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Selección poética


Por Eneida Incer

I.

 

Una vez este cuerpo tuvo piel,

Una silla donde descansar,

Una mesa con manteles elegantes

Y unos meses en el calendario

Que se fueron volviendo muy delgados,

Tan sin marzo, tan sin mayo, tan sin labios...

Más de una vez el amor esculpió mis poros,

La puerta que parí,

La cama silenciosa que se amó con los cuchillos, 

El ojo del deseo descubriendo el pastizal

Donde yo puse las ganas y vos serviste el café.

Alguna vez expulsé -también- a Dios del Paraíso

Manché de luz las palabras y corregí la caligrafía en tu cuerpo,

Me senté junto a las acacias a esperar el pensamiento

En el que tu nombre incendiaba mis honduras

Y anunciaba los misterios del deseo.

Más una vez, enterré el corazón en la hierba,

Lo alimenté con piedras,

Lo até a las raíces del otoño

Y con tus costillas le abrí los ojos

Lo lavé con llanto,

Lo invité a morir.

 

 

  

 

II.

 

Qué hará la calle sin tu talle,

Mis ojos sin las ganas que provocas,

El cementerio sin las palabras que no sé decirte.

Qué hará el amor sin ese cigarro después del sexo,

El Astro sin la bandeja de las frutas,

El tono azucarado de la voz sin ese traje tuyo,

El mar sin las marinas sílabas del deseo,

La mesa sin cuchillos que partan los recuerdos.

Qué haré yo sin la lluvia que me moja,

Sin tu silueta arañando las palabras,

La sal, el hálito, la brizna,

Las metáforas azueles

Que a gritos te susurran me desnudes 

De un bocado y sin jardín.

Qué hará la herida sin la cama que la teje,

Este pecho vacío sin la entrega,

El tiempo sin adioses que ten la bienvenida.

Qué haré yo si el domingo

Se convierte en ausencia interminable,

Si el martes discute con el jueves,

Si tus pasos resbalan en el tacto que me invade

Y el pudor -faltándome el respeto- me besa las mejillas

Y me hace una cena con sabor de cicatriz.

 

 

 

Breviario de las horas

I.

Emprendimos el camino del misterio,

es decir, de la ausencia,

a este prodigio le llamamos milagro.

Rezando el breviario de las noches

descubrimos la desnudez y sus primicias,

tenías dieciséis.

En las plazas escondidas de Antwerpen

ensayamos un asalto a tu espalda,

codiciamos nuestros sexos,

fornicamos en las calles de París y Ámsterdam,

tenías veintitrés y dieciséis.

Declarados herederos de Walt Disney,

tomamos cerveza de guayaba,

desayunamos una cereza a dos cuadras de tu ombligo,

supimos de la sal del Holocausto

Y lloramos en la tumba de Lenin.

Rezamos (con fe) a los dioses morenos

escuchando las canciones de McCartney,

paseamos por Moscú

y con empirismo escribimos la palabra alegría.

Jugamos a las cartas,

leímos a Saint-John Perse,

nos restregamos contra la ausencia,

fuimos más allá del tiempo:

hasta la última luz del día,

tenías veintitrés.

Fabricamos la espera de una imagen tuya,

pronunciando un nombre falso injuriamos el deseo,

santificamos la idiotez en una iglesia,

escribimos un epitafio: nos sentimos ancianos a los veinte.

Regresamos a Kinshasa,

adoramos a Quetzalcóalt

sembramos flores en el pasto

y  a esta simpleza le llamamos esperanza.

Nos convertimos en sombra de tu sombra, sombras,

nos aferramos a todos los excesos,

cometimos todos los pecados,

todos menos uno:

olvidarnos.

II.

Amanece otra vez y jugamos,

en la calle dos niños juegan,

amor se llama el juego.

 

 

 

Pronombre abstracto

 

No me son ajenas ni la ruta del agua,

Ni la estación de los vientos,

Ni las horas en que la escarcha

Cobardemente amenaza al amor.

Tampoco me es ajeno el limite de tu pelo

Donde los versos se suicidan

Y enmudecen si te ven llegar.

Cada mañana desde que te fuiste,

Siembro en la memoria adjetivos y adverbios.

En cada poro tuyo recojo verbos y silencios,

Parto a rebanadas las silabas de tu nombre

Lo llevo a mi boca

Y te siento palpitando

Como el verso que se ama y se desnuda

Dentro del poema,

Pero solo hay vocales herrumbradas a mi paso

Y el pronombre abstracto de esa imagen tuya.

 

 

Si la guerra y la muerte

Me sorprenden lejos de tu vientre,

Si lejos de tus caricias,

Me sorprenden,

Envuélveme en recuerdos,

Restriégate contra la tristeza,

Adhiéreme a tu pecho.

Si la asesina muerte,

Tirana y genocida,

Me salta de esta forma tan amarga

Pero justa y honesta,

O me apresa sin el tiempo necesario

Afilar mi último grito,

Escribir mis últimos versos

Y solo puedas llevar entre tus manos

Mi ausencia,

Siembre mi nombre sobre la tierra

Y con mi sangre escribe al viento

Las palabras

Sol

               Petalos

                            Agua

Casa

                Patria

 Liertad

 

 

 

Debajo del amor

 

Debajo del amor, surge una duda;

un pedazo de nombre tirado en el camino.

Me escondo bajo la luna,

para que el enigma,

no me desgarre con el alba.

Hay mundos más felices

que esta tristeza que bate sus alas de plata,

un canto menos herido por las sombras,

una azucena menos inconforme,

gravitando en la quietud.

Estoy aquí,

al otro lado del Paraíso,

hice polvo las estrellas

y volví a la manzana.

Eneida Icner A. Incer (Granada, 1982). Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericana (UNICA, 2016), ha recibido talleres de poesía (UNAN, 2014-2015). LaRevista Senderos (UNICA, 2016) ha publicado sus poemas y ha escrito para el periódico El Pulso. Ha colaborado para la Revista Lastiri como correctora de estilo y es parte del Consejo Editorial de Casasola Editores. Estudió flauta traversa en la Casa de los Tres Mundos y Canto Lírico en esa misma casa de estudios (2010-2015), y formó parte de la Compañía Artística Coral como soprano lírico. Actualmente cursa la maestría en Filología Hispánica en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.