

también besé sus páginas,

sus huecos, sus moradas,

besé todas las partes donde Dios

se consagró en Dios,

las besé a todas, a manera de avalancha,

besé su ahogo, su espasmo y su espinazo,

besé sus ojos y olfateé sus párpados,

las besé en todas partes,

por momentos  
tu cuerpo florecía en un instante, 
pero seguí extraviándote,
y mi boca arrasó con cada cuerpo,
un Armagedón de besos 
para hallar a la única mujer que no besé
y por quien besé a todas.

 

28

De borrador en borrador, 

rescribiendo el mismo poema

durante años,

viéndolo cómo fluía y se escurría cada verso;

durante años lo forjé como un puente,

durante años lo forjé en guerra,

uniendo idea y forma,

pasado y presente,

uniéndolo como un canto de agua que pasa cuando pasa el Sena.

Gustavo Campos (San Pedro Sula, 1984) es poeta, narrador, ensayista y crítico literario. Sus trabajos han sido publicados en diarios y revistas de Honduras y en prestigiosas revistas internacionales como Carátula, revista cultural centroamericana (Nicaragua); Caravelle (Université de Toulouse, Francia); Círculo de Poesía (México); La Galla Ciencia (España); Panorama de las Américas, revista de Copa Airlines (Panamá); Narrativas, revista de narrativa contemporánea en castellano (España); Ágrafos, revista de cultura arte y política (EE. UU.); Revista de la Academia Hondureña de la Lengua, entre otras. En 2010 formó parte del proyecto 1975. Antología-catálogo del futuro de la literatura en español. 50 autores representativos de la producción literaria joven de América Latina y España, dirigido por el escritor y crítico literario Jorge Carrión, que comprende nombres importantes de la literatura contemporánea como Elvira Navarro, Elena Medel, Lucía Puenzo, Santiago Rocangliolo, Rodrigo Hasbun, Alejandro Zambra, Andrés Neuman, entre otros. En 2017 fue incluido en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, los 23 escritores más representativos desde Canadá hasta Argentina nacidos en la década de los ochenta. Su obra ha sido traducida parcialmente al inglés, alemán, francés y portugués. Ha sido incluido en las antologías Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana, del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017 (Fondo de Cultura Económica de México, 2011); 4M3R1C4 2.0. Novísima poesía latinoamericana, de Héctor Hernández Montecinos (España, 2017); Voces de América Latina I y Voces de América Latina III, compilación de María Palitachi (EE. UU., 2016); Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana, compilación de Sergio Ramírez (GEICA y Goethe Institut Mexiko, 2014), publicada en alemán con el título Zwischen Süd und Nord. Neue Erzähler aus Mittelamerika (Unionsverlag, Zürich, 2014); Literatura Experimental África vs América Latina (Camerún, 2017); Conjuro y concilio. Narrativa fantástica centroamericana (UNAM, México, 2017); Voces del vino (EE. UU., 2017); Tierra breve. Antología centroamericana de minificción (Federico Hernández, El Salvador, 2017); Homenaje a Raúl Zurita (La Galla Ciencia, España, 2017) y en la Plataforma Virtual Proyecto Arraigo/Desarraigo, veintitrés escritores de la literatura joven del continente americano nacidos en los ochenta. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Habitaciones sordas (Guatemala, 2005); Desde el hospicio (San Pedro Sula, 2008); Bajo el árbol de Madeleine (edición digital, 2010); Los inacabados (San Pedro Sula, 2010); Katastrophé (San Pedro Sula, 2012); Entre el parnaso y la maison. Muestra de la nueva narrativa sampedrana (San Pedro Sula, 2011); Cuarta dimensión de la tarde. Antología de poetas hondureños y cubanos (coedición, San Pedro Sula, 2011); Tríptico del iris de narciso (San Pedro Sula, 2014). Es ganador del Premio Hibueras, auspiciado por las Embajadas de Francia, España, Italia, Alemania y la Delegación de la Unión Europea en Honduras: en 2006 obtuvo el tercer lugar en la rama de narrativa, con Los inacabados, y en 2013 el segundo lugar en la rama de poesía, con Tríptico del iris de Narciso. En 2016 se le otorgó el premio único del VII Certamen Centroamericano de Novela Corta, otorgado por la Sociedad Literaria de Honduras y la Dirección Ejecutiva de Cultura y Artes por su novela El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot, publicada en España por la editorial Nana Vizcacha, Madrid. En 2018 la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, La Ciencia y La Cultura (OEI) y la Dirección de Cultura y Artes le otorgaron el Premio Nacional «Honduras, Cultura y Artes 2018» en la categoría «Literatura» por su amplia trayectoria. Además, Gustavo Campos es un autor reconocido en los círculos literarios y académicos de Honduras y Centroamérica. Su obra ha sido incluida en el Seminario de Literatura Centroamericana de la California State University Northridge por la artista y crítica literaria PhD. Beatriz Cortez. Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017, escribió lo siguiente: «El joven escritor hondureño Gustavo Campos destaca entre la nueva generación literaria de Centroamérica, y me alegra haberlo tenido entre los invitados a nuestro Festival Literario Centroamérica Cuenta. La publicación de esta novela (El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot) suya en España, representa un escalón más en su naciente carrera, para la que auguro un futuro brillante.

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