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El ejército de negros de Morazán

 

Por Alex Palencia

Siempre hemos leído en los libros escritos sobre la vida y obra de Francisco Morazán, que a este lo seguía un ejército formado por indígenas de Texiguat, Reitoca y Curarén, además de muchos soldados salvadoreños. En realidad, cuando uno lee entre líneas y hace algunas relaciones y valorizaciones de eventos, personajes, datos estadísticos, censos, situaciones y sobretodo, cuando se escudriña un poco en la historia durante el tiempo colonial y pos colonial, entramos en dudas razonables sobre dicha veracidad y encontramos muchas confusiones e  incongruencias al respecto. 

Creemos que nuestros historiadores empíricos, con el afán de reivindicar al indígena han sobrevalorado el papel de estos en los procesos independentistas y revolucionarios, desde la colonia a la actualidad, tratando de soslayar la vergonzosa derrota frente a sus colonizadores europeos (españoles). El liberalismo en el caso nuestro, coludido con el cachurequismo de procedencia indígena: manera de pensar y percibir la vida, creada por la familia criolla más poderosa de la región; los Aycinenas quienes junto a Rafael Carrera; incubaron en toda Centroamérica el conservadurismo asociado al realismo mágico religioso y al seudonacionalismo. Y son sus adeptos quienes han falseado la historia de estos pueblos exaltando el papel indígena más allá de la objetiva realidad.

Recordemos que los principales texto biográficos del héroe, se escribieron en la época en que se estaba creando la identidad de los Estados Nación centroamericanos, escritos casi todos por aquellos historiadores empíricos que militaban en la corriente ideológica del liberalismo y quienes estaban empeñados en convertir a Morazán en uno de los fundadores de esa corriente filosófica en Centroamérica. Además, estos estaban alineados con la idea de crear una identidad con un gran componente de la cultura indígena, pues eran descendientes criollos que de esa manera intentan espiar sus culpas, por todo lo que sus padres, abuelos y tatarabuelos habían hecho con los habitantes ancestrales de estas tierras los cuales por siglos sufrieron el  avasallamiento y vejación de los ascendientes españoles.

Aun así, harto comprobado está, que los indígenas de Centroamérica siempre fueron el brazo armado de los colonizadores y sus descendientes hasta el día de hoy. Cualquiera diría que el ejército de Morazán era un montón de indios chuñas como se afirma en los libros, pero se les olvida, que Morazán no era un criollo cualquiera; este como descendientes de italianos y españoles no pertenecían necesariamente a la clase criolla parasitaria colonial.

Juan Bautista Morazani (abuelo de Francisco Morazán), llegó en el año de 1760 a Honduras, procedente de la isla de Martinica. Este había cruzado el mar Atlántico desde  la isla de Córcega Italia al nuevo mundo. Su familia más ancestral había  pertenecido al clan Morazaglia; conocidos en Italia por ser buenos constructores de barcos. Con esa idea se establecen en Centroamérica, específicamente en Honduras, conocida más por la calidad de sus maderas de color: Caoba, Rosa, Guayacán, Roble, Redondo, Ciprés, Guanacaste, Laurel Negro, Nogal, Barba de Golote, Cumbillo, San Juan, Carreto, Cocobolo y otras. Debido a que en la Mosquitia hondureña era un lugar propicio para emprender una empresa como esa: construir barcos.

Para mala suerte para Juan Bautistas Morazani, ya para ese tiempo, esa zona estaba controlada por los ingleses quienes tenían ilegalmente la explotación  absoluta  de la madera en las costas de Honduras y Belice. La Caoba, Ciprés, Rosa y Cedro de la Mosquitia era utilizado para reconstruir gran parte de la ciudad de Londres después ser devastada por el incendio ocurrido cien años antes, del  2 al 5 de septiembre de 1666. Así, gran parte de la madera de la Mosquitia hondureña, fue a parar a los palacios gubernamentales y grandes residencias particulares de esa ciudad.

Se conoce que Juan Bautista Morazani llegó Honduras y que tiempo después llego su hermano José María Morzani. Los hermanos Morazani al ver la imposibilidad de realizar su empresa debido al control de los ingleses en la zona de la Mosquìtia  hondureña, desistieron del proyecto de construir un astillero o atarazana, y; decidieron dedicarse a otros menesteres como la ganadería, la minería y el comercio; negocios que heredó, Eusebio Morazán padre del héroe y quien se estableció en el centro de la ciudad de Tegucigalpa.

Morazán nace el 3 de octubre de 1792, del matrimonio formado por el ciudadano Eusebio Morazán con Guadalupe Quesada, criolla de descendencia española. Es de hacer notar que el abuelo de Morazán, Juan Bautista Morazani, se vio obligado a cambiar o españolizar su apellido, debido a una ley colonial española que decía que el extranjero procedente de cualquier parte del planeta que quisiera radicarse en Centroamérica, después de 15 años debía españolizar su nombre y apellido. Y así tenemos que todos los Morazán que existen actualmente bajo el cielo, son descendientes directos del primer Morazani que llego a estas tierras, el italiano Juan Bautista.

El censo de 1793 nos indica que en Tegucigalpa habitaban 76 familias de españoles criollos, 450 de mestizos, 507 de indígenas y 600 de mulatos; estos últimos pernoctaban en lo que se conoce como Barrio Abajo, Las Delicias, Los Dolores y el centro de la ciudad, mientras que los criollos españoles, quizás por el temor a las inundaciones del rio Chiquito o Choluteca, vivían en la zona que hoy conocemos como La Leona; en cambio los indígenas residían en Comayagüela, al otro lado de lo que en 1821 sería el puente Mallol, donde se encargaban de las porquerizas, gallineros y hortalizas.

Es obvio que ya para esa época, la mayoría de la población de Tegucigalpa era de descendencia de la raza negra, que venían de los primeros esclavos llegados a Honduras a través de Trujillo, Guatemala y Nicaragua desde África, entre los años de 1530 a 1660. Para mediados del siglo XVIII la población mestiza o parda ya constituían el 66%  de la población hondureña la cual se consideraba de procedencia africana, a tal punto, que Honduras era conocida en Centroamérica como la tierra de los negros.

“Sabemos también, que al ritmo de la Conquista, el descubrimiento de minas hizo sentir la necesidad de emplear a los indios en el trabajo de los beneficios y que, las layes de la Corona les protegían por otra parte, a pedimento especialmente de Fray Bartolomé de las Casas”.

Así, "ante el hecho de que los indios no aguantaban el trabajo pesado y morían con facilidad", aquel insigne protector solicitó del Rey "que se trajeran negros del Continente africano qua desplazaran a los aborígenes". Según Mons. Antoni, "doce mil pesos fue el precio pagado por la primera remesa organizada que llegó a América compuesta de 4,000 negros procedentes de Guinea".

“Las fuentes auríferas cercanas a Trujillo y las exploradas hacia 1,539 en los valles de Quimistán, Naco, San Pedro y en las proximidades de Comayagua, crearon desasosiego por la mano de obra esclava africana. Las expectativas se acentuaron al llegar a los remansos aluviales del río Guayape, en cuyos lavaderos para 1,545 ya se habían llegado a concentrar hasta 1,500 africanos”.

“En lo que respecta al informe del alcalde mayor don Baltasar Ortiz de Letona (1739-1743), Tegucigalpa, Choluteca y Danlí fueron reportados con ciertas cantidades de negros, mientras que a Orica, Cantarranas y Nacaome las calificó como “absolutamente negras”. En Tegucigalpa cuantificó la existencia de 76 familias de españoles criollos y una cantidad de más de mil mulatos y pardos. Para entonces los pardos habían construído para ellos una iglesia de exquisita calidad artística a la que pusieron por nombre “Los Dolores”, iglesia que aún se encuentra prestando el servicio en perfectas condiciones”.

“En su jurisdicción también estaban comprendidas las villas de San Juan, Guaymaca y San Francisco que son “poblados de negros”. Se contabilizaron como cincuenta españoles de 18 años en adelante y como treinta mestizos, el resto de la plebe era de negros y mulatos”.

Estos primeros esclavos negros que llegaron traídos por traficantes europeos, quienes los arriaban desde Senegambia, situada entre los ríos Senegal y Níger en África; de ellos eran los Fulani, primeros negros en llegar forzadamente a Centroamérica, quienes fueron  distribuidos entre Guatemala y Honduras. Estos eran de piel color caoba claro, de complexión espigada, la nariz recta o aguileña (jamás achatada), los ojos almendrados y el pelo fino, no tan crespo.

“Sin embargo, los Fulani poseen una lengua clasificada dentro del grupo lingüístico Níger-Congo —aunque otros les englobarían en el grupo afro-asiático junto con lenguas más cercanas a ellos, como el hausa o el bereber —. Así pues, muchos situarían sus orígenes en las orillas del Nilo; otros opinan que este pueblo es el resultado de un mestizaje entre pueblos sudaneses y nómadas del Sáhara”.

Sabemos que los negros esclavos, en realidad llegaron desde el comienzo de la colonización en el siglo XV; pero estos eran muy pocos, generalmente dos o tres cargadores y sirvientes de los principales espadachines españoles. Fue a partir de la mitad del siglo XVI que llegaron en mayor número, ya para trabajar en las grandes haciendas, villas  y minas, o bien, como lavadores de oro en los ríos.   

“La región minera hondureña sufrió desde un principio la llegada de esclavos negros de contrabando. Desde el periodo del lavado de oro, se había producido una entrada descontrolada de cuadrillas de negros procedentes de lugares, sobre todo desde las Antillas Mayores y desde Guatemala, Nicaragua incluso desde Panamá”.

Ha sido imposible para los historiadores determinar con exactitud la cantidad de esclavos negros llegados a Centroamérica, pues gran cantidad de ellos no eran vendidos con licencia o permiso de la Corona, y su transacción era ilegal según las leyes coloniales, aunque las dos eran contrabando de seres humanos como fuerza de trabajo bruta.

Muchos de estos esclavos negros venidos a Honduras huían o se escapaban de las haciendas, minas y ríos, llegando gran parte de ellos a Real de Minas donde se podían ocultar entre la población sin dificultad. Esta nueva casta de negros, mulatos y pardos; que no tenía espacio en la estructura administrativa de la Corona española, excluidos y marginados, muchos abandonados desde niños por sus familiares blancos o criollos, por ser hijos de negros. Formaron el grueso de los pobladores de la Villa Real de Minas de Heredia, después llamada Tegucigalpa; convirtiéndose algunos de ellos en herreros, cocineros, artesanos, muleros, sastres, zapateros, barberos, albañiles, jornaleros, pequeños comerciantes, contrabandistas, arrieros, etc.    

“En sus asentamientos la población mulata y parda va haciéndose de chácaras y estancias donde sembraban maíz, criaban ganado y bestias mulares, las bestias se las alquilaban para el transporte de productos a los mercaderes hasta por temporadas de seis meses. Acompañaban a los mercaderes cuando los contrataban como arrieros de mulas o para el traslado de ganado vacuno hacia otra provincia; en los obrajes de añil de la zona sur de la Alcaldía Mayor”.

Se sabe por investigaciones hechas, que los descendientes de estos primeros esclavos negros venidos de África, participaron desde un principio en los ejércitos centroamericanos en tiempos de la colonia, y hay referencias de ello.

“Entre tanto, se fueron organizando muchas más compañías de milicianos en toda la provincia. Ortiz de Letona registró la existencia de 12 compañías milicianas que, según Marielos Chaverri, tenían al menos 1,500 hombres armados de una población calculada en 300,000 habitantes. En la segunda mitad del siglo XVIII, el número de alistados en las armas se había incrementado, sólo en Tegucigalpa ya se contabilizan diez compañías de milicianos, tres de las cuales eran de caballería conformadas por españoles y las siete restantes de infantería, integradas solamente por mulatos y pardos. Ojojona tenía una compañía de españoles y mestizos, Danlí contaba con una compañía de pardos y Yuscarán con una de pardos y otra de infantería formada sólo por españoles”.

“Para 1767, sólo en la jurisdicción de Nacaome, Goascorán y Aguanqueterique se habían organizado diez compañías de milicianos mulatos y pardos. Para el mando de estas compañías fue designado Eusebio Laínez a quien se le dio el rango de coronel, por considerar que “no hay otro más decente para coronel por componerse dichos partidos de negros y mulatos”.

“Los esclavos fueron dispersados en casi toda la provincia pero es en la jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa donde su presencia fue más notoria, particularmente porque aquí fue donde se explotaron la mayor parte de vetas minerales en el período colonial. Esta particularidad condicionó la participación de los esclavos en todas las actividades relacionadas con la industria minera, aquí compartieron labores con españoles pobres, con indígenas de repartimiento y con mulatos y negros libres. En estos espacios los intercambios sociales solían ser más fluidos y constantes, lo cual contribuyó al proceso de mestizaje”.

“El historiador Darío Euraque sostiene que hasta principios del siglo XX regiones enteras de Honduras fueron consideradas como «regiones mulatas» fundamentalmente los departamentos de Olancho, Yoro, Atlántida y Colón. Queda por investigar en qué momento esta población comenzó a considerarse a sí misma y también por otros como mestiza”.

A Tegucigalpa en el tiempo en que se llamaba Real de Minas, llegaron los primeros esclavos negros como consecuencia de la explotación de minas de oro y plata en San Juan, Ojojona, Guascorán y Santa Lucía. En Olancho, el Padre Goicoechea encontró en 1803 varias colonias de negros en la región de San Esteban, Culmí y Dulce Nombre.

Para 1821 a 1823, fechas relacionadas con la independencia de Centroamérica, la influencia de los descendientes africanos estaba muy marcada en Honduras y sobretodo en Tegucigalpa, donde para ese tiempo la gran mayoría de sus moradores eran llamados pardos o mestizos (mezcla de negro, indio y español), con gran componente de mulatos (mezcla de negro con español).

Morazán, forma parte de la primera milicia formada en Tegucigalpa en 1821 para enfrentar a la de Comayagua, en el desacuerdo de que los primeros estaban por la no anexión a México, y los segundos, que querían pertenecer al imperio de Iturbide. Es lógico pensar, que la  milicia de Tegucigalpa estaba formada en su gran mayoría por la comunidad parda.

“(e)n la zona opuesta a la plaza Mayor de la actual Tegucigalpa, existió un mercado, donde se reunían los comerciantes negros, mulatos y mestizos para intercambiar sus productos y hacer labores propias del comercio. Gracias a ello se creó el mercado «Los Dolores». Pero estas no eran las únicas formas de distribución de mercaderías; los pequeños negocios de abarrotes regentados por mulatos, zambos y negros dentro de las poblaciones mineras y en las reducciones, gozaron de buena salud gracias a que aceptaban los terrones procedentes del «rebusque», con el que luego pagaban a los comerciantes de la Villa”.

En 1827 para la batalla de La Trinidad, Morazán organiza el ejército que le hará frente a José Justo Milla con 135 nicaragüenses, 200 salvadoreños que habían quedado del escuadrón de Gregorio Zepeda, a quien había derrotado Milla en Sabanagrande el 28 de septiembre de ese año. Para este enfrentamiento, Morazán llega a Choluteca con los 135 nicaragüenses y algunos salvadoreños, se suman vecinos de Choluteca, de Cantarranas, Texiguat, San Antonio y TEGUCIGALPA. Con ellos y en desventaja numérica el ejército de Morazán, vence al ejército federal de Manuel José Arce, comandado por el hondureño Justo Milla.

Al día siguiente de la batalla ese 12 de Noviembre, Morazán llega con sus tropas a Tegucigalpa y en poco tiempo reorganiza su ejército con vecinos de esta ciudad; mientras había dejado en La Trinidad al Capitán Manuel Escobar Díaz al mando de una compañía y con el encargo de custodiar los prisioneros y los enseres de guerra que de pronto no pudieron ser llevados a Tegucigalpa, y quienes después se le sumarán en esta ciudad.

Luego para pacificar el país, el cual había estado hostigado por fuerzas federales de Manuel José Arce, el recién estrenado comandante de las nuevas fuerzas militares, cargo al cual había renunciado Remigio Díaz el día 10 Noviembre, un día antes de la Batalla de la Trinidad, para cedérselo por méritos ganados en la gesta de este nuevo ejército al intrépido Morazán. Este manda a Remigio Díaz con 200 soldados a San Pedro Sula, a Ramón Pacheco con otros 200 hombres a Gracias; dejando al coronel José María Gutiérrez  para cuidar la ciudad de Tegucigalpa también con 200 soldados. Y así; el 26 de noviembre el mismo Morazán con un regimiento de 200 hombres se traslada a la capital Comayagua; entra a esta ciudad sin ninguna resistencia, tomando el poder político como Jefe del Consejo Representativo tal cual se le había nombrado anteriormente. El Consejo en ausencia del electo Jefe de Estado Dionisio de Herrera, hecho  prisionero el 10 de Mayo de 1827 y trasladado a Guatemala por Arce; nombra a Morazán sucesor de este, el día 27 de Noviembre de ese año, a solo un día de su entrada triunfal a la ciudad capital Comayagua.

La batalla de la Trinidad le dio la perspectiva a Morazán que en efecto el ejército federal formado en su gran mayoría por indígenas guatemaltecos y dirigidos por criollos españoles, era vulnerable ante una fuerza militar cimarrona o parda (mestizaje de gran componente negro), tal cual eran sus vecinos del barrio Abajo, Las Delicias y Los Dolores.  Con ellos Morazán reorganiza y reagrupa su ejército, con la idea de restituir el orden constitucional roto por el presidente federal Manuel José Arce, al dar un golpe de Estado a Juan Barrundía en Guatemala y a Herrera en Honduras.

Morazán consiente de lo que le espera, enfrentar al ejército federal en su terreno (Guatemala). Este establece estratégicamente su cuartel general en Texiguat, lugar donde residía su hermano sacerdote Benito, está claro que no fue allí a reclutar un ejército, aunque bien se sumaran algunos nativos del lugar. Poco tiempo después viaja con este ejército, el 16 de junio de 1828, a El Salvador, país al cual Arce sometía a constante hostigamiento.

Morazán establece luego su centro de operaciones militares en Lolotepique. El 6 de Julio sus fuerzas son atacadas en la Hacienda de Gualcho, lugar que este había escogido por su posición estratégica, el cual quedaba a espaldas del despeñadero del rio Lempa. Siempre en desventaja numérica, el ejército de Morazán vence después de una cruenta batalla a sus enemigos, comandados por el coronel José Antonio Domínguez, encargado por Arce para tomarse el país.

Después de estos acontecimientos, Morazán se percata que las condiciones para una cruzada militar hacia ciudad Guatemala están dadas. De nuevo regresa a Tegucigalpa y reorganiza su ejército con pobladores de esa ciudad. Además de los salvadoreños que ya venían con él. Así que de ahora en adelante, se conocerá a esté contingente militar como  “El Ejercito Protector de La ley”, formado en su gran mayoría por mulatos, pardos y negros, vecinos suyos del barrio Abajo, los Dolores y el Centro de Tegucigalpa; hombres a los cuales conocía bien. Sabía de sus cualidades físicas, había jugado con ellos, de niño lo habían revolcado varias veces, ahora los veía como potenciales guerreros, pues eran hombres fuertes y altos para su tiempo. El mismo Morazán era considerado alto con 1.77 metros de estatura.

Esta nueva clase de hombres producto del mestizaje de criollos negros e indígenas tenían razones de sobra para ver en Morazán un guía que los llevaría por otros estadios de vida. Las fugases arengas de este eran música para sus oídos. Él les hablaba de justicia e igualdad para todos, educación gratuita y laica, derogación de impuestos arbitrarios y libertad, y sobre todo, cuestionaba el sistema imperante que después de casi diez años de la independencia seguía igual. Controlado por un pequeño grupo de criollos españoles en su absoluto beneficio, viviendo con los mismos privilegios coloniales de sus padres y abuelos quienes defendían a capa y machete limpio la estructura social feudal, donde no había cabida aun para esta nueva casta mestiza de pardos, mulatos y zambos, los cuales eran  excluidos de los beneficios de pertenecer a una nación como tal y que por el contrario, se sentían explotados de la forma más inhumana, después de la esclavitud formal.Morazán sabía que con estos hombres podía ganar batallas en desventaja numérica frente a sus adversarios, compuestos mayormente por soldados indígenas de pequeña estatura,  de 1.62 a 1.65 metros.

Reorganizado su ejército, Morazán se dispone a vencer las fuerzas militares federales de Arce, que invadían El Salvador, y allí los enfrenta en La Pava y San Miguel, duelos que determinaron la hegemonía del Ejercito Protector de la Ley sobre el ejército Federal de Arce, el cual estaba siendo destrozado en cada una de los enfrentamientos que se habían dado.

Sabiendo esto, en Guatemala surge una rebelión contra Arce y sus arbitrarias posiciones. El día 22 de enero de 1829, los sublevados piden la ayuda del ejército de Morazán, este acontecimiento hace ver al héroe, que es el momento justo para derrotar de una vez por todas al ejército federal de Arce y hacerse con el poder político, pero antes, tiene que vencer de nuevo en San Miguel (6 de Marzo) y Las Charcas (15 de Marzo), entrando a Guatemala el 13 de abril de ese año.

Es de hacer notar que tanto los indígenas como los criollos guatemaltecos se asombraron al ver a estos bizarros hombres de actitud desafiante y decidida, entrar como Pedro por su casa, después demostrar en batalla a fuerza de bayoneta calada, machete limpio, y peleando cuerpo a cuerpo. A Manuel José Arce y a la clase conservadora  criolla que lo apoyaba, no le quedó más alternativa que entregar el poder ante semejante demostración de fuerza militar. Hombres de 1.70 a 1.80 metros enfrentados a otros de 1.60 a 1.65 de promedio. La suerte estaba echada, a favor de los descendientes de los primeros esclavos negros que se habían cruzado con españoles e indígenas, para crear una casta nueva que traía en su información genética la bizarría de guerreros ancestrales africanos.

Esa así que con un ejército de hombres acostumbrados al sufrimiento, pero también a la conspiración, criados en la nada casi absoluta, forjados con la sangre y el sudor de sus frentes, de pies descalzos y manos callosas, hambrientos de libertad y justicia, fueron los que en realidad formaron el ejército de Morazán, ante el cual temblaron criollos e indígenas.

Históricamente se ha sabido que después de la resistencia indígena ante los primeros espadachines españoles, estos pronto fueron vencidos y sometidos, a tal extremo, que con el tiempo se convirtieron en  el brazo armado de la clase criolla. Aun a pesar del antecedente histórico de vejación a estos, que de tal modo les tatuaron en la frente la cruz de la imperiosa humillación, domesticados religiosamente, los indígenas históricamente han sido incapaces de reaccionar frente a la enajenación impuesta. Y lejos de ello, con el tiempo se convirtieron en fieles guardianes del oprobioso sistema imperante, adoradores de santos y virgencitas, constructores infatigables de iglesias y monasterios. Declarándose siempre enemigos acérrimos de los movimientos revolucionarios. No es raro pues que a Morazán y a su ejército de abigarrados hombres poco religiosos. Pues como hombres proscritos que eran, no sufrieron la sistemática domesticación religiosa judeocristiana. No es de extrañar entonces que, para los indígenas y criollos, estos bizarros soldados eran o se les identificaba; como los enemigos de la santa religión.

Como no es raro, que en ese afán de reivindicar al indígena frente a la derrota humillante del colono, se le haya mucha veces sobrevalorado en los procesos de emancipación, y por el contrario unas veces por racismo y otras por ignorancia, se subestimó o invisibilizó el papel que los descendientes de  negros han aportado a estos movimientos.

Así, se ha dicho hasta la saciedad que Morazán era seguido por un ejército de indígenas  procedentes de Curarén, Reitoca y Texiguat. Siguiendo ese mito, el escritor Amaya Amador populariza los nombres de los hermanos Cano en su novela Los Brujos de Ilamatepeque. La verdad es que de ellos se sabe casi nada en los textos biográficos sobre el héroe y su gesta militar.  Mas todo hace pensar  que Morazán en realidad organizó el grueso de su ejército con sus vecinos pardos, mulatos y mestizos de la ciudad de Tegucigalpa, quienes para esa época ya eran gran mayoría en esta ciudad y en el país.  

Una de las principales confusiones para aseverar lo antes dicho, se debe quizás a que Morazán al principio de su carrera militar, estableció su cuartel general en la comunidad indígena de Texiguat, olvidando que él, llega con su ejército ya formado a ese lugar. 

Pero hay otros argumentos, que nos hacen pensar en la inverosimilitud de que el Ejército Protector de la Ley, fuera en su mayoría de indígenas, tal y como se afirma.

Generalización del término indígena por la clase criolla, la cual llama indígena a todo aquel que no fuera descendiente puro de españoles, a la vez que los descendientes de negros, no querían ser identificados como tales, debido a la misma discriminación y exclusión de estos en las esferas sociales de la época: nadie quería ser llamado, negro, mulato o pardo.

Es en la ciudad de Tegucigalpa, donde al final Morazán siempre reorganiza el grueso de su ejército. En esta ciudad ya para esa época predomina el mestizaje con grandes componentes negros (mulatos, pardos y zambos).

Las batallas al final se decidían en lucha de cuerpo a cuerpo, y en ello, con un ejército tal como nosotros lo imaginamos, de hombres más altos y fuertes, de mulatos y pardos, el Ejército Protector de la Ley, llevaba gran ventaja corporal sobre el ejército federal de entonces, hablamos de 1826 a 1829, el cual estaba formado en su gran mayoría por indígenas guatemaltecos liderados por criollos españoles.

“En Honduras no podrá hablarse de la historia colonial sin mencionar a los negros. Colonizadores y conquistadores tuvieron que ver con indígenas y negros, con zambos y mulatos; pero al negro lo ocuparon en los trabajos más importantes de la producción y después lo aislaron y lo segregaron, lo acusaron y lo maltrataron con crueldad. El indio tuvo a su favor leyes proteccionistas, que muchas veces no se cumplieron, pero se le dio un trato diferente al negro”.

Al llegar Morazán al poder tampoco podemos decir que su ejército fuera de indígenas, pues además hay que recordar que el proyecto político de Morazán, en cuanto a la política agraria o tenencia de la tierra, entraba en choque o contradicción con los intereses indígenas, quienes poseían tierras comunales administradas por la iglesia desde tiempos de la colonia española, las cuales en el gobierno federal de Morazán estaban siendo recuperadas por el Estado.

Otra razón para agenciarse la aversión de la comunidad indígena  de parte de Morazán fue la política exterior de su gobierno, para atraer la migración europea. En la cual se ofrecía tierras públicas para aquellos protestantes que quisieran vivir en Centroamérica, esto generó alarma y antipatía entre los indígenas, quienes  pensaban que sus tierras serían expropiadas y dadas a extranjeros blancos.    

Morazán es visto junto a su ejército en lugares de predominio indígena como intruso o extranjero. Es por ello que a los curas Francisco Lobo y Francisco Aqueche se les facilitó levantar 40 comunidades indígenas en Mita Guatemala, en apoyo a Rafael Carrera, quien tenía por su procedencia materna el genotipo indígena.

Las acciones de Morazán en contra de la iglesia católica de expropiar bienes, así como la fundición de santos y vírgenes de plata y oro en monedas, no fueron mal vistos por sus soldados, quienes por ser proscritos de descendencia negra no habían sido del todo domesticados religiosamente, como bien había sucedido con la clase indígena, la cual no toleraba las acciones de Morazán contra la iglesia, y eran fácilmente manipulados por curas y monjes como sucedió en el 1837 en Guatemala.

Cuando Morazán llega a apaciguar la rebelión del Ocote, Olancho, el 21 de Enero de 1830, este y su ejército no es mal visto por los rebeldes, que en su gran mayoría eran de descendencia negra, con los cuales rápido negoció sin problemas.

Al aparecer el Cólera Morbos en 1837, fue fácil para los enemigos de Morazán hacerles creer que esté y su ejército, estaban envenenando las aguas para exterminarlos por ser indígenas.

Desde siempre se ha manejado en Honduras el falso rumor de que Morazán era mulato o que tenía descendencia africana. ¿De dónde vino o qué originó a través del tiempo semejante murmuración? Definitivamente creemos, del hecho de que este naciera en una ciudad de gran componente genético negro, y que se conociera a  este como el líder de un ejército de soldados pardos o mestizos donde predominaba las características físicas negroides. Y aunque la historiadora italiana Stefani Natalini  menciona de un mulato en la familia de Morazán, quizás hasta eso sea posible como descendiente de esté, por alguna línea sanguina materna. Pero lo cierto es que sabemos que Morazán por parte de padre era descendientes de italianos y por parte de madre de españoles. 

Todo lo anteriormente expuesto nos hace plantear seriamente que el ejército de éste estaba formado por una mayoría de descendencia negra. Si bien es cierto, en sus filas habían indígenas y criollos, estos tuvieron que ser una minoría en comparación al grueso de sus soldados; y por sus connotaciones históricas y documentos de la época, que hablan de esté ejército como inédito por sus características físico militares, estrategias de lucha, formas de combate no convencionales, por ejemplo: espías o franco tiradores de avanzada de su pelotón los Dragones Rojos, y la estrategia de guerra de guerrillas, concepto empleado por esté ejército por primera vez en Centroamérica en la primera etapa del 1827 al 1829.

También es sabido que algunos de sus oficiales eran de procedencia negra, como el mulato Francisco Ferrera  y otros, al igual que el dominicano Enrique Terralonge. En ese tiempo, era normal ver ejércitos formados  por mayorías indígenas y dirigidos por oficiales criollos,  los cuales eran aceptados sin problemas por la comunidad indígena; pero nos llama poderosamente la atención, que el ejército de Morazán desde un principio fue rechazado por la comunidad indígena de Guatemala y que al contrario, esta se convirtió a partir de 1837 en la principal aliada de la iglesia y de la clase criolla conservadora, identificando a Morazán y a su ejército como su principal enemigo.       

Estas son nuestras razones para sospechar que Morazán se movía con un ejército de hombres, descendientes predominantes de los primeros esclavos negros llegados a Honduras como trabajadores de las minas y lavaderos de oro en los ríos, así como sirvientes domésticos en las villas y arrieros en las haciendas de los españoles, los cuales después como hombres libres, por algunas razones históricas, se concentraron en su mayoría en la ciudad de Tegucigalpa y sus alrededores. 

Hay que enfatizar que los descendientes de negros que formaron el ejército de Morazán procedían de los primeros esclavos africanos que llegaron al país entre el siglo XV y XVII, y no de los garífunas que llegaron mucho tiempo después desde San Vicente traídos por los ingleses pero como hombres libres en 1797,  a cinco años de haber nacido Morazán.

Durante mucho tiempo los garífunas vivieron asilados e incomunicados en territorios despoblados de criollos, indígenas  y mestizos, pues se quedaron en Centroamérica específicamente bajo la condición colonial española de no mezclarse ni interactuar con aborígenes del territorio, mestizos y españoles, y así fueron confinados a zonas despobladas.

Durante un tiempo estos se dedicaron al contrabando con los ingleses, convirtiéndose en un pueblo proscrito enemigo tanto del gobierno español, como después de la república federal. La única participación de importancia de los garífunas registrada en época de la federación, además de una a otra aislada revuelta, se da en 1831 comenzando el primer periodo del gobierno revolucionario de Morazán, en diciembre de ese año, cuando Vicente Domínguez  junto algunos garífunas e indígenas se toma el puerto de Trujillo, paralelamente Ramón Guzmán con unos 200 garífunas contratados como mercenarios, se toma el castillo de Omoa, donde izó la bandera española, atrincherándose allí varios meses, hasta que Agustín Guzmán junto a 200 Tegucigalpenses pardos vencen a Ramón Guzmán, recuperando el castillo el 13 de Septiembre de 1832. Siendo fusilado él ese mismo día 13 y  al siguiente Domínguez. Los garífunas fueron dejados en libertad regresando a sus pueblos a los alrededores de Trujillo.

Se rumora de un oficial garífuna en las filas del ejército de Morazán de nombre Juan Francisco Bulnes o Walúmugu quien se cree que pudo estar en la Batalla de la Trinidad. Cómo llegó precisamente en ese momento allí, no lo sabemos, lo cual pudo ser posible tomando en cuenta la teoría de que este ejército estaba formado en su mayoría por descendientes de negros. Según los acontecimientos históricos registrados podemos decir  que los garífunas no formaron parte del ejército de Morazán como algunos hoy quieren hacernos creer, que algún garífuna extraviado haya ido a parar a sus filas es posible − insistimos por las características que ya expusimos de los mismos − pero solo como un caso aislado.

Recordemos que los garífunas como pueblo excluido desde tiempos de la colonia española, obligados a vivir en las despobladas costas del mar Caribe, estaban más próximos a los ingleses, quienes se movían por esa zona contrabandeando todo tipo de productos desde la meseta de Yucatán pasando por Belice, Honduras y Nicaragua. Los garífunas y misquitos estaban por allí, para hacer el trabajo sucio de los ingleses; desde el traslado del producto de tierra firme a alta mar, a la intimidación de los aborígenes y mestizos del lugar para no “entorpecer” dicha actividad de contrabando. Según el historiador francés Marcel André d” Ans, los ingleses para dicha actividad armaban a estos grupos y así, de la palabra mosquete nace el sobrenombre de misquito para los zambos de la región, por los aborígenes que al no poder pronunciar la palabra mosquete, decían “allí vienen los misquitos”. Por lo antes expuesto le fue fácil a los españoles Domínguez y Guzmán contratar como mercenarios un contingente de garífunas adversos al gobierno federal para revertir el orden de cosas. La verdad es que Morazán sabiendo bien el comportamiento de estas etnias  no confiaba para nada en ellas.

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Bibliografía:

Una Interpretación De La Esclavitud Africana En Honduras Siglos XVI – XVII, (Rosa Melida Velásquez Lambur).
 

Sin memoria de esclavitud: Procesos de empoderamiento de afro-descendientes en la Audiencia de los Confines. 1525-1643 (Rafael Ángel Obando Andrade).
 

Los Negros En Honduras, (J.R Valenzuela).
 

El comercio de esclavos en Honduras y Nicaragua en el siglo XVI. (Víctor Rodríguez Baena).
 

Tráfico de Esclavos Negros a Honduras, (Rafael Leiva Vivas).
 

Migración africana y formación social en las Américas,1500-2000, (José C. Moya).
 

Biografía de Morazán, (José  Ángel  Zúniga Huete).
 

Honduras Difícil Emergencia De Una Nación, (Marcel André d”Ans).

Álex Palencia, La Ceiba, Honduras: músico guitarrista, compositor, productor musical y productor de conciertos, publicó en 2003 el libro Armonía y estudio de la guitarra. Del 1997 al 2003 junto a Javier Reyes escribió y compuso la ópera de rock sinfónico Morazán, actualmente es miembro del grupo de incidencia política Coquimbo y dirige junto al ingeniero Óscar Pacheco el estudio de grabación El Tono Studio.