HOMENAJE  

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Gustavo Campos: el poeta más vivo de Honduras

Por Roberto Carlos Pérez

¡Qué difícil es hablar en pasado sobre alguien que está más vivo que nunca! En todas partes y a toda hora me sale al paso la presencia de Gustavo: su socarrona mirada, la elocuencia con la que hablaba y, ¿por qué no decirlo?, cuando recuerdo la tristeza que sentía porque su talento como escritor no le garantizaba la seguridad económica.

            Decía el poeta mexicano José Emilio Pacheco que todos los escritores somos miembros de una orden mendicante. Los que nos dedicamos a este oficio sabemos lo que es irse a la cama sin comer por comprar un libro, nuestro verdadero alimento. Gustavo se fue muchas veces a dormir sin comer.

            Por las tardes, cuando el sol cae, se me viene a la mente la última conversación que tuve con él. No supe reconocer que esa sería nuestra despedida. Sin embargo, Gustavo está más vivo que nunca: cuando en la primavera las azaleas se abren llenando las calles de colores; cuando en las noches de verano el croar de las ranas llega hasta el rellano de mi ventana para decirme que Gustavo está en el más feliz de los lugares, libre del peso de la vida; o cuando en el otoño las hojas amarillean.

            Te fuiste hace un año, amigo y hermano. Extraño nuestras conversaciones, tu amor por la poesía, tus bromas, y la sonrisa que te brotaba aun cuando tuvieras el pecho contraído por la tristeza.

             Seguiré extrañándote siempre. Eres de las personas que no se dejan olvidar.

 

             Roberto Carlos