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Integrantes de la caravana esperan un milagro para entrar en Estados Unidos

 

Por Óscar Estrada

Atrás quedaron las cobijas y utensilios apilados junto a bolsas de basura, pañales y ropa sucia de los miles de centroamericanos que viajan en caravana rumbo a Estados Unidos.

Según un reporte de la prensa mexicana, unas 4.500 personas, entre niños, mujeres, adolescentes y hombres jóvenes saturaron el albergue que dispuso el gobierno de la ciudad de México en el estadio Jesús Martínez «Palillo».

Algunos llegaron enfermos, otros deshidratados por las largas jornadas de camino. Según el jefe de Gobierno, José Ramón Amieva, hay casos de niños en la caravana en estado de desnutrición.

Desde que comenzaron a concentrarse el pasado 12 de octubre en la Gran Central Metropolitana de San Pedro Sula, a las 12 del mediodía, eran apenas unas 200 personas que no llamaron la atención de los medios de comunicación local. Luego de que la noticia salió en HCH se sumaron nuevos integrantes hasta contabilizar miles que iniciaron el recorrido rumbo a Guatemala.

Desde entonces han sido el foco de todos los noticieros del mundo. La caravana de los pobres, el terror de los blancos racistas en Estados Unidos.

Rechazaron el plan «Estás en tu casa» propuesto por Enrique Peña Nieto, porque «no responde verdaderamente a las causas del éxodo centroamericano y por tanto no soluciona sus necesidades desde una perspectiva que réspete sus derechos humanos de manera integral».

Y siguen su viaje hacia la frontera.

Ahora, otros dos grandes grupos de migrantes se acercan a la capital mexicana desde el sureste del país.

Buscan asilo, no les importan las amenazas del gobierno norteamericano, los miles de soldados que guardan una frontera demasiado larga, incluso para ellos. ¿Quién sabe que imagen tienen de lo que les espera al llegar a Tijuana?

«Es más largo pero también más seguro», le dice a BBC Mundo Rosenda Mariño, una joven de 23 años que viaja desde Honduras con sus dos hijos.

«Aunque se tarde más yo no voy a arriesgar a mis niños. De todos modos ya llevamos mucho caminando», agrega.

EL PEOR DE LOS MALES

Usualmente los migrantes centroamericanos que viajan por México toman la ruta del golfo. Siguen las vías del tren y carreteras que bordean el Golfo de México, por los estados con mayor índice de violencia, como Veracruz y Tamaulipas. Allí es donde se comete el mayor número de secuestros de migrantes en el país.

La Procuraduría General de la República (PGR) tiene 270 investigaciones sobre plagios de centroamericanos sólo en Veracruz, informa la BBC, aunque según la oficina en Washington para Latinoamérica (WOLA por sus nombre en inglés), ese número podría ser aún mayor, porque el 99% de los secuestros de migrantes no se investigan en México.

En Tamaulipas se sabe de más de 70 personas asesinadas en una casa, la mayoría de ellas migrantes hondureños.

«Hasta autobuses llenos de personas se han llevado», dice Rubén Figueroa, director del albergue La 72 de Tabasco.

En Reynosa, en la frontera con Estados Unidos, hay una guerra entre los carteles del Golfo, Los Zetas y del Noreste. Miles de mexicanos han muerto en ese conflicto y los migrantes que cruzan por la zona son objeto de cualquier clase de abusos.

Pero el camino que escogió la caravana es el otro.

EL MENOS MALO

Hay 2,800 km de distancia entre ciudad de México y Tijuana, un camino que en carro toma más de 30 horas ininterrumpidas, a los migrantes de la caravana les puede tomar semanas.

Este es el menos malo de los caminos, pero tampoco es seguro.

La caravana migrante debe cruzar Celaya y Guanajuato donde, según la prensa, las autoridades han detectado varias casas de seguridad con migrantes secuestrados.

En Jalisco y Sinaloa hay otra guerra de carteles de narcotráfico, entre el Cartel de Sinaloa que dirige ahora Mayo Zambada, el segundo del Chapo Guzmán y el cartel Nueva Generación de Jalisco. Ambos carteles reclutan por la fuerza a centroamericanos para trabajar en campos de cultivo de drogas.

Luego está el desierto de Sonora, uno de los más inhóspitos del mundo. Muchos usan los ferrocarriles de carga para cruzar la región, en el techo de los vagones, expuestos al polvo y altas temperaturas. A este camino se le conoce como «La ruta del diablo», pero con niños y personas discapacitadas esa opción se vuelve difícil para los integrantes de la caravana.

«Vamos jalando si Dios quiere p’arriba, nada ni nadie nos va a detener. Sucederá un milagro histórico», dijo Aurelio Rojas, un hondureño de 42 años que viaja con su esposa y sus dos hijas de 13 y 16 años.

Mientras tanto, un grupo de 75 personas del colectivo LGBTI alcanza la ciudad de Tijuana, ellos son los primeros integrantes en llegar a la frontera con Estados Unidos.

Fuentes: VOA / BBC Mundo / Red de Apoyo Legal para Refugiados de América

Óscar Estrada (Honduras, 1974). Es guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje El Porvenir. Ha publicado los libros Honduras, crónicas de un pueblo golpeado (2013), la novela Invisibles (2012) y más recientemente su colección de cuentos El Dios de Víctor y otras herejías (2015). Fundador de la revista Lastiri. Actualmente dirige la editorial con sede en Washington, D.C. Casasola Editores y es director del periódico digital El Pulso.