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Vidaluz: viva estás en nuestra memoria
Por Ángela Saballos

“Viva estás en nuestra memoria, inolvidable hermana que nos precediste”, podemos decirle a Vidaluz Meneses, parafraseando uno de sus poemas, hoy que el Festival Internacional de Poesía de Granada- al que aplaudimos incesantemente- abre este espacio para conmemorarla. 

Dueña de uno de los nombres más bellos que alguna vez conocí, Vidaluz Auxiliadora lo encarnaba poética y coherentemente, pues ella ponía luz en la vida y auxiliaba a quien podía, como romántica e idealista que era. 

Vidaluz, como parte de nuestra generación, creció con los contrastes políticos de Nicaragua que ya en su juventud significaron seguir una opción política opuesta a la cultivada en el hogar paterno. Esto supuso una escisión de su familia a la que tanto amaba, pero una respuesta necesaria a sus convicciones de ese período.

“Pertenezco a la generación de los años sesenta”, escribió una vez, “esta generación surgió en una época reconocida en el continente americano, como la de “los artistas e intelectuales comprometidos”, definición que a estas alturas, me la sigo adjudicando pues el ejercicio literario, en mi caso, además de la natural vocación personal, fue la toma de conciencia sobre mi entorno y las posibilidades reales de transformación que me rodearon en mi primera juventud y que me llevaron  a escribir y a encontrar en el oficio, un instrumento eficaz para contribuir al cambio”, explica. La poesía fue el vaso comunicante que concilió su vida.

Así, inmersa en la Nicaragua siempre en convulsión política, la toma de conciencia a la que se refiere Vidaluz, significó incursionar en espacios diferentes, romper paradigmas y aprovechar la poesía para la protesta y triunfo en contra de la dinastía somocista que entonces gobernaba el país.

 La formación de Vidaluz en el colegio de La Asunción en secundaria y por los jesuitas como universitaria, licenciada en Humanidades como bibliotecaria, y funcionaria de la Universidad Centroamericana facilitaron esta transformación.

Tras desgarradores años de muertes de jóvenes guerrilleros y otros políticos, el bombardeo aéreo indiscriminado de la dictadura a diversas ciudades, triunfó la lucha nacional por la liberación de Nicaragua con el derrocamiento de la tiranía somocista.  Vidaluz respaldó este cambio que significó actuar en contra de su padre militar somocista, en contra de su familia. Fue doloroso para ella y para ellos porque se amaban. Considero que ésta es una de las experiencias que la convirtió en el ser comprensivo y componedor que era.

El inicio del proceso revolucionario fue para Vidaluz el aterrizaje, la encarnación de su profundo cristianismo con la opción preferencial por los pobres y se convirtió en su proyecto de vida, el nuestro, el de nuestra generación. 

Ella hacía poesía de la revolución y el cristianismo. Y hacía revolución en su poesía y en su cristianismo. Era dócil y fiel seguidora de Cristo; decía que no podía separar la revolución de su fe y la poesía porque el centro de todas era el amor.

Por eso, a la revolución sandinista le entregó su vida, su familia, ya que consideraba que la utopía se lograría en beneficio de todos y que daría respuesta a su propio cristianismo puro, radical, a la opción por los desposeídos. 

Ella misma era una desposeída; frugal, mujer de ropero sin llaves, parca en el vestir, la patriota que como Sandino no poseía ni un palmo de tierra, y, honradísima, tampoco lo pedía. Sin embargo, generosa como pocas personas, daba todo lo que podí: la camisa que tenía puesta, el consejo apropiado, el consuelo a tus lágrimas, la sonrisa animadora, el abrazo cálido, la oración y hasta un plato que orgullosa y especialmente cocinaba para vos. Yo digo que era una santa.  

Luchadora social, consecuente con sus principios, sus hijas Karla y Vidaluz la caracterizan como comprensiva, prudente, sabia, respetuosa y amorosa.

También Vidaluz es referente ético de convicción, de lucha inclaudicable, de gran perseverancia, cuya bandera plena de ideales, enarbolamos siempre sus amigas. Es que una de las grandes vocaciones de Vidaluz era tejer redes, construir puentes. Ella unía a sus conocidos entre sí. El gran beneficio para ella era que los demás se conectaran para lograr sus objetivos de ese momento.  Eso era suficiente: su satisfacción moral de hacer el bien y no mirar a quien. 

Su poesía es vocera de cada incursión de su vida. Ahí vemos su desarrollo como persona y como mujer, que era otra de sus pasiones. Amaba ser mujer desarrollada y libre. Una mujer que se enamoró y cantó al amor con toda su pujanza. Una mujer en cada dimensión de su existencia que reconocía la fuerza de las mujeres que habían dejado su legado para que lo siguiéramos. Y ella quería dejar el suyo.

Decía nuestra amiga Vilma Núñez, que Vidaluz no generaba anticuerpos. Era otro de sus increíbles carismas. Por esta razón, tal vez, le tocó ir a trabajar donde había problemas. Ella no se negaba y la gente la recibía bien. 

Vidaluz no pensaba jamás si el conflicto no podría arreglarse y que ella se habría metido en un fracaso que afectaría su imagen. No. Humilde como era, se lanzaba a trabajar y a urdir soluciones diversas. 

Y así fue en el Ministerio de Cultura en el que le tocaron los peores años de la tensa situación vivida en el mismo, así como en el Centro Antonio Valdivieso, y en la Coordinadora Civil, para mencionar algunos ejemplos. Vidaluz siempre debía  arreglar lo descompuesto, pero por su don para equilibrar todo y encontrar el mensaje apropiado ella aceptó los retos: estaba consciente que era la persona capaz de aunar y acercar criterios, limar asperezas. Pocos tenían su inmenso tacto para compartir con la gente, para hablar con todos. 

Mujer íntegra y justa, consideraba importante el relevo generacional. Siempre elevó en su análisis a la juventud, al contrario de otros pensadores que la desdeñaban.

Lideresa en la sociedad civil, pensadora, Vidaluz dejó su huella en estos organismos no gubernamentales que la incluían en sus directivas, en sus reuniones. Querían escuchar su calma y sabia voz comentando el tema de ese momento, ejerciendo su quieto liderazgo por el que era sumamente respetada. Fue la Enlace en la Coordinadora Civil, cuando ésta constaba de 350 organizaciones no gubernamentales. 

También formaba parte de la política partidaria nacional. Era una fiel correligionaria del Movimiento Renovador Sandinista, y tuvo la esperanza de ganar una diputación centroamericana para trabajar por la cultura del itsmo. Tenía escritas propuestas culturales.

Distraída al extremo, necesitaba la más profunda quietud para escribir su poesía y a la par, ya mayor de setenta, se lanzaba al fragor de una marcha de protesta, o recibía en su casa a un ruidoso grupo de amigos que gozaba al extremo; decía que era capaz de esos contrastes porque era Géminis. 

Cómplices y soñadoras, sentadas en las bancas de la portería  del colegio de La Asunción de Managua- donde esperábamos que nuestros padres llegaran por nosotras-empezamos a construir una larga y profunda amistad que duró hasta el día en que murió: sesenta años. Ya entonces Vidaluz era como una plomada, una joven de rectilínea conducta, en la cual no cabía el menor doblez.

 Platicábamos de todo con la inocencia de las adolescentes que éramos entonces y la total sinceridad que siempre compartimos. Nos contábamos de los primeros amores y así nos convertimos cuando madres, en comadres dobles: madrina yo de Karla su hija mayor, ella de Ximena, mi primogénita. 

Si había una persona leal, ésa era Vidaluz. Era tan absolutamente leal que se entregaba en cuerpo y alma a sus ideales y decisiones Era la amiga oportuna que siempre tenía algo positivo para valorarte. Te levantaba el ánimo.    

Hablaba explicando la frase dicha, volviendo más importante el subtema que el tema, en paréntesis del paréntesis, al estilo Carlos Martínez Rivas, o Susanita de Mafalda.    

Sentimental, sensible, Vidaluz lloraba fácilmente, tanto que a veces en los sepelios la gente le daba las condolencias como si fuera familiar del finado. 

Calma de naturaleza, educada, bien llevada, Vidaluz también tenía su carácter y era firme en sus convicciones. Así decía que nuestra generación de mujeres había sido de vanguardia, pero a la par había tenido que pagar un precio por su libertad y por sus decisiones. 

Ella pensó que con la revolución le estaba construyendo a sus hijos un mundo nuevo, lleno de oportunidades. Era una de sus numerosas reflexiones que analizaba como la macro dimensión del mundo. 

En una pequeña autobiografía, Vidaluz se define como quieta e ensimismada, pagana y mística, terrestre y celeste, versátil, con talento para muchas cosas, pero fundamentalmente poeta. Decía también que se había afirmado mujer como un ser histórico con derechos y oportunidades. Era feminista.

“Nada de lo humano me es ajeno”, le gustaba decir y le fascinaba saber que estaba llena de ideas. Sí, humana, impresionantemente humana. A ella le podías decir cualquier cosa y ni parpadeaba. Pensaba siempre que la gente merecía toda su misericordia. Le molestaban los chismes, los comentarios dañinos, pero se abría a lo nuevo, a los cambios, a las posibilidades. 

Vidaluz era gregaria, la mejor amiga de todas y de todos que se sentían dueños absolutos suyos porque la querían. 

Ella era respetuosa, al igual que cortés y moderada en su trato. Le costaba expresarse con excesos y me decía que no lograba ser cariñosa, pero era una amiga nutricia, una amiga que nos daba elementos para crecer, una mujer que era ejemplo a seguir. Era tan especial que la famosa escritora mexicana Elena Poniatowska me dijo que la poeta a la que ella quería en Nicaragua era a Vidaluz, que era una maravilla, un encanto de mujer. 

Poeta con 10 libros publicados, militante de la vida, luchadora civil, Vidaluz  mereció ser nombrada Caballero de las Letras y de las Artes, distinción de Francia, entre otros galardones y homenajes. Recuerdo que me preguntaba: “¿Hermana, será que ya me voy a morir? ¡Me están dando muchos premios!”. Lejos estábamos de sospechar que era cierto. 

En los dos años previos a su deceso, Vidaluz cerró varios círculos inconclusos en varios temas, incluidos amores; se retiró de algunas actividades políticas que antes gozaba y decidió viajar a Estados Unidos para dedicarse a su familia de madre, tíos, hermanos,  hijos y nietos. A estos últimos les hizo un cuento infantil publicado póstumamente. 

Un mes antes de morir nos entregó sus memorias. Al final de las mismas dice premonitoriamente: ”Desde la década de los noventa hasta años recientes me involucré profundamente en el compromiso de la sociedad civil, convencida siempre de la necesidad de cambio de nuestro país y región, pero clara que las nuevas formas de lucha y el esperado triunfo le corresponderán a esta nueva juventud.” 

También dice: “…dentro de este panorama, continúo ratificando mi fe en los seres humanos, convencida de mi fe cristiana por la que continuaré siendo optimista por necesidad vital”.

 Ella cumplió; había pagado un alto precio por su libertad. ¡Ave, Vidaluz, hermana, seguimos unidas en tu memoria! 


 

Managua, miércoles 16. 02.2022.


Amores

I

Dos amores fueron construyéndose en el tiempo

La arena movediza dio cuenta del primero

Una zarpa feroz derrumbó lo erigido

Expulsado por una agua mala, por una brusca corriente

se ahogó.

 

El segundo llegó con la cadencia de los años

La risa y camaradería lo emparentaron

con esa otra forma de amar de los seres humanos.

Plácido o bullanguero fluyó 

hasta que devino en otro fiero rostro

 con esas fuerzas oscuras que se fraguan

en los recodos de los días como trampas mortales

y no sobrevivió.

 II

El gran amor llegó dos veces sin avisar. 

El primero quedó atrapado entre las luces 

                         deslumbrantes de la juventud sin consumarse, 

por ello quizás pervive entre los sueños 

como una llama votiva y permanente.

 

El segundo arribó con la fuerza arrolladora de la madurez 

consumido  en incendiario abrazo

rendidas las plazas, replegadas las fuerzas.

La entrega incondicional y libertaria.

 

Ambos se fueron, no tuvieron el mal gusto de quedarse.

No naufragaron en la terrible tormenta de lo cotidiano.

Partieron no exentos del dolor de todo lo perdido,

De lo que pudo haber sido y no fue.

Por eso subsisten en la perfecta belleza con que llegaron.

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Ángela Saballos (Managua, Nicaragua) periodista y narradora nicaragüense, ha escrito nueve libros, entre ellos seis de ensayo y entrevistas políticas siendo el primero Mis preguntas, elecciones 90 y el más reciente Mis preguntas, jóvenes 2016; así como dos libros de entrevistas a famosos escritores y  un libro de cuentos, El triángulo de la chela cuya edición está agotada. Saballos irrumpió en 1969 en Nicaragua como la primera reportera incluida en el equipo de redacción del diario La Prensa en la que fue llamada Operación Eva por su Director, Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura somocista en 1978. Saballos se inició en ese período de alta peligrosidad y mística para los periodistas en Nicaragua, y se destacó de tal manera que ganó el Monje de Oro en su primer año como reportera, pues era la primera en lanzarse a cumplir las misiones más difíciles a las que sus colegas hombres no se atrevían. Saballos fue diplomática ante la Casa Blanca en Washington y la ONU en Nueva York  durante la revolución sandinista. Ha trabajado en imagen  y relaciones Públicas; es Secretaria de Junta Directiva del Instituto de Promoción Humana y del PEN Internacional/Nicaragua y ex directiva de la Asociación Nicaragüense de Escritoras y del Centro Nicaragüense de Escritores. Entre otros honores, recibió la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío en Nicaragua. Abanderada de la autoestima nacional, derechos de la mujer,  infancia y el equilibrio ecológico, ciudadana comprometida con la anticorrupción, la libertad de expresión, el derecho a obtener información pública, Ángela Saballos es una infatigable luchadora social y promotora de temas que ubican a la persona como el centro de la discusión.