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Breve antología poética


Por Gustavo Campos

¿Arte poética?

 

Aquí comienzo y aquí termino,

y encadeno el tiempo,

atando gusto y duda,

y me digo que jamás habrá poema que satisfaga el gusto,

lo pienso, y lo repienso,

sin la ilusión de renombrarlo nuevamente todo.

 

El asombro muere.

Los niños y las madres mueren en mi párpado.

 

El asombro es como un párpado que combate al enemigo.

Y no me asombra el genocidio diario.

Y no me asombra la naturaleza misma del diálogo.

En la médula de la palabra desconozco,

y una forzosa sombra oculta los versos de mis ojos.

Que un pájaro alado vuele en el aire o en el agua o en la nada,

y la mañana adore a ese pájaro símbolo de algo en el espacio...

mientras el aire suspire y se detenga,

mientras capte el vuelo ante la circunstancia,

no importará que una mujer de manos torpes

y tez cansada

vomite sangre sobre la acera

de una calle escheriana;

¡por Dios que no podría en mil vidas ser poeta!

Artaud, Michaux, József, Celan,

no me dieron las herramientas ni la llave

para ser un verdadero poeta de Latinoamérica.

 

Si no leo, es porque me arrepiento de leerlo.

Y cuando escribo, dudo de su trascendencia.

 

Crear es discurso opuesto.

 

De igual manera, me negaron herramientas.

La llave quedó oculta en mi otra casa.

Y mi casa es el cansancio, tu destino humano.

 

Cuando eliges ser espía,

eliges, también, ser lacayo.

Si es Dios quien te elige,

aprenderás de tu infinito desengaño.

 

El trabajo ahoga el hombre.

¡Tripalium!

¡Tripaliere!

(El latín es sectario.)

 

La miseria es el moderno engranaje de la ciudad urbana.

¿Pero cuándo comenzó su ritmo?

¿Cuándo ofreció algo más que balas?

 

Cuando esta ciudad te sentenció, tenía labios sonrojados

y un papel en movimiento

y el humo violeta

que nace cuando

una familia ha sido despojada.

Pero todavía respirabas...

Y si te escondes como una palabra

en la intimidad del pensamiento,

no es don, sino pereza;

y la ciudad y el banco y el árbol que antes te inspiraban,

serán arrebatados.

 

¿Las has conocido en la intimidad del pensamiento?

Sendas ajenas a nuestras voluntades.

Construyen una historia, y otra historia, y una sombra,

y se destruyen y se cortan y recortan con sus tenazas de mantis

religiosas,

y las oigo, como una sombra que cae recortada su corteza,

y las oigo cuando ya no quiero oír nada,

son el aguijón de una abeja echando su veneno en mi cabeza,

y las persuado de que salgan, huyan, corran,

y se adentran, me entrañan, me atormentan,

un pensamiento se renueva,

se retuerce, truecan,

nuevas sendas, nuevas tramas, nueva nada,

donde yo comienzo, concluyen,

cuando comienzo a pronunciarlas,

otro pensamiento nace solo para denigrarlas,

se hurtan sus harapos como cualquier ser humano,

y en mi mente termina el mundo,

la vida como la conocemos no entra más,

todo lo que veo y disfruto,

cada sabor y cada textura desaparece en la palabra,

el vino, el helado y la manzana

mueren sin haberse trasmitido,

la sensación queda estática,

y la alegría y el abrazo

son como la sombra de un árbol

o como la brisa fresca de la montaña,

que mueren donde muero yo,

junto a la percepción muere la sensación

y muero yo como un Keats sudaca.

 

La agonía no es mayor sino terrible

para quien no es capaz de trasmitirle

al mundo

lo que otros poetas miran y descubren.

 

Sin embargo,

pese a mi torpeza,

una pesadilla se anuda en mi mente,

una pesadilla bicéfala:

mi fe se deshace como pan en la taza de café;

desconozco cuál es la segunda cabeza.

 

Mi espíritu y el verso son sendos témpanos.

La poesía es un iceberg que oculta el talento

bajo el cieno de Latinoamérica.

 

Y es como si sintiera náuseas por mí mismo,

como si por mis venas no corriera sangre,

como si no existiera mi mirada,

cual objeto limitado por mis percepciones.

 

Que admire a la poesía, la envidio.

Que admire a los poetas, los desprecio.

Que ame al hombre, me apena.

 

Un hombre que relata su poca inteligencia

y se estruja en su yo

es un necio obstinado en dejar que el agua corra

antes que su obra abra la bóveda de las interpretaciones.

 

Si me aceptara tal cual soy,

y prefiriera decir ya basta,

si dijera por fin lo que otros callan

diría:

si he sido amable y afectuoso

se debió a un trastorno;

nunca he dado amor, aunque haya sido mi mayor proyecto,

si lo he recibido, lo he incubado, masticado y escupido,

devolviéndolo al deseo de tener amor,

el amor no es más importante que el deseo del amor.

 

Como Wallace limpio la luz de la luna como si fuera lodo.

 

Un zancudo me distrae y olvido el apego del hombre a su fe.

Los poetas son como zancudos: enferman.

 

Tantos versos por destruir en mi cabeza.

Tanta pasión insana en los libros.

 

Vean el mundo y saboréenlo como yo lo muestro.

 

Ay, Poetas, debían arruinarlo,

anidarse en sus memorias y traumas,

disfrazarse de espejo,

saltar el muro,

coleccionar rastrillos y barrer las hojas muertas,

y ya muertas darles vida nuevamente

para recomenzar el ciclo.

 

El ritmo es una flor ennegrecida.

Un cuerpo tendido en una cama.

 

Ustedes que hicieron el cuerpo

e hicieron la nada,

que reinaron la historia de la sangre

con algunas palabras,

¿qué es la poesía sino la muerte de algo o alguien?

 

Antes que termine mi tiempo,

aquí comienzo,

aquí,

con una palabra que se destruye cuando pienso...

 

De tigres y otros signos

 

pero yo conozco un tigre que se resignó a rugir frente al mar

su gesto vencido de olas relamidas

desaparecía ante las piedras como el signo en la carencia

un hombre era el tigre y su ahogo el mar

he visto cómo cabalgan los hombres hechos de un trazo

los he visto en un vano intento subir la escalinata de sombras

y borrar egoístas su único rasgo

¿dónde está su fuerza, en la fatiga?

hombres que escalan el vacío se desarman

los he vito poner el pie sobre la oruga y transformarse

los he visto en la misma situación de un hombre que se masturba después del acto

sobre una hamaca o dentro de un cuadro abrazarse

crecerse

subir una colina hasta desintegrarse

el destino del hombre es desaparecer sin llegar a alzarse

en ambas direcciones divergirse

pero aparece un dedo dentro de la imagen

antes de disolverse aparece

le ha faltado el presente en su vida

no había llegado siquiera a conocerse

se ha fallado a sí mismo

a veces piensa que es hora de reponerse

hombres se retuercen en la imagen

dan señal desagradable

pero yo conozco un hombre azotado por el mar

y ese hombre azotado ante el rugido imperecedero

se decía a sí mismo:

para estar enamorado

sé lo que es estar vacío

 

 

Paisajes fracturados

 

Me asignaron ser el último heredero de la peste y respiré en lo más hondo,

en lo más hondo

de un sol caído. Suspiré la brisa en la miseria y me llamaron monstruo.

Monstruo porque donde hubo rostros imaginé el mío. Monstruo porque de mis suspiros cenizas recibieron. Jamás me interesó hablar de pobres.

Siempre oscurecí los nombres y me enternecieron los locos. Me eligieron yerro y pecado.

Fui capaz de corromper al hombre.

La corrupción del hombre borra la huella del fracaso.

Monstruo porque dejé la amapola en la piedra, la piedra en la sombra, su sombra en la luz.

Fui mi umbral de ruina y mis sobras la tierra

y mis lenguas la vida.

Monstruo al fin y al cabo porque ninguna estructura pudo acreditarme; porque jamás supliqué a la sombra no derramarse

en los párpados rojos

de un pueblo que sabía la hora exacta de su muerte. No dejé a un pueblo mirar por mis ojos.

La esperanza castiga los sueños opresores. Soñar es un obstáculo, no un principio.

Y destruí, porque ese era mi comienzo. Mi destino. Devolver

la belleza a la belleza despojándola de su silueta estilizada de pústulas y úlceras

de mármol de carne saludable.  Y la escuché gritar. Después gemir. La violación es un acto

de absoluta sinceridad.

El pensamiento es mi verdugo.

Grité un poema y nació la ciudad. Un valle de zorzales y ángeles zanates.

Me juzgaron despectivos…

…y me aislé.

Una variedad de voces fluyó y este acto fue su inicial argumento contra mí.

Hoy mis ojos sin vida miran sin regreso. Monstruo. ¿Para quién? Monstruo sin mayor explicación.

El implacable verdugo degolló el sentido.

Ningún silencio pudo. Ningún grito. Ningún cuerno pudo asemejársele.

La conciencia es un destino inevitable.

¿Quién en este mundo soplará el cuerno de la catástrofe?

¿El hombre? Pero sí él debe desaparecer sin llegar a alzarse. Aparecer dentro de la imagen.

Debe volver en otros ecos.

Ha sido el pensamiento… He sido. Me obligaron…

La confesión es invención del hombre. Y ese camino debe ser borrado.

Una vida ajena es un viaje anticipado. Algunos lo entendieron,

pero un hombre repitió las frases que debían olvidarse.

Las mismas de ataño. Y dijo, solemne, apocalíptico, angustiado, trágico:

Me asignaron ser el último heredero de la peste y respiré en lo más hondo,

en lo más hondo

de una orquídea, cuerno de luz y sangre…sol de un valle!

 

 

 

 

Atados a sus lágrimas

 

El patio del hospicio es como un banco.

Jacobo Fijman

 

Ellos murieron vagabundos, creyendo que los enfermos no

amaban.

En el lugar más alto todos son amigos de la muerte.

Rechazaron las estrellas, esos cadáveres altos, luminosos.

Dormían

con la sangre a mano

atados a sus lágrimas: la locura los abandonó.

Ahora podrán cortarse en pedacitos, arrancarse labios,

ensuciarse manos,

morderse como si cada uno fuera una manzana

y es amor, no matanza.

 

 

Retrato de quien espera un pájaro

 

Seguid vuestro camino

como yo sigo el mío.

Jacques Prévert

 

Nunca me conmovió el dolor de un desconocido.

Egoístamente

hice mis retratos de hombre atribulado;

había algo bello en desanimarme,

en ignorar,

¿pero qué es el bien?

¿cuál el egoísmo?

Nunca me conmovió el dolor de un desconocido.

Vi sueños borrándose en las calles, como pavimento cubierto

de tendidos cuerpos fríos y

destruidas cajas.

Caminé sin inmutarme, borracho,

pensando en mis fracasos,

esperando que uno de ellos reclamara mis entrañas,

mi sangre,

y se fuera sonriendo, amargo, como yo,

a esperar un pájaro, una llaga,

un llanto.

 

Confesión a Vallejo

 

Yo fui uno de ellos, les conseguí la soga.

Quise darles un cuchillo, lo desecharon.

Siguió lloviendo.

Sin remordimiento le di con piedras.

Esa vez no fui cobarde. No anduve ebrio.

Hoy sé que fue poeta, no me arrepiento,

porque a ellos hay que sacarles su huésped.

El golpe de un palo no es más doloroso que escribir un poema,

una cuchillada no es más mortal que la soledad,

aun muerto sus ojos seguirían muertos.

Estaba solo, como en un cuarto.

Siguió lloviendo. El frío conservó intacto su dolor.

Y siguió lloviendo.

 

 

Q20

 

No soy más poeta, sino un hombre.

Seguid mi construcción entonces.

 […]

Escarabajo azul.

Las lágrimas son libres.

Y la sonrisa es tuya como un campo libre.

Y el amor es tuyo en este valle de muerte.

Escarabajo azul.

La poesía muere cuando muere alguien. 

Las avenidas van y vienen.

En el tiempo convergen las calles.

A cien metros la cantina. A diez metros la muerte.

Escarabajo azul.

Es cierto, la poesía cuando no muere tiene guantes forenses.

El moderno edificio ¿Sabes dónde se esconde? 

Diríase que en una ciudad se protege el misterio.

Como el tiempo que está sin tiempo.

Escarabajo azul. Escarabajo.

Las pestañas crujen como robles.

Escarabajo azul. Escarabajo.

Deja que los hombres conversen.

Un lirio desciende.

Y es mecido por su madre en el viento.

Bajo el sol yacen los cuerpos.

Bajo el sol se hunden.

Aquí sólo la noche florece.

¡Ah! ¡Las nuevas calles…!

Es preciso recordar que donde

un hombre muere,

estuvo la mano de otro hombre… 

Las pestañas crujen como robles.

Un lirio es mecido por su madre en las afueras del valle.

Escarabajo azul. Escarabajo negro.

Una montaña nos vigila con sus árboles.

La noche se hunde en los bordes de la muerte.

Se hunde en lo profundo del instante. 

Escarabajo azul. Escarabajo negro. Gris es el nombre.

Recordemos el abrazo sólo cuando es preciso recordarlo.

¿Nos bastan nuestros ojos para creer en el milagro?

¿Nos bastan para cargar un hombre?

Los lirios descienden en el valle.

Descienden. Escarabajo azul. Y más escarabajos.

Cruel es la poesía y cruel la cruz. 

Las lágrimas son libres.

Pero tu sonrisa no.

Ya no es tuya como un campo libre.

La pérdida es la otra sombra que envuelve al hombre.

Como robles crujen.

Se rompen como robles. Se rompen las pestañas.

La ternura es un lago limpio y el viento ha sangrado.  

Pero el tiempo tiene la otra mano de la muerte.

El sol muere y las hojas mueren al morir un pájaro.

El hombre es ausencia.

La corbata guía al hombre al automóvil y el timón lo guía hasta su casa.

Su casa es como la muerte.

Una gota se abalanza. Ya viene. Ya viene. Descansa.

Los escombros corren calle abajo.

Calle abajo está la muerte.

Las mujeres mueren a manos de un borracho.

La avaricia se cuece en la humedad.

Escarabajo azul. Escarabajo negro.

El edificio es más grande que la sombra, pero más débil.

Viene para abajo. Ya viene.

La sombra asola la música que se mezcla en las calles.

La madre camina con sus pies de mármol la desesperanza.

Y los lirios descienden. Caen.

Y el niño es mecido como un edificio que se cae.

Catástrofe. Azul escarabajo.

Es cierto, la poesía muere cuando muere alguien. 

Pero por lo menos deja que los hombres conversen en las calles.

Sic. […]

Amo, creo y espero;

y poesía, no destrucción, necesita el hombre.

 

 

Desde el hospicio

 

 

Me alimento de poetas
que fracasaron en su vida,
de aquellos que prefieren un verso
a los labios de la mujer que aman.

De los que construyeron a la orilla del mar la fe,
como de la soledad su tumba. De aquellos a los que no dije:
las esperanzas son un laberinto disfrazado de atajo.

De a quienes les soplé una órbita de tristezas
y quedaron atrapados
en el centro del misterio, como dentro de un remolino.
De esos me alimento.

Soy bestia: lanzo pecados.
Derribé gigantes en la era de David.
Convertí en monstruos los molinos
y las piedras en pan.

Soy el sol que entra en los humanos,
y después, cuando ha recorrido su cielo,
les deja un monstruo por ocaso.

Escojo, al azar, poetas
y los convierto en tristes o exultantes.

Me alimento de poetas
porque ellos creyeron que me hacían cuando sólo fueron mi reflejo.

 

Del comienzo de los hombres

 

en los jardines crecen muchos árboles,

algunos hermosos

I. I. B.

 

En los jardines crecen muchos árboles, dije,

y los hombres comenzaron a creer y

decidieron conocerse;

en los jardines no todos son árboles, dije,

y los poetas comenzaron a creerse importantes;

en los jardines no todos son poetas, dije,

y escondieron las semillas y ramas y raíces

que otros hombres descubrieron;

no todos los poetas pescan peces vivos y sirenas,

algunos pescan resfriados y otros enfermedades venéreas,

otros hablan de Mairena y Molina y reconocen

la poesía como diálogo.

Hay árboles que nacen en bosques salvajes

y otros que con ser un árbol son bosques salvajes,

y estos se reconocen, como Bulnes;

otros crecen en las calles

y evaden la vida sólo cuando es demasiado sofocante;

en los cementerios crecen muchos árboles,

algunos nacen para abajo y se liberan de pasados,

dialogan con Pound, Eliot y Panero, o con el viejo Vallejo,

otros son hermosos, tan hermosos con su sombra

que sosiega y enternece y brillan oscuros en las noches.

 

 

Puente nocturno

 

hundirme hundirme deshacer mis rasgos

Tomás Segovia

 

Al ver un águila ves una porción de genio.

W. Blake

 

cuando la tempestad no abre los sellos

y los brazos del sitio se mantienen cerrados

errar es el único sitio el río su único camino

que engaña a alguien ajeno ya ajeno

sumido en la oscuridad en las horas

un árbol de calamidad condena los ojos

alimenta las visiones y deshace los recuerdos

cuando se ha dicho amor

sólo para expulsarlo de las bocas

y dejarlo en soplo en palabras en lágrimas

a merced del tiempo de nada

esperando que caiga el árbol de una hoja

y roer la coherencia desde las garras del águila

muriendo a pesar de las voces

que surgen como el humo en la razón

y el relámpago es un puente que transitar de noche

la indiferencia  es como un rostro y el mañana las piedras de tropiezo

la raza de diálogo de monstruos

fijará sus ojos alegremente solos

como Artaud antes que él

la demencia roe con sus dientes de acrimonia la esperanza

al hombre mismo a la palabra

hay que escucharlo de la misma manera

como hay que ver un rayo

y en la espera se deshacen los propios rasgos como se borra una huella

 

16

trátala como a una mujer atardecente;

y en sus muslos

sé Aretino el lujurioso

y disfrázate de Bécquer, 

a sus latidos dale un nombre,

y a su cuerpo hazlo tuyo

como has hecho tuyo el mundo;

agradece a Dios por su cuello de mujer

-o a Renoir, que es el otro-,

y por sus senos redondos y calientes,

deja que pase el río

y que el amor se esfume cuando el jadeo llegue

 

27

cada mujer que besé era una ola devuelta de tus labios

y me obstiné en besarlas a todas

como si de verdad besara, y me sintiera amado, 

y besé a todas las mujeres,

virtuosas y rameras,

pagano ante la debilidad,

en ellas el sabor de tus labios se había diluido,

a gotas besé tus labios, a micras los besé,

con cada mujer besada sentí más cerca tu presencia,

iba muy rápido, y amaba,

besaba a todas,

a las bocas pájaros que volaban,

a las bocas peces que me hundían,

a las bocas desamparadas,

y a las bocas agrias,

besé a madres milenarias,

y besé a tu ascendencia y descendencia,

a la mujer del este,

a la mujer del sur, tan cálida

como la del norte,

a la mujer oeste la besé cabalgando rápido

entre las llanuras del pasado,

pero también la besé en los prados

y en auto por las calles,

el futuro había llegado,

de beso en beso, había llegado,

las besé a todas,

y hubo bocas perezosas que

besé de día y de noche,

bajo el agua,

en la orquídea y en los campos bifurcados,

besé a las que parecían relámpagos,

a las que, eternas,

me mostraron una dosis de tus labios,

las besé,

y no sólo besé sus bocas,

también besé sus páginas,

sus huecos, sus moradas,

besé todas las partes donde Dios

se consagró en Dios,

las besé a todas, a manera de avalancha,

besé su ahogo, su espasmo y su espinazo,

besé sus ojos y olfateé sus párpados,

las besé en todas partes,

por momentos  
tu cuerpo florecía en un instante, 
pero seguí extraviándote,
y mi boca arrasó con cada cuerpo,
un Armagedón de besos 
para hallar a la única mujer que no besé
y por quien besé a todas.

 

28

De borrador en borrador, 

rescribiendo el mismo poema

durante años,

viéndolo cómo fluía y se escurría cada verso;

durante años lo forjé como un puente,

durante años lo forjé en guerra,

uniendo idea y forma,

pasado y presente,

uniéndolo como un canto de agua que pasa cuando pasa el Sena.

Gustavo Campos (Honduras, 1984). Poeta, narrador, ensayista. Premio Único del VI Certamen Centroamericano de Novela Corta 2016. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán y portugués y aparece en antologías y revistas del continente americano, europeo y africano. En 2010 fue invitado a participar en el Proyecto “1975”. Antología-catálogo. 50 autores representativos de la producción literaria joven de América Latina y España por el crítico y novelista Jorge Carrión.