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Ante la duda: la tenacidad, la convicción y el compromiso

 

En espera del 1 de diciembre

Por Alejandro Carrillo Lázaro

La política, a lo largo de muchos años, se ha visto con distintos matices, aparentemente de un mismo color. Quienes han ocupado la silla presidencial (de cualquier país) han hecho a partir de sus propias convicciones lo que el sistema global les ha permitido. Y es que así es como se tiene que decir, es el sistema global, el mismo que hoy controlan las empresas tecnológicas y de comunicaciones las que por encima de las petroleras demandan ciertos criterios que promueven el desarrollo de los pueblos que las adoptan, y caso contrario a quienes las rechazan, como Venezuela. Vivir en un mundo aislado o pretender aislarse es, ciertamente, no reconocer las características inherentes a la sociedad interconectada e interdependiente que se desarrolla a lo largo de toda la extensión territorial del planeta.

 

Hoy en México se vislumbran ciertos aires de esperanza. No cabe duda que las filas que se hacían el pasado primero de julio para emitir el sufragio llevaban consigo llevaban fe.

 

Estos meses que van pasando, antes de la entrega de la banda presidencial que enviste al jefe máximo de las fuerzas armadas de México y al encargado de la administración pública federal, se ha manifestado un lapsus de transformación entre lo que se promete y lo que se alcance a hacer. No es ningún fenómeno nuevo, así ha venido pasando sexenio tras sexenio, nada más que en casos anteriores, esa «desprometización» se pronunciaba con el transcurrir del sexenio, y se decía mediante acciones, no por voz del propio Ejecutivo.

 

Tales circunstancias han hecho que aquellos que observaban al futuro gobierno con ojos esperanzados, comiencen a nublar sus pupilas y a darse cuenta de que el camaleónico discurso obradorista (sin juzgar si existe o no un interés por México) no deja otra cosa más que dudas e incertidumbre por lo que comenzará a partir del primero de diciembre. No defino lo que en acciones coadyuva al fortalecimiento del discurso (como el uso de aviones comerciales hasta ahora) sino la discordancia entre lo que se ha dicho, aún no se hace y posiblemente no se hará.

 

Ese grupo de personas que empiezan a ver una realidad distinta se suman a miles más que no coinciden y nunca coincidieron con el enfoque de «la cuarta trasformación de México». Hoy por hoy imperan las dudas, la pregunta del «¿qué pasara?» invade conciencias que esperan lo inevitable, la toma de posesión del presidente electo. Es por ello que he decidido hacer este artículo, bajo la consigna de que ante las dudas, exista tenacidad, convicción y compromiso, rasgos que no operan en la esperanza de México, que no operan en la fe, sino en el trabajo diario de todos los mexicanos que independientemente de los gobiernos han mantenido, mantienen, y así lo seguirán haciendo, la riqueza de este gran país.

 

La duda es incertidumbre, es crisis sin base, se alimenta de la falta de hechos concretos, cuando hay dudas difícilmente se puede dar un paso, la duda detiene y se fortalece al paso del tiempo en que no obtiene forma de corroborarse.

 

¿Cómo usará la mayoría en el congreso el líder moral de un partido que a su vez es el presidente del país? ¿Cómo y bajo qué criterios intentará acabar con la corrupción? ¿A qué costo es capaz de llevar la llamada «amnistía» a su ejecución? ¿El futuro de la reforma educativa equivaldrá a innovar el sistema educativo o hará lo que tantas veces se ha pronunciado como un error: una nueva reforma laborar a favor del magisterio? ¿Los precios de la gasolina, del gas y de la luz bajarán, se mantendrán o seguirán en aumento? ¿Cuál será la política exterior teniendo enfrente a Trump? ¿Y cuáles serán los efectos económicos que peguen en el bolsillo de todas las decisiones que se tomen? Estas y muchas dudas son las que proliferan en este tiempo y que sin problema se mantendrán en los primeros años de gobierno.

 

Ante estas interrogantes los mexicanos debemos mantener la tenacidad como la fuerza que impulsa a continuar el camino, el trabajo que a diario realizamos sin menoscabo de que harán o dejarán de hacer otros; la convicción, que ocupa de llenar con certeza la vía de nuestras inquietudes y sueños; y, el compromiso, la obligación que tenemos con los nuestros, con nuestras familias, con nuestra comunidad en las áreas en las que nos desempeñemos. Con todo esto surge la pregunta: ¿Qué gobierno entra ahí? La respuesta: ninguno, al contrario, el gobierno debería, por bienestar público, ser inclusivo y propiciar mayor certeza, siempre certeza. Un gobierno que provee dudas deja claro dos cosas: no sabe adónde va y no sabe ser gobierno.

 

 

Nota final.

 

La duda que en mi opinión es la más grande de la población mexicana, de gente que no es seguidor convencido de AMLO es la de ¿esta vez sí será diferente? No pretendo definir como verdad la idea que voy a proporcionar, pero presiento que es un punto en el que están muchos mexicanos, puesto la esperanza no reside en la llegada de Andrés Manuel López Obrador como presidente sino, al contrario, siempre hemos deseado observar una forma distinta, eficiente y muy humana de hacer política, de gobernar, que sume y se sume a millones de mexicanos que a diario se esfuerzan y engrandecen a México. No debe confundirse la idolatría hacia el personaje con la búsqueda de buen gobierno. Tómese como ejemplo la fiesta y regocijó por unas botas en el año 2000.

Alejandro Carrillo (Morelia, Michoacán, México). Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública (Terminal en Análisis Político). Es también maestro en Gerencia Pública y Política Social en la Universidad Nova Spania. Igualmente, es asesor del Congreso del Estado de Michoacán 2015 - 2018 y asesor en el Cabildo de Morelia 2015 - 2018.