La guerra de la naturaleza contra los seres humanos

 


Por Ann Mead

melting-iceberg-on-the-ocean-global-warm

En un discurso pronunciado el 12 de diciembre de 2020, y descrito por UN News como «apasionado y sin compromiso», António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, inició un mes de acciones para combatir el cambio climático con una declaración de estado de guerra entre la naturaleza y los seres humanos. En este estado de guerra la naturaleza reacciona con «fuerza y furia creciente» contra nuestros abusos. No se puede subestimar la gravedad de esta situación.

The Lancet, una de las revistas más respetadas en temas de ciencias y salud, publicó un artículo (The Lancet Countdown on Health and Climate Change - «El conteo sobre la salud y el cambio climático») en que detalla la relación entre el cambio climático y la salud. La revista dice lo siguiente:

  • El combustible es una de las mayores causas del calentamiento global.

  • El mundo no está en vías de lograr las metas declaradas en los Acuerdos de París.

  • Los cinco años más calurosos registrados se han producido desde 2015.

  • Ha aumentado por más de la mitad el número de muertes de personas mayores de 65 años por causas relacionadas al calor.

  • El calor se debe a billones de horas laborales.

  • El potencial de rendimiento global de los principales cultivos disminuyó en los últimos 20 años, lo cual pone en riesgo la seguridad alimentaria de los más vulnerables.

  • Un estimado de 565 millones de personas están en riesgo de inundación por el crecimiento del mar.

  • El cambio climático es la causa del incremento de incendios, sequías, inundaciones y sucesos climáticos extremos que exponen a las poblaciones más vulnerables a perder estabilidad económica, comida, casa y a veces la vida.

  • Más de un millón de muertes ocurren cada año a causa de la contaminación producida por la energía de carbón

Por si queda alguna duda, estamos de cara a los recientes huracanes que uno tras otro aplastaron a los países centroamericanos, a las altas temperaturas registradas en las ciudades más calientes del mundo, a las inundaciones de islas enteras antes habitadas por comunidades establecidas por siglos en ellas, a la destrucción de la mayoría de arrecifes alrededor del mundo, todo como consecuencia directa del cambio climático. 

Aun así, existe el debate sobre la existencia de estos cambios. Al no superar otras luchas presentes y por demás agudas -pobreza, hambre, corrupción, escasa provisión de servicios de salud, racismo- los seres humanos seguimos poniendo en la categoría de «filosófica y elitista» el tema del cambio climático. Pero lamento decir que ya no es un tema de élites. Las consecuencias del cambio climático son reales, y los más afectados son los que se encuentran con menos capacidad de combatirlo.

La pandemia del COVID-19 es otra muestra actual de dicha guerra con la naturaleza. El COVID-19, el Zika, el Ébola, el SARS entre otros virus culpables de las pandemias más recientes, entran en la categoría de zoonóticos, es decir, que han sido transmitidos a los humanos a través de los animales.

Como explicó Guterres, el acercamiento de los seres humanos y sus animales domésticos a territorios propios de los animales salvajes nos expone a enfermedades fulminantes. La destrucción de bosques, la explotación de recursos que propician nuestros placeres e intereses económicos, la falta de protección de especies vulnerables a la extinción, la introducción de especies ajenas a lugares nuevos debido a nuestro desplazamiento por el mundo, provocan que destruyamos las defensas naturales que existen para proteger nuestra propia salud. Invadimos cualquier ambiente, violándolo, tomando posesión de él y estableciéndonos como los dueños del lugar, sin respetar la complejidad de su ecosistema ni pensar en los efectos secundarios, y sin ningún plan de sostenibilidad. Y así nos exponemos a una naturaleza que busca adaptarse y reproducirse, sea a nuestro favor o no.  

La naturaleza no puede más. Nos está demostrando que nuestra arrogancia se enfrenta a su propia competencia. Ella libera una fuerte batalla contra nosotros, tanto para matarnos como para frenar nuestros más dañinos hábitos. Nuestra próxima respuesta en esta guerra es acabarla al darnos cuenta de que nuestros ataques al planeta son autoataques a nosotros mismos.

A pesar de esta grave e inminente declaración por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, más lo expresado por los científicos y economistas, los líderes mundiales aún siguen albergando esperanza. Pero es una esperanza con fecha de caducidad. La clave está en actuar con la misma urgencia que se aplica cuando nuestra casa se está incendiando. La sostenibilidad del planeta debe ser considerada en la política, la ley, las estrategias económicas, el establecimiento de empresas, la atención de la salud, en la fabricación de productos, etc. Si no, no habrá marcha atrás.

Aunque cada individuo puede hacer todo lo que esté a su alcance para aminorar su propio impacto en el planeta, este cambio debe venir de los gobiernos que tienen la capacidad de esforzarse para hacer los cambios necesarios.

Todos tenemos el deber de exigirles a nuestros líderes este compromiso y el poder de hacerlos accionar como si nuestra propia casa se estuviera en llamas a fin de que respondan con políticas que reviertan las cifras de horror que vemos en torno al cambio climático. Podemos también aprovechar las redes sociales a fin de generar presión en la comunidad internacional para elevar la voz de los más afectados, que deben ser incluidos en las leyes que protegen el medioambiente. Todo esto tenemos que hacerlo ya.

IMG_1190.jpg

Ann Mead, (Minnesota, Estados Unidos). Licenciada en Fisiología del ejercicio y Rehabilitación Cardíaca por The College of St. Scholastica, Duluth, Minnesota. Máster en Salud Pública y Salud Global por The George Washington University, Washington, DC y Licenciada en Enfermería por la Universidad de Georgetown, Washington, DC. Entre sus ensayos destacan Reclutamiento y retención de minorías raciales y étnicas (2015) para la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Washington, DC. y Estudio de caso en atención primaria domiciliaria y el papel del enfermero practicante (2014) presentado en la reunión y exposición anual de la Asociación Estadounidense de Salud Pública en Nueva Orleans. Ha trabajado como Enfermera clínica en Washington Hospital Center, y como Oficial de desarrollo técnico en Jhpiego en Baltimore, Maryland. Actualmente es Gerente de enfermeras en Mary's Center, en Washington DC.